Fin de verano

Pasa el verano. San Martín se apresta a dejar atrás la mejor temporada estival en más de una década, y en medio del entusiasmo por rellenar las billeteras magras de tantos años, la ciudad puede tentarse con el desliz de esconder algo de basura bajo la alfombra. En rigor, se trata de un asunto a mitad de camino entre tres jurisdicciones: la municipal, la provincial y la federal. Pero conviene no adelantarse… Esta “ciudad/aldea” deberá asumir que hace tiempo viene dejando de ser un destino turístico de invierno con temporada de verano, para trocarse en un destino de verano con temporada de invierno. Si bien los visitantes que vienen por la nieve gastan bastante más, en promedio, que sus equivalentes estivales, éstos son más y crecen a mayor ritmo. El producto esquí se mueve en un mercado definido y bien acotado en el país, y de allí que sea tan importante para esta ciudad multiplicar presencia en el mercado brasileño, de la que ya gozan por tradición los vecinos barilochenses. Luego, el turismo de invierno es más focalizado: viene a esquiar en Chapelco, de modo que sus desplazamientos son limitados, y el efecto derrame de su riqueza también es más restringido. En cambio, el turismo de verano tiene modos aluvionales, atraviesa casi todos los segmentos y es itinerante. Se mueve por todo el “Corredor de los Lagos”. Es por eso que el turismo estival debe ser cada vez más una apuesta regional, sin perjuicio de los esfuerzos que cada ciudad retenga más días a los paseantes. Ahora bien, más allá de los proverbiales problemas de este verano por cargar combustible, la queja recurrente, histórica y, por tanto, estructural, hace pie en el mal estado de los caminos. Conforme consultas a transportistas turísticos, algunos de los caminos más deplorables coinciden con encantadores circuitos para el visitante: Tromen, desde el portal de acceso al Parque Lanín por Ruta 60; Ruta 61 desde el portal de Parques hasta Paimún, prácticamente intransitable; Ruta 62 desde Puerto Arturo en adelante, con sitios sin mantenimiento e intransitables desde Curruhué Chico hasta Lahuen Co; Ruta 63 a Meliquina en mal estado pero siendo un “desastre” desde el Córdoba hasta Confluencia; Ruta 65 entre Portezuelo y Villa Traful; Ruta 48 a Hua Hum, con serrucho y tramo a cascada Chachín muy poceado y muy complicado a Pucará y a Queñi. Y, claro, Quila Quina y Lolog desde San Martín, siempre arreglados un poquito y desarreglados mucho por el intenso tránsito. Ni hablar del abandono del camino Arrayán. El municipio haría bien en martillar cada año despachos nacionales y provinciales para que se ocupen de mantener los caminos, tanto como el estado municipal debería extremar el mantenimiento de las calles de la ciudad sin pozos y asegurar las condiciones del mobiliario urbano. Al estado neuquino le cabe el mantenimiento de rutas y caminos provinciales. Pero además, tendrá que entender que si le asigna al turismo el papel de motor complementario del petróleo, entonces deberá invertir y gestionar en los circuitos turísticos con el mismo empeño con que lo hace por ese negro líquido, de horizonte finito en el tiempo. Por el lado del estado nacional no alcanza con rubricar convenios con Vialidad Provincial para después desligarse del asunto, o firmar obras que después tardan décadas en concretarse por distintos motivos (puente de La Rinconada, quince años; Siete Lagos, 30 años…). Para esta porción del planeta, turismo de verano es turismo en los caminos. No deberíamos someter a los visitantes a semejante calvario.

la semana en san martín

fernando bravo rionegro@smandes.com.ar


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