“Año 2016, cambiemos”
La gente opina
Para quienes ya peinamos canas, estar en las puertas del año 2016 nos provoca mirar hacia atrás y todo parece una novela de ciencia ficción. Ni en los libros de Julio Verne se podía anticipar pasar más allá del 2000, lo cual en primer lugar da por tierra aquellos presagios que nos decían que en el 2000 terminaba el mundo y, por otra parte, aseveran que la humanidad seguirá su destino por muchos años más. Mirar a nuestros hijos a la cara, verlos crecer, ver como todos nos adaptamos a las nuevas formas de vida y tecnologías hace que reflexionemos sobre lo que era y lo que es hoy el mundo en que vivimos. Antes reparábamos todo, los elementos eran durables; hoy todo es descartable y su durabilidad está directamente contemplada con la fabricación de un nuevo elemento que debe suplir al que rápidamente se agota. El mercado de consumo de bienes y servicios domina nuestra era. Muchos añoramos otro tipo de vida, menos vertiginosa, más paciente, donde se podía charlar, leer, descansar. Hoy casi todo esto está tabulado y las comunicaciones tienen como objetivo darnos millones de bits en información que debemos deglutir en segundos y, casi sin poder analizar, aceptarlas como válidas. En todo esto me refiero a ciudadanos comunes, porque obviamente los filósofos, los investigadores y otras pocas ocupaciones tienen todavía que hacerse un espacio debido a que sus tareas así lo exigen. Tener, poseer, viajar de forma compulsiva, cambiar objetos que no están vencidos ni han dejado de funcionar, cambiar vehículos, cambiar la ropa, cambiar, cambiar, cambiar es el verbo de finales del siglo XX y principios del XXI . ¿Pero qué cambiamos y por qué lo cambiamos…? Cambiar se escucha inclusive en las propuestas políticas que son usadas en todo el mundo por quienes quieren arribar al poder: “Nosotros somos el cambio”. Increíblemente nuestra mente es gobernada por el verbo cambiar, desde un objeto a un gobierno, y en todos los casos nos dicen que si no cambiamos no seremos felices, porque en definitiva nos quieren vender esos cambios como la solución a nuestros problemas, cuando según mi modesto entender, la solución está en nosotros mismos. Mi deseo para el 2016 es que comencemos a practicar el cambio en nosotros sin esperar que un objeto o una persona sea quien provoque el cambio que “queremos”, porque de ser así, de entender que el cambio siempre viene de afuera, nunca intentaremos cambiar nosotros y eso nos hace cada vez más dependientes de quienes de manera sutil o agresiva dominan nuestros comportamientos. Feliz 2016. Jorge L. Fernández Avello DNI 12.862.056 Bariloche