Freno a las compras

Cayeron 15% interanual. La producción local crece. El país bombeó durante el año pasado cerca de 4 millones de metros cúbicos adicionales por día, respecto del 2014; mientras que el consumo cayó algo más de 1 millón en esa misma unidad.

IMPORTACIONES DE GAS: ARGENTINA PONE

Por primera vez desde el inicio de la crisis energética, la importación de gas argentina muestra una importante desaceleración. Según datos suministrados por la Secretaría de Energía de la Nación, durante el año pasado las compras del fluido totalizaron 10.793 millones de metros cúbicos (un promedio de 29,6 millones diarios), volumen que registra una caída interanual del 15%.

Las menores adquisiciones y la caída del precio del gas en el mercado internacional determinaron un desplome sobre las importaciones del orden del 40%.

Las estadísticas oficiales remarcan en este sentido que Argentina en el 2015 importó gas por 3.403 millones de dólares contra 5.858 millones del año anterior, lo que refleja un ahorro interanual de 2.455 millones de dólares.

Las importaciones, en partes casi iguales, provinieron de Bolivia (GN) y los barcos metaneros de países productores (GNL). Los precios marcan las diferencias. Mientras que lo que ingresó por el gasoducto del norte proveniente de las tierras de Evo Morales tuvo un costo promedio de 6,59 dólares por millón de BTU, el gas que llegó a los puertos registró un valor de compra promedio para el año pasado de 11,50 dólares por la unidad mencionada. Las diferencias sobre las cotizaciones registradas están dadas en el costo que presenta el transporte y la logística que necesita el fluido a través de un barco metanero. El proceso es el siguiente: el gas natural se convierte en gas natural licuado (GNL) mediante un proceso de licuefacción, a temperatura de 160 grados bajo cero y presión atmosférica, reduciéndose así su volumen en aproximadamente unas 600 veces, clave para su almacenamiento a largas distancias. Una vez que llega a destino, se lo traslada a una terminal de recepción (Escobar y Bahía Blanca), donde se lo convierte en gas natural nuevamente. Luego se lo almacena y se lo distribuye directamente a partir del enlace con los gasoductos de tierra conectados con las redes troncales.

La estadística oficial refleja que los menores niveles de importación estuvieron definidos por un incremento en la producción local, a lo que se sumó una leve caída del consumo (ver infogramas adjuntos). En este sentido es importante señalar que la producción de gas en el país creció 3,9 millones de metros cúbicos diarios durante el 2015, aportando Neuquén el 95% de este incremento marginal. El consumo por su parte cayó a un promedio de 1,1 millones en esa misma unidad.

Para este año, con una economía bajo un claro proceso de desaceleración y proyecciones en el aumento de tarifas en torno al 300%, no es ilógico pensar una nueva caída del consumo y por consiguiente menores niveles de importación del fluido.

Historia

Con el 54% logrado en las elecciones del 2011, la crisis energética argentina simplemente no existía en el guión oficial. Se trataba, según el relato kirchnerista, de una simple fantasía derrotista o de pronósticos destituyentes.

La pérdida del autoabastecimiento no se consideraba siquiera como problema. Burdamente se argumentaba que se importaba energía para agregarle valor.

Alegremente, se importó energía por años a precios internacionales, para satisfacer así el consumo doméstico, en tanto los precios locales, regulados, no guardaban relación alguna con los costos de producción y distribución y aún menos con el costo de las importaciones.

Así, durante los últimos nueve años se desalentó abiertamente la inversión en el sector energético. La consecuencia fue que las inversiones se desviaron hacia los países que reconocían precios a los del mercado internacional. A esta circunstancia se agregó lo acordado en el caso de Repsol YPF, donde la compra de una parte del paquete accionario por un grupo afín al gobierno se implementó a partir de un plan de distribución masiva de dividendos. Muestras del profundo desprecio por la inversión que prevaleció en el modelo adoptado en los últimos años.

Los daños de esta política están ciertamente a la vista. La producción de petróleo y gas cayó, perdiéndose el autoabastecimiento y teniendo que recurrir a costosas importaciones de gas licuado y combustibles. La diferencia la pagó el gobierno, esto es, los contribuyentes.

Hoy la actitud oficial pareciera ser diferente. La Argentina dispone de recursos energéticos abundantes y se están buscando las condiciones de seguridad jurídica y estabilidad para convocar inversiones que, por su magnitud, no puede enfrentar el Estado.

Hacia adelante

La apuesta del gobierno de Macri es aumentar la producción de gas del país en el mediano plazo. Esto se va a efectuar a través de dos vías. La primera de ellas, elevando el valor del fluido a boca de pozo para generar rentabilidad en el sector. La segunda, con la liberación total del mercado cambiario y la eliminación de las restricciones a la transferencia de utilidades de las empresas locales a sus casas matrices. Ambas medidas tienden a incentivar los bajos niveles de inversiones que tiene hoy la actividad.

Este nuevo proceso a su vez permitiría poner en marcha la industria hidrocarburífera y limitar progresivamente los miles de millones de dólares que todos los años el Banco Central debe ceder de sus reservas para importar gas.

Pero el escenario no es tan simple como parece. En principio hay que ver cuándo es que verdaderamente comienza a aplicarse el ajuste tarifario teniendo en cuenta las presiones que existen del ala política del gobierno de Macri para postergar anuncios y así diferir el impacto que podría tener esta suba del gas sobre el bolsillo de la gente y la inflación. Sin ajuste de tarifas no hay aumento a boca de pozo y sin este anuncio se atrasa la llegada de inversiones.

El segundo punto es el contexto internacional. La mayor parte de las empresas hidrocarburíferas están restringiendo sus presupuestos teniendo en cuenta que tanto el crudo como el gas están en sus mínimos de los últimos años. Argentina, pese el sueño de Vaca Muerta, es un país periférico dentro de la industria global petrolera y esto suma obstáculos para la llegada de inversiones a nuestras tierras.

El ministro de Energía de la Nación Juan José Aranguren es consciente de todas estas limitaciones y de las necesidades que tendrá la economía argentina de seguir importando gas, por lo menos para los próximos cinco años.

Quedan algunos interrogantes sin respuesta de cara a un futuro inmediato. Uno de ellos es porqué el gobierno “nacional y popular” en todos estos últimos años sólo importó algo más de 5 millones de metros cúbicos desde Bolivia cuando la capacidad de transporte del gasoducto que une ambos países es mucho mayor. Teniendo en cuenta el diferencial de precios que existe con la importación del GNL el ahorro para el país hubiese sido más que importante.

Otro de los puntos es la posibilidad de importar gas de Chile. Si bien desde la cartera de Aranguren aseguraron que el anuncio es sólo un mecanismo de presión para bajar los precios que hoy está cobrando Bolivia por este insumo, existe una iniciativa de estas características en el Ministerio de Energía que no tiene mucha lógica teniendo en cuenta los costos del GNL y su transporte hacia la Argentina. Tal como se detalla en los gráficos adjuntos, los valores del GNL se ubicaron históricamente en pisos del 50% por encima del gas que llegó de Bolivia.

La mala política del gobierno de Kirchner terminó con el autoabastecimiento energético en el 2009. Errores estratégicos que salieron miles de millones de dólares a todos los argentinos. La nueva administración deberá corregir todos estos desvíos contemplando las millonarias cifras que están nuevamente en juego.

Sólo el tiempo terminará por mostrar si los cambios aplicados terminaron por beneficiar al país.

Javier Lojo

jlojo@rionegro.com.ar

Diego Pennizotto

dpenizzotto@rionegro.com.ar


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