“Juan, el ciudadano”

Los primeros años del individuo transcurren aprendiendo a vivir. Para muchos pueden resultar difíciles, para otros no tanto y para pocos la tarea puede ser sencilla. La principal diferencia es el medio en el que se desenvuelve, es decir las carencias o abundancias relativas con que cuenta el futuro ciudadano. Las carencias más frecuentes suelen ser económicas, que terminan afectando los aspectos intelectuales. Éstos constituyen el verdadero escollo para la preparación para la vida. Un niño que nace en un hogar humilde puede prosperar, aun con dificultades económicas, cuando los padres y el entorno lo sostienen mediante prácticas de amor, honestidad, responsabilidad y humildad. Son las armas básicas imprescindibles para moldear un buen ciudadano. Si hay carencias intelectuales, la probabilidad de que resulten personas mediocres propensas a adicciones y vicios es mayor, aunque sean buenas personas. El hogar es donde deberían percibirse las deficiencias debiendo, en consecuencia, intentar la aplicación de paliativos para mejorarlo. Algunos no tienen ninguna posibilidad debido a las carencias de toda índole del grupo familiar. La escuela es el peldaño siguiente, donde con mayores recursos se pueden identificar con precisión las causas del atraso que afecta al aspirante a ciudadano. Los resultados pueden ser excelentes o no, dependiendo de la gravedad de la deficiencia y del esmero que se ponga para la recuperación. El hombre común, ese que vemos todos los días en la calle, puede tener apariencia normal y sólo se lo puede catalogar a través del tiempo y mediante un trato más o menos cercano. Todos propendemos a ser portadores de alguna deficiencia que no es sencillo detectar y, cuando están, la forma de atenuarlas es mediante la capacitación desarrollando el intelecto. El peor flagelo es la ignorancia, porque con esa carga el individuo tiende a ser obediente y dependiente de personas con mayor nivel social. Como población promedio estamos afectados por ese flagelo porque no encontramos el rumbo adecuado para el usufructo de tanta riqueza que nos brinda la naturaleza. Actuamos confundidos sin tener claros los conceptos de derechos y obligaciones que, en definitiva, son los aspectos equitativos que nos ubicarían correctamente en la escala ciudadana. Éstos son el motor de la democracia. En la segunda mitad del siglo XX los políticos, mediante técnicas demagógicas, alabaron en demasía al hombre común inculcándole cierta conciencia cívica. Eso está bien, pero ese individuo interpretó las arengas sólo como consignas a su favor. Parecía que el haber nacido en suelo patrio le daba el derecho a aspirar a todos los beneficios, olvidando o desconociendo que quien tiene un cierto derecho debe asumir una obligación de igual quilate. Oportunamente la escuela y esos dirigentes políticos omiten aclararlo debidamente como concepto Cuando Juan, el hombre de la calle, reconoce esa correspondencia de valores, comienza a ser verdaderamente un ciudadano con todas las letras. Está entonces listo para ejercer las funciones asignadas y seguramente va a desempeñar bien el rol que le impuso la vida. Omar A. González DNI 5.749.340 Neuquén

Omar A. González DNI 5.749.340 Neuquén


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