La extraña solución de Maduro a la escasez de alimentos

Redacción

Por Redacción

Emilio Cárdenas (*)

Parece increíble, pero realmente no lo es. Venezuela es hoy claramente incapaz de alimentarse por sí misma y –como si eso fuera poco– no tiene las divisas necesarias para poder importar la comida que su pueblo necesita con premura. Por esto las colas eternas, los anaqueles vacíos y la constante escasez en esta delicada materia. Y el mal humor y la frustración. La carestía afecta a unos dos tercios de los productos alimenticios básicos. La inflación, en paralelo, es de casi un 200% anual y erosiona aceleradamente los bolsillos venezolanos. Para Nicolás Maduro, la solución de esta situación pasa por “impulsar la agricultura urbana”. No por el campo, entonces. Sino por las ciudades, a las que Maduro insta a “alimentarse a sí mismas”. Para ello ha creado tres nuevos ministerios. Uno de Producción Agrícola y Tierras, otro de Pesca y Acuicultura y un tercero de Agricultura Urbana, en el que tiene depositadas sus esperanzas de derrotar a la escasez de alimentos. Créase o no. Esos tres nuevos ministerios se suman al ya creado “de la felicidad”. Lo de Maduro recuerda, salvando las distancias, a lo de Leonardo da Vinci cuando decía: “Nada nos engaña tanto como nuestro propio juicio”. Lo cierto es que nadie propone lo mismo en el resto del mundo. Ni Kim Jong-un, en Corea del Norte. La idea subyacente en la notable “propuesta” de Nicolás Maduro es la de estimular fuertemente la “vocación agrícola” en los centros urbanos. Algo de lo que ya hablaba el propio Hugo Chávez en sus propias fantasías grandilocuentes. Desde que, recordemos, Chávez quería edificar “gallineros verticales” en la propia Caracas. Nada fácil. Y por ello alguna vez dijo, con tono orgulloso, que él mismo había cosechado en su propia casa, en la ciudad de Caracas, maíz, tomate y pimentón. Por todo lo cual Nicolás Maduro además alertó, muy suelto de cuerpo, a sus connacionales sobre que él –y su esposa Cilia– ya tienen 50 gallinas en su propia casa. Notable. Basado en incentivar y promover la “agricultura urbana y periurbana”, Nicolás Maduro habla pomposamente de cultivar allí nada menos que unos 12 millones de kilómetros cuadrados (parece imposible) en apenas un centenar de días. Fenomenal, si ocurriera. Veremos. A las promesas se las lleva frecuentemente el viento y estas son candidatas firmes a ello. Para peor, la situación social es crítica. En paralelo, Nicolás Maduro ha ordenado recientemente a las muy disciplinadas Fuerzas Armadas venezolanas que siembren y cultiven unas 479.000 hectáreas. Pronto veremos, entonces, a los enormes tanques que Maduro ha adquirido en Rusia tirando arados, rastras y, luego, arrastrando cosechadoras, seguramente. Surrealista al máximo. Pero hay que hablar y llenar espacios y Nicolás Maduro lo hace, a su extraña manera. Situación frente a la cual los venezolanos no tienen otro remedio que escucharlo. Por ahora. Les está tomado obviamente el pelo. Por el momento lo real es que el sector agrícola venezolano les debe a sus proveedores unos 12 billones de dólares y está, por ello, imposibilitado de importar más o menos normalmente. Paralizado, como casi todo en Venezuela, con excepción de la fértil imaginación de Nicolás Maduro. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas

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Emilio Cárdenas (*)

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