Isla 132, un paseo de todos
JUAN JOSÉ DUTTO (*)
En la historia de la ciudad de Neuquén la isla 132 constituye un lugar que disfrutan los vecinos desde cuando se llegaba a ella cruzando el río en el balneario municipal Albino Cotro hasta nuestros días, cuando miles de familias utilizan el nuevo paseo costero. Neuquén tiene un crecimiento poblacional acelerado que no ha sido acompañado con el desarrollo de nuevos espacios de recreación en las costas de los ríos. La ordenanza 8976 creó la Corporación de Desarrollo Integral de Neuquén Sociedad del Estado, Cordineu SE, integrada por la Municipalidad de Neuquén y la Provincia. Tiene como propósito manifiesto generar un polo de desarrollo turístico, vial y de servicios, Paseo de la Costa, y como finalidad generar la integración de la ribera de los ríos Neuquén y Limay en su Confluencia, creando un polo de desarrollo autosustentable basado en el turismo. Por ordenanza 10010 se aprobó la norma reguladora de la zona de gestión especial Paseo de la Costa. En sus fundamentos se receptan los principios de preservación, conservación, defensa, recuperación y mejoramiento del medioambiente. Expresamente dice que son objetivos del Estado provincial y de la ciudad de Neuquén mantener los procesos ecológicos y sistemas de sustentación de la vida que sean compatibles con las expectativas de calidad de vida de las generaciones futuras, conservar la biodiversidad en todos sus niveles (genes, especies, comunidades, ecosistemas) y utilizar éstos en forma sustentable en concordancia con la Estrategia Mundial para la Conservación de la Naturaleza. Sobre esa base se establecen las pautas generales y específicas del Plan Maestro del Paseo de la Costa. Particularmente sobre la isla 132 se estipulan directrices específicas de preservación ambiental, factores de ocupación y usos del suelo. En ese marco no se prevé el uso residencial; por el contrario, las zonas establecidas se orientan a cumplir con los objetivos de equipamiento cultural recreativo, deportivo social, parque natural y balneario. A diez años de la sanción de la ordenanza 10010, sólo se ha concretado un mínimo de las obras originalmente proyectadas, la rambla de la isla 132 y los puentes de acceso. No se ha implementado el Observatorio Urbano Ambiental y las inversiones privadas en la zona de Confluencia se han retrasado por contratiempos y trámites burocráticos que han impedido el desarrollo de los emprendimientos. El proyecto de modificación de la ordenanza 10010 incorpora el uso residencial en tres zonas de la isla 132. La propuesta ya tuvo su primer rechazo en el Concejo de Deliberante, por lo que sus impulsores han hecho público que insistirán. Quienes promueven la iniciativa argumentan que en la actualidad no existen inversores interesados en comprar terrenos sobre la isla para construir oficinas u hoteles porque no hay mercado en el lugar. Por ese motivo proponen la habilitación de edificios para viviendas accesibles para la “clase media”. Cruda lógica de mercado para un lugar pensado y creado para el disfrute de un medioambiente excepcional. Pero también falseando una realidad, ya que los valores de las viviendas a construir sólo serán accesibles para un sector minoritario, de alto poder económico, con lo que se estarían profundizando desigualdades y privilegios en lugar de “universalizar” las posibilidades de acceso a las costas, al verde, al río. Por si sus objetivos no fueran claros, señalan que la lógica y razón de Cordineu es vender tierras ubicadas en zonas costeras a inversores privados para financiar obras de infraestructura para todos. Nada más contradictorio y alejado de los fines del paseo costero. También dicen que el producto del 7% de espacio afectado a uso residencial se destinará a obras para desarrollar el paseo. Considerando la magnitud de las obras que resta realizar, las cuentas no cierran. Los impulsores del proyecto señalan como un logro de Cordineu la remodelación del balneario Río Grande. También el intendente municipal lo promociona como un éxito de su gestión, que no es lo mismo que Cordineu. El decreto Nº 454, del 27 de mayo de 2013, arroja alguna luz: adjudicó la obra por un valor de 3.812.773,27, con cargo al presupuesto municipal, aunque finalmente rondó los $ 5.000.000. La propuesta de habilitar el uso residencial en la isla 132 nada aporta al interés general, ni siquiera servirá para mejorar el nivel de inversiones de Cordineu. Sí contribuirá a degradar uno de los pocos lugares de esparcimiento y limitar el libre acceso al río. La fragilidad del proyecto, en cuanto a argumentaciones serias, la dejó expuesta el propio intendente en su discurso del pasado sábado, cuando bosquejó ante los concejales algunas modificaciones al proyecto original: concesiones interesadas en lograr que se permita construir torres de departamentos en predios cuyas titularidades responderían a nombres muy conocidos y siempre cercanos al poder de turno. En defensa de la isla 132. Tu isla, la nuestra, la de todos. (*) Presidente del bloque de concejales Coalición Cívica-ARI Neuquén
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