Incontenible

Cada respuesta conlleva un infinito y nuevo mal: más preguntas. Resolver el teorema de la duda es también una forma vedada de condena. Y esto mismo, el castigo de los atrevidos, no justifica la ignorancia o la haraganería intelectual. Al fin de cuentas, uno de los placeres más intensos, y uno de los consuelos más efectivos frente al conflicto de ser (hombre, cocinero, enamorado, futbolista, escritor), es una cita con el arte o con el saber en cualquiera de sus formas para salir a dar un largo paseo. William Shakespeare bien merece ser llevado a una isla, incluso a la cama mientras amaina el temporal o a un periplo por tu geografía preferida. Será un viaje dentro de un viaje, un acercamiento exquisito a la sensibilidad, la filosofía del poder, los laberintos del amor, el ritmo y la profundidad de las palabras pero, atención, Shakespeare no te sacará de la oscuridad en que vives. Porque siempre caminamos a tientas. Y la mayoría de las veces somos un intento. Una vocación en el trámite engorroso de salir a la luz. No descifrarás el amor en el poema XV de Pablo Neruda. Sin embargo, tampoco resolverá el acertijo la caricia de tu amante. Estás sólo en este laberinto. No hay conocimiento sino conclusiones a medias. Como no hay una precisa medida del universo ni la definición exacta del sabor de unos besos furtivos. No hay palabras para explicar la pasión. La forma adecuada de encasillar la tristeza es otra quimera. La verdad -una entre comillas- dicha con cara de circunstancia se ata a la solemnidad para parecer más verdad aún. Cuando, en rigor, no se trata de la verdad sino de la búsqueda. A los amantes de la alegría envuelta en papel de celofán, a los fanáticos del brillo de las familias traducidas por los comerciales, unas pocas sentencias les bastan. Aunque en el fondo sepan que nada es completamente cierto, salvo la incertidumbre. Que lo que niegas hoy podría ser tu paz mañana. O tu actual amor una futura guerra sin cuartel. Algunas palabras -amante esposa, hombre cabal, padre de familia, hijo ejemplar, pensador sin fronteras- son herederas del mármol, no de la vida, latiendo furiosa, respirando a borbotones. Tanto duele existir en el aire, colgados de un hilo invisible, lejos de un puerto donde nos cuiden y nos den de comer y bello sexo cada día; tanto incomoda la natural fluidez del cosmos que se han vuelto regla y juramento las encrucijadas carentes de sentido, los supremos esfuerzos por contener lo incontenible: los diques en los ríos, las máximas sobre los detalles, la coherencia por encima del delirio, la matemática juzgando a la poesía, la carrera erigida victoriosa frente a la universidad de la calle. Seguridad es la protopalabra que intenta (y sangra) capturar el vacío en nuestra era. ¿Para qué escapar de lo que nos está predestinado? La inseguridad, la fragilidad, el paroxismo. ¿Para qué ser más que una postal zen? Una flor resignada a su tiempo. El río avanzando entre los árboles. Un humilde crujir de ramas que indica la llegada de un amigo al refugio en el cual vivimos y morimos. Una tarde cálida. Un paisaje antes del ocaso.

Claudio Andrade candrade@rionegro.com.ar


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