“La esposa del artista Saraco”
Este 10 de octubre pasado falleció doña Ricardina Crovetto, apodada Manuela, quien fuera la compañera por años de Emilio Saraco. Recordar a don Emilio Saraco es tarea respetable, si tenemos en cuenta su figura de artista. El maestro, un cordobés enraizado en la Patagonia, reprodujo la imagen de la verdadera gente, como él llamaba a los mapuches. Escultor, pintor, dibujante, alfarero y educador, impulsó las bellas artes en Neuquén. Había estudiado en la Escuela Técnica de la Nación Otto Krausse y en la Escuela de Artes Decorativas de la Nación. Su amplio curriculum y los premios obtenidos, imposible resumirlos en tan pocos renglones. Manuela, su esposa, vivió una singular historia de amor: había nacido el 17 de febrero de 1926 en Lima, capital de Perú. Hija de Francisco Crovetto y Ricardina Alvarado, Manuela estudió el bachillerato en la Asociación Cultural Británica Peruana. Desde muy joven trabajaba como dactilógrafa en el Ministerio de Agricultura, en la mencionada capital americana. Conocida por muchos es la anécdota del matrimonio Saraco-Crovetto: en 1947, Manuela y su amiga Irma Claros colocaron en una conocida revista el siguiente aviso: “Jóvenes peruanas desean intercambiar correspondencia con jóvenes serios y cultos, y si es posible que manejen el idioma inglés”. Quiso el destino que Emilio leyera el aviso y se apurara en responder, no sin antes dejar en claro su posición: de acuerdo en todo, salvo en que bajo ningún punto de vista aprendería a hablar ese idioma foráneo. A partir de ese momento comenzó una asidua relación epistolar entre ambos jóvenes. Luego de dos años, Emilio viajó a Lima para conocer a Manuela en persona. Fiel a su costumbre de no desaprovechar chances de aprender, Emilio se instruyó allí en la técnica del plano Graf: un recurso de serigrafía mediante el cual se hacen banderines y afiches. Posteriormente, Emilio viajó a Europa. Fue a su regreso que la pareja contrajo matrimonio, a fines de la década del 40. De esa unión nacieron cuatro hijos: Juan Francisco (de nacionalidad peruana), Emilio Marziano (fallecido tempranamente), Ana Ricardina y Víctor Raúl (argentinos). A su vez, tuvieron cinco nietos y dos bisnietos. Emilio había conseguido trabajo en Villa Regina, hasta que le ofrecieron ocupar el cargo de director de la Escuela de Bellas Artes de Neuquén. A la familia le gustó el cambio, por lo que pronto se mudaron a esta ciudad. Manuela dictó clases de inglés en la ex Enet 1 de Neuquén, en donde Emilio dictaba clases de dibujo técnico. “Formaba parte del paisaje –contó su hijo Víctor– de la Escuela Técnica su llegada en su eterno Citroën; a él le importaban las cosas cercanas al espíritu, a la cultura, a la educación y al arte. Es precisamente en ese auto modelo 1967 que nos fuimos todos a Perú (…) Su cabello blanco lo diferenciaba de los demás, al mejor estilo Einstein. Su look informal parecía estar en complicidad con el alumnado. Su idea era lograr educar a los niños brindándoles nociones de que la vida tenía más encantos que los económicos. Tal vez éste sea, acaso, su aporte más trascendental y valioso. Cultor del arte figurativo y realista, Saraco tenía como premisa que “el arte debe ser comprensible para todos los públicos (…) Tenemos una realidad circundante muy rica”. En los 90, Saraco se había jubilado pero continuaba pintando, movido por ese fuego que, según sus palabras, lo llevaba a “no dejar superficies en blanco. El 10 de octubre próximo pasado se nos fue Manuela, aquella compañera del maestro. Su silenciosa tarea al lado de Saraco fue de un valor incalculable. La humildad, su eterna compañía. Beatriz Carolina Chávez DNI 6.251.256 – Neuquén
Beatriz Carolina Chávez DNI 6.251.256 – Neuquén