ESCENARIO: Frustración y miedo

Redacción

Por Redacción

La escena se parece en algo a la del 9 de abril de 2003. Hace cuatro años, sólo unas pocas decenas de iraquíes celebraron en Bagdad la entrada de los soldados estadounidenses que derribaron la estatua de Saddam Hussein en la Plaza de Firdaus. La mayoría de los iraquíes se quedó ese día en casa, paralizada por la incertidumbre que se anunciaba. Ayer, cuatro años más tarde, cientos de miles de iraquíes chiítas protestaron contra la «injusta ocupación». (ver aparte)

Pero otra vez, la mayoría de los iraquíes está en su casa, paralizada por el miedo, la rabia y la frustración. En Bagdad estuvo prohibida la circulación de vehículos, porque el gobierno teme que el aniversario se cubriera con la sangre de más coches bomba y choques sectarios. «Nada de la forma en que este país es gobernado cambió realmente en los últimos cuatro años. Saddam desapareció, y en su lugar aparecieron al menos 100 nuevos Saddams», dice Ibrahim Salman.

Este funcionario público de Bagdad tiene un fresco recuerdo de las guerras y los violentos aplastamientos de cualquier rebelión, y admite que en el pasado habría sido arrestado y torturado por hablar de esta manera.

Pero también comprueba que la vida de los iraquíes es hoy aún mucho más peligrosa que hace cinco años, con excepción de los territorios kurdos. El periódico «Al Hayat» se preguntó en un editorial: «¿Qué pasaría si Saddam se levantara de su tumba para preguntar: '¿Cómo se explica que durante mi breve ausencia haya muerto más gente que a lo largo de todo mi largo gobierno?»

Cuando para los iraquíes comienza el quinto año sin Saddam Hussein, la mayoría está demasiado preocupada por sobrevivir y para ello se aferra con más pasión a su grupo de pertenencia étnica o religiosa. Los chiítas buscan refugio en barrios bajo control de las milicias chiítas. Los sunitas huyen a las regiones sunitas. Los kurdos son cada vez más atraídos por Kirkuk, donde el control está pasando gradualmente a los partidos kurdos, y por la región autónoma kurda del norte.

Los cristianos, que no cuentan con ninguna milicia, abandonan el país en masa y buscan protección en la vecina Siria. Su problema es el mismo que sufren los matrimonios «mixtos» chiítas, sunitas y kurdos: nadie se siente responsable de su seguridad. (AFP)


La escena se parece en algo a la del 9 de abril de 2003. Hace cuatro años, sólo unas pocas decenas de iraquíes celebraron en Bagdad la entrada de los soldados estadounidenses que derribaron la estatua de Saddam Hussein en la Plaza de Firdaus. La mayoría de los iraquíes se quedó ese día en casa, paralizada por la incertidumbre que se anunciaba. Ayer, cuatro años más tarde, cientos de miles de iraquíes chiítas protestaron contra la "injusta ocupación". (ver aparte)

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