Impactante concierto de Barenboim

El público ovacionó de pie al pianista. Virtuosismo y temperamento en el Colón.

Buenos Aires, (Télam).- El pianista argentino Daniel Barenboim brilló el sábado pasado en el teatro Colón, en el primer recital de los ocho dedicados a la interpretación de un ciclo integral con las 32 sonatas para piano solo de Ludwig van Beethoven (1770-1827). Insistentemente aclamado antes de tocar nota alguna, el magnífico intérprete fue saludado durante varios minutos al salir por primera vez al proscenio del máximo coliseo, frente a una sala colmada en su capacidad y con público entusiasta y estoico de pie también en los pasillos de la platea.

Se trató de la velada inicial de dos del ciclo Mozarteum Argentino, extraordinaria y emocionante, donde Barenboim exhibió lo mejor de su personalidad y de sus espectaculares dotes musicales en una nueva visita al teatro magno de su país de origen.

Sin partitura alguna a la vista y dando muestras de un temperamento formidable y una memoria sin límite, el pianista arrancó con la colosal «Sonata Nº 1 en fa menor -Opus 2, Nº.1-«. Datada en Viena en 1795 y estructurada en cuatro movimientos, en esta primera sonata del fantástico ciclo de 32 para piano solo, el «Genio de Bonn» se abre a un cosmos sonoro revolucionario a partir del clasicismo de su maestro, Franz Joseph Haydn: el «doctor en música», a quien su autor se la dedicó.

Fue quizás la mejor vidriera para apreciar de entrada y sin preámbulos cosméticos el gran arte interpretativo del pianista nacido en Buenos Aires en 1942, y en la ciudad donde a los 7 años precozmente ofreció el primer concierto de su carrera.

La certera y contundente técnica de Barenboim transitó con holgura el copioso «Allegro» inicial y volcó intensidad en el siguiente «Adagio» para mostrarse fiel al clasicismo virtuoso del «Menuetto-Allegretto» y ofrecer una electrizante ejecución en el discurso amplio y grandioso del conclusivo «Prestísimo».

Fue de entrada una obra maestra de ejecución del pianista que nacido en el seno de una familia judía de origen ruso, debutó en Viena y Roma (1952), luego en París (1955), en Londres (1956), y Nueva York (1957), dirigido por el legendario Leopold Stokowski.

El cerrado aplauso coronó en el Colón la versión que dio Barenboim de la «Sonata Nº1» e invariablemente sin partitura a la vista y con amplio dominio de las características de las piezas del romántico germano, abordó con verdadera espectacularidad la Sonata Nº18 en Mi bemol mayor -Nº3 del Opus 31-.

Denominada «La Caza», la Nº 18 constituye un verdadero desafío de equilibrio entre la pulcritud clásica y la emoción desbordante y chispeante de las que abundan con generosidad en el arte de Barenboim.

Obra publicada en Zurich en 1804, en el inicial «Allegro» de la «Sonata 18», el pianista exhibió todo el compacto mecanismo que pide el movimiento con su fantástica digitación, un toque vertiginoso, el control mental para la técnica de prestidigitación exigible en el «Menuetto-Allegretto» y para el galopante «Presto con fuoco» final, todo un lujo de virtuosismo y fidelidad.

Llegó luego la sonata «Hammerklavier» Nº29 en Si bemol mayor -Opus 106-, muy apreciada por los intérpretes pues tiene una ubicación estratégica en la estética del «Genio germano» permitiendo comprender profundamente el resto de su obra y un ángulo privilegiado para acceder a su colosal arquitectura.

Aquí Barenboim dio el pico máximo de su presentación inaugural de las dos para el Mozarteum y de las seis restantes para el Colón, con las 32 de Beethoven.

El pianista mostró un ejercicio impresionante e impactante con ímpetu tormentoso y ágil en el Allegro, temperamento en el Scherzo, la concentración del discurso para el Adagio, y un conmovedor tramo del Largo para desembocar en una fuerte versión del conclusivo «Allegro risoluto» que hizo impacto profundo en la audiencia del máximo teatro argentino.


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