La idea parecía insólita: dos jóvenes neuquinos se animaron a fabricar saunas para tener en casa
Emilia Brissio es arquitecta, Andrés Frías es artista y los dos comparten una pasión por las termas y los circuitos hídricos. Aunaron pasiones y hoy tienen una empresa que construye saunas para casas familiares con piedras volcánicas.
Emilia y Andrés, en la pasion por las termas encontraron un proyecto de vida. Fotos: Gentileza.
La idea sonaba un poco insólita. Pero hay quien se anima por estas tierras a desafiar todo lo convencional. Una arquitecta y un artista pensando en fabricar saunas para instalar en las casas de Neuquén no parece, a primera vista, el comienzo de un emprendimiento. Pero Emilia Brissio y Andrés Frías tienen algo que quizás sea todavía más importante que un plan de negocios perfectamente armado.
Son pareja desde hace dos años y comparten el gusto por los circuitos hídricos, las termas y esos momentos en los que el cuerpo y la cabeza parecen encontrar una pausa. En cada viaje aparecía una sensación que después comenzó a transformarse en pregunta: ¿Por qué ese bienestar tenía que quedar reservado para una salida, unas vacaciones o un hotel? ¿Por qué no llevarlo a casa?
En el disfrute de esos momentos en lugares especiales de la geografía patagónica encontraron la respuesta. Así nació la idea de Somos Sauna, un emprendimiento que comenzó a tomar forma en Plottier y que busca fabricar saunas secos para instalar en los hogares.
“Cada vez que íbamos a circuitos hídricos o a termas teníamos una conexión con esos espacios”, contó Emilia. La experiencia también los llevó a pensar en la vida cotidiana y en la dificultad de encontrar momentos para detenerse. Entonces apareció la idea de crear un pequeño refugio de bienestar dentro de la propia casa. Y decidieron probar.
Cuando la idea deja de ser una charla
Durante un tiempo, el proyecto fue eso: una idea. Hasta que apareció una oportunidad que les permitió dar el salto. A través del programa provincial Proyecta Futuro, destinado a jóvenes emprendedores de entre 18 y 35 años, accedieron a un crédito de 26 millones de pesos.
“Cuando surge esto del crédito, dijimos: esta es nuestra oportunidad de tener ese empujoncito que necesitamos”, recordó Emilia. Y ahí empezó la parte menos romántica y mucho más vertiginosa de emprender: convertir una idea en un espacio de trabajo.
En apenas un mes acondicionaron un taller, realizaron mejoras en las instalaciones eléctricas y sanitarias, organizaron el espacio, compraron materiales, incorporaron unas 20 herramientas y comenzaron a trabajar en el primer prototipo. También sumaron personal para acompañar la producción. El taller funciona en el aserradero familiar de Andrés, una ventaja que les permitió tener a mano una de las materias primas fundamentales para el proyecto: la madera.
De una arquitecta y un artista a fabricantes de saunas
La formación de ambos terminó siendo una combinación inesperada pero útil. Emilia es arquitecta y aporta su mirada sobre los espacios, los materiales y el diseño. Andrés, ligado al arte y al trabajo con la madera, suma su experiencia en la construcción y la creatividad necesaria para transformar una idea en un objeto concreto.
El resultado son estructuras modulares de madera pensadas para instalarse dentro de una vivienda. Los saunas cuentan con aislación térmica y un calefactor con piedras volcánicas conectado a la instalación eléctrica domiciliaria. Pueden alcanzar temperaturas de entre 90 y 100 grados, mientras que un temporizador permite regular el tiempo de uso.
La propuesta también contempla una iluminación tenue. Pero detrás de la madera, las piedras y el calor hay una idea bastante más sencilla: crear un lugar donde una persona pueda parar. “Un lugar de calma, para bajar un cambio y poder conectar con uno mismo”, explicó Emilia.
El bienestar como parte de la vida cotidiana
La inspiración tiene raíces en la cultura oriental y también en una búsqueda personal de Emilia, vinculada con la meditación y la espiritualidad. Lo curioso es que ella misma reconoce que nunca imaginó que ese interés pudiera terminar convertido en un producto y, mucho menos, en una empresa. Pero el proyecto fue tomando su propia forma.
La intención es que el sauna no sea un lujo asociado exclusivamente a un hotel o a un complejo turístico, sino un espacio que pueda incorporarse a la rutina doméstica. Después de una jornada de trabajo, antes de dormir o simplemente cuando aparezca la necesidad de desconectarse, la propuesta es tener ese pequeño espacio de pausa sin salir de casa.
Y de repente había un taller
Quizás uno de los aspectos más sorprendentes de la historia sea la velocidad con la que aquella idea empezó a hacerse realidad. Hace poco tiempo eran dos personas conversando sobre termas y pensando qué podían hacer. Hoy tienen un taller, herramientas, materiales, un prototipo y personas trabajando junto a ellos.
El proyecto también comenzó a generar movimiento económico y empleo. Y eso fue posible porque se animaron a dar un paso que muchas veces es el más difícil: dejar de pensar “algún día” y empezar. Emilia asegura que, sin el acompañamiento recibido, probablemente el proyecto hubiera tardado mucho más en despegar. “Sin este acompañamiento nuestro proyecto iba a quedar en idea”, admitió.
Dos pibes que decidieron probar
En una época en la que emprender suele aparecer asociado a grandes inversiones, estudios de mercado y proyectos cuidadosamente calculados, la historia de Emilia y Andrés tiene algo diferente. No comenzaron teniendo todas las respuestas. Tuvieron una experiencia que disfrutaban, una conversación, una idea que podía parecer rara y las ganas de descubrir si podía funcionar.
Se animaron a todo: a pensar un producto que no existía en su entorno, a convertir parte de un aserradero familiar en un taller, a aprender sobre la marcha, a invertir, a contratar gente y a salir a ofrecer algo que todavía estaban terminando de construir. Todo nació de la idea de animarse a más. La pregunta que alguna vez apareció durante un viaje a una terma —“¿y si hacemos saunas?”— dejó de ser una ocurrencia. Ahora tiene madera, herramientas, un taller y los primeros modelos. Y aquellos dos pibes que se animaron a probar ya tienen algo más difícil de conseguir que una buena idea: la certeza de que una idea insólita también puede convertirse en un proyecto cuando alguien se anima a hacerla realidad.
La idea sonaba un poco insólita. Pero hay quien se anima por estas tierras a desafiar todo lo convencional. Una arquitecta y un artista pensando en fabricar saunas para instalar en las casas de Neuquén no parece, a primera vista, el comienzo de un emprendimiento. Pero Emilia Brissio y Andrés Frías tienen algo que quizás sea todavía más importante que un plan de negocios perfectamente armado.
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