Irregularidades en AFA, buenas señales en la selección
Indignados cronistas se preguntaban ayer si Luis Segura debía seguir como presidente de la AFA después de que la jueza María Servini de Cubría lo procesó en la causa por irregularidades con los dineros del Fútbol Para Todos. No es la mejor noticia a pocas horas de la final de la Copa América, es cierto. Pero esos cronistas ni siquiera recordaban que hasta el actual presidente de la Argentina se postuló y asumió el cargo cuando estaba procesado por una causa de la que luego terminó siendo sobreseído.
Segura terminará su mandato en pocos días más, sin pena ni gloria, como acaso podría haberle sucedido a cualquier otro dirigente que tomara la papa caliente de la AFA después de los 35 años de Julio Grondona, muerto sí, pero citado en el dictamen de la jueza Servini como responsable inicial y casi central de que la AFA no haya cumplido con lo que establecía el contrato del FPT y siguiera entregando a la vieja usanza los dineros a los clubes. Dineros que, he aquí el problema, eran públicos. Tampoco zafaron de la justicia los exfuncionarios del kirchnerismo que, contra lo que decía ese contrato, arguyeron que cabía a la AFA la responsabilidad sobre cómo se distribuían luego a los clubes los dineros del Estado.
Todo sucede con la selección en otra final. En 2014 fue el Mundial de Brasil. En 2015 la Copa América de Chile. Y ahora la Copa América del Centenario. ¿Será la tercera la vencida? Ojalá que sí. Se lo merece un grupo de jugadores que lucha desde hace años para lograrlo, especialmente Leo Messi, que no responde ni siquiera a las críticas más miserables. Leía ayer una crítica de Juca Kfouri, principal comentarista de Brasil, que decía que Messi no precisa ganar el domingo para mantener la admiración que se ha sabido ganar en el mundo entero. En todo el mundo, decía Kfouri, menos en la Argentina. Es peligroso generalizar. Pero, en estos días de nostalgia por el aniversario de la conquista de México 86, crecieron esas voces que exigen un título. “Ojalá Messi gane el domingo -cerró Kfouri-, no porque él lo precise, pero sí para que los pobres de espíritu no tengan más tonterías para reprocharle”.