Frutas, sismos y fracking

Columnistas

El fracking cae por su propio peso ambiental. Es inconcebible que dos actividades que tienen como sustrato para existir el uso de la tierra y el agua convivan en un mismo territorio cuando una de ellas implica el riesgo de una grave contaminación ambiental. La producción frutícola del Alto Valle de Río Negro no podrá prosperar sin condiciones sanitariamente adecuadas; es decir, si se contaminaran la tierra y el agua imprescindibles para su desarrollo no sería posible producir para los mercados internacionales o el nacional. La grave situación de los productores y el granizo no son datos menores a tener en cuenta, pero las explotaciones no convencionales de hidrocarburos conllevan inevitablemente riesgos ambientales muy importantes que, tarde o temprano, como lo venimos diciendo, pueden afectar la base de la producción de frutas y otros alimentos -y en ello incluimos la salud de la población en general, que sin duda se verá afectada-.

Los riesgos de las explotaciones petroleras no convencionales tienen relación con el fracking o fractura hidráulica, el método con el que se extraen de la roca madre los hidrocarburos. Varios gobiernos y organizaciones en todo el mundo advierten del peligro y prohíben la actividad.

Así como la fruta madura cae, así vienen madurando las evidencias alarmantes de esta práctica que caerá por su propio “peso ambiental”, no sin antes dejar daños irremediables.

Recientemente, el estado de Nueva York prohibió el fracking y un nuevo estudio científico en el Estado de Ohio confirmó que la actividad ha provocado el aumento de terremotos.

77 terremotos de baja intensidad se desencadenaron desde marzo del 2014; uno de ellos, mucho mayor, pudo sentirse en los pueblos cercanos. El estudio se publicó recientemente en el boletín de la Seismological Society of America -Sociedad Sismológica de América, SSA- y aclara que nunca antes en esa región se registraron terremotos hasta que comenzaron con el fracking. Los sismos tuvieron una magnitud de 1 y 3 y se produjeron principalmente en la zona de Poland Township.

En Oklahoma no eran comunes, pero gradualmente aumentaron en cantidad e intensidad. Entre 1990 y el 2008 se registraron entre 0 y 11 terremotos de magnitud. Cada año fueron en aumento hasta que en el 2014 se produjeron 564 sismos originados por la actividad del hombre que fueron de 3 de magnitud y aún más, llegando a los 5,7 grados.

Los científicos afirman que a partir del 2001 la producción y fuga de metano aumentó y también el número de pozos de aguas residuales y la inyección de agua a esos pozos. Este hecho viene unido a la contaminación de las aguas subterráneas y el aumento de la sequía, además de los problemas de salud de las personas y en animales de cría.

Los que están atentos a la mirada científica ya no tienen excusas para seguir alentando este negocio. Ya hay pruebas acerca del impacto negativo del fracking.

También algunas publicaciones demuestran la “fragilidad” del negocio de las explotaciones no convencionales debido a los altos costos de inversión y la variación en el valor del petróleo, lo que hace que los productores tengan que “suspender sus planes para la perforación de nuevos pozos, cesando en otros casos las operaciones por completo”. Es lo que ocurre en Estados Unidos actualmente.

El gobierno de Río Negro ha priorizado, por sobre cualquier punto, la renta que proviene de estas explotaciones, sin tomar en cuenta las consecuencias de su corta mirada especulativa. La política extractivista que promueven los gobiernos nacional y provincial de la mano de las empresas aniquila los controles del Estado y la soberanía sobre nuestros bienes comunes, además de entregar el territorio con el riesgo de contaminarlo irreversiblemente para las próximas generaciones.

Magdalena Odarda

Senadora nacional

Magdalena Odarda


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