Las señales de alerta que aparecen cuando las apuestas online se vuelven un problema
De acuerdo con el informe Kids Online Argentina (UNICEF, 2025), uno de cada cuatro adolescentes manifestó haber apostado alguna vez. El primer acercamiento a las apuestas suele producirse alrededor de los 13 años, principalmente entre los varones, y está vinculado al acceso a billeteras virtuales. En la mayoría de los casos, las apuestas se relacionan con el ámbito deportivo, particularmente con el fútbol.
Si bien en Argentina los menores de 18 años tienen prohibido participar en juegos de azar, seis de cada diez chicos señalan conocer a alguien que realizó apuestas de dinero de forma virtual. Asimismo, el 47% afirma conocer plataformas y aplicaciones de apuestas online.
El trastorno del juego, nombre que recibe la adicción a las apuestas, no es una falta de carácter o de control. Se trata de una condición reconocida y clasificada clínicamente por el DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, elaborado por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría) y la CIE-11 (Clasificación Internacional de Enfermedades, elaborada por la Organización Mundial de la Salud).
Ambas herramientas permiten identificar y describir distintos trastornos y condiciones de salud. En este caso, el trastorno presenta mecanismos neurobiológicos, psicológicos y conductuales propios.
El atractivo del juego no reside en la certeza de ganar, sino en la incertidumbre; eso es lo que estimula el cerebro. La expectativa de un premio activa el sistema de recompensa e incrementa la liberación de dopamina, un neurotransmisor vinculado a la motivación y la búsqueda de recompensas.
A diferencia del consumo de sustancias, no implica químicos, pero comparte características como la pérdida de control, la tolerancia y el síndrome de abstinencia.
Con las apuestas, el deseo de apostar puede crecer mientras que el placer obtenido disminuye. La persona comienza a darle cada vez más importancia al juego, incluso cuando ya le causa sufrimiento.
Las apuestas online, también conocidas como bets, han ganado terreno en este escenario. La publicidad intensa, especialmente la asociada al fútbol, y la promesa de dinero fácil contribuyen a alimentar este entorno.
Las consecuencias pueden afectar las relaciones, el trabajo y la salud mental. Se estima que por cada jugador con este trastorno, entre seis y ocho personas cercanas también pueden sufrir los efectos del problema.
Las señales de alerta incluyen apostar cantidades cada vez mayores, ponerse inquieto o irritable al intentar parar, fracasar repetidamente en los intentos de controlar el juego, pensar constantemente en el juego y apostar para recuperar pérdidas anteriores. El problema también puede aparecer junto con depresión, ansiedad, TDAH y consumo de sustancias.
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