En busca de la felicidad

Por Redacción

Mirando al sur

Quizá no nos pongamos de acuerdo en qué es la felicidad, pero sería muy raro encontrar a alguien que no quiera ser feliz. Incluso en el Preámbulo de la Declaración de la Independencia de los Estados Unidos se reconoce como uno de los derechos fundamentales “la búsqueda de la felicidad”.

Todos los estudios que intentan determinar qué nos produce realmente felicidad y qué efectos tiene la felicidad sobre la vida de las personas coinciden en que la mayoría de nosotros cree que seríamos felices con cosas que cuando las obtenemos no nos hacen felices.

Está claramente establecido que si somos felices vivimos mejor, más tiempo y más sanos que si no lo somos. Es más: incluso cuando se deben afrontar situaciones muy difíciles (ya sea por problemas de salud o económicos), las personas felices logran sobrellevarlas mucho mejor.

Oscar Wilde dijo que “el dinero no produce la felicidad, pero provoca un sentimiento tan parecido que sólo un experto es capaz de diferenciarlo”. La mayoría está de acuerdo con Wilde: en todo estudio sobre la felicidad, al menos un 80% de los encuestados afirma que el dinero es la principal causa de felicidad (también existe un 50% que cree que se accede a la felicidad si se logra la fama o, al menos, el reconocimiento por el trabajo que uno realiza). Sin embargo, ni el dinero ni la fama nos hacen felices.

Hay un estudio sobre el comportamiento que ya lleva más de 75 años ininterrumpidos de desarrollo. No existe nada parecido en todo el mundo y es hoy (y cada vez más) la principal fuente de consulta sobre el tema, en especial si queremos conocer datos objetivos sobre una materia que parece tan subjetiva como es qué nos hace felices. Ese Estudio sobre el Desarrollo Adulto lo lleva adelante la Universidad de Harvard y consiste en estudiar, año tras año, la vida de dos grupos de hombres (por un lado, alumnos de la universidad y, por el otro, jóvenes de los barrios más pobres de Boston) a lo largo de tres cuartos de siglo. Unas decenas de los que participaron en el primer año del estudio (1940) aún viven, están en sus 90 y siguen respondiendo año tras año.

Hay cientos de historias en ese estudio, que ahora está siendo dirigido por el psiquiatra y psicoanalista Robert Waldinger. En él se cuenta la historia de alumnos ricos de Harvard que terminaron en la miseria y muchachos de los barrios marginales que se hicieron ricos. Están documentados suicidios y casos de curaciones que parecen milagrosas. Si algo deja en claro este estudio es que ni el dinero ni la fama hicieron felices a los hombres estudiados. Pero sí se ve que hay una cosa que nos da felicidad a todos, sin distinciones: las relaciones interpersonales positivas e intensas que se logran construir a lo largo de la vida.

Es más, gracias a ese estudio ya es posible afirmar que, según sean las relaciones personales de un varón en sus 50, se puede predecir cómo llegará a los 80 y si tiene más o menos posibilidades de llegar, y de llegar sano.

Por otro lado, se ha estudiado por qué situaciones completamente antagónicas (como ganar la lotería o sobrevivir parapléjico a un ACV) pueden hacernos igualmente felices o infelices con el paso del tiempo. Sucede que nuestro cerebro se acostumbra a la situación de tener dinero o un contexto socialmente favorable y a la larga no ve en ello una ventaja. Es como estar sano: no nos damos cuenta de qué hermoso es eso hasta que nos enfermamos.

Según el psicólogo Dan Gilbert, cuando no logramos lo que queremos nuestro cerebro funciona como una especie de “sistema inmunológico psicológico” y nos recompensa con una “felicidad sintética”. Meses después de no haber obtenido el ascenso que esperábamos o de haber sufrido una enfermedad que nos dejó en mal estado, comenzamos a ver “lo positivo” de la nueva situación: quizá ahora sufrimos menos estrés, tal vez descubrimos que hay cosas más importantes en nuestra vida que ser un atleta, como por ejemplo el amor de los que nos rodean.

Esas “compensaciones” son tan importantes para nuestra vida como las que obtendríamos si lográramos lo que queremos. Es más, Gilbert dice que son más importantes, porque cuando obtenemos lo que queremos sentimos que deberíamos haber querido otra cosa. Nuestro cerebro nunca se contenta con lo logrado: siempre quiere más.

La felicidad no es un estado del mundo. Es un estado de la mente.

Hay una cosa que nos da felicidad a todos, sin distinciones: las relaciones interpersonales positivas e intensas que se logran construir a lo largo de la vida.

Sucede que nuestro cerebro se acostumbra a la situación de tener dinero o un contexto socialmente favorable y a la larga no ve en ello una ventaja. Es como estar sano.

Datos

Hay una cosa que nos da felicidad a todos, sin distinciones: las relaciones interpersonales positivas e intensas que se logran construir a lo largo de la vida.
Sucede que nuestro cerebro se acostumbra a la situación de tener dinero o un contexto socialmente favorable y a la larga no ve en ello una ventaja. Es como estar sano.

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