“La feria de la Maipú”
Tal como lo reconoce el propio Municipio roquense, la “feria de la Maipú” (así llamada por propios y extraños) fue tomando cuerpo “por generación espontánea”, a partir de las necesidades económicas de un numeroso grupo de vecinos (400 familias aproximadamente). Muchísimas personas transcurren por el lugar todos los fines de semana (sábados y domingos), dispuestas a adquirir los diferentes productos ofrecidos: ropa, calzado y artesanías, entre otros, todos ellos a precios de ocasión. En un momento dado se instaló en el lugar un par de feriantes que vendían ropa nueva, lo que provocó la disconformidad de los demás y dejó inaugurado un conflicto con las autoridades municipales que aún hoy subsiste. Ya en aquellos momentos debió haber intervenido el Municipio para “reordenar” la cuestión, pero no lo hizo y entonces, poco a poco, se fue generalizando la exposición y venta de ropa sin uso, dando lugar a una movida ferial de características parecidas (salvando las distancias de volumen y sin el respaldo de talleres clandestinos, por supuesto) a la de la afamada “Salada” de La Matanza bonaerense (cuyo principal dirigente ha integrado comitivas presidenciales hacia el exterior por expresa invitación de CFK). El 5 de agosto el intendente, a través de la resolución 1604/15, dispuso que solamente podían venderse en el lugar “productos usados y no comestibles”, prohibiendo, además, la comercialización de vehículos usados, autopartes, cremas preparadas y artesanías. A partir de entonces los inspectores municipales empezaron a frecuentar el predio, instando a los feriantes a ajustarse a dicha resolución bajo apercibimiento de multas y otras sanciones. Los interesados han intentado entablar un diálogo directo con las autoridades municipales a fin de consensuar (verbo de difícil conjugación en Roca) el listado de productos que pueden ser vendidos en el lugar, ya que consideran factible la articulación de los intereses en pugna, resguardando los propios y los de aquellos comerciantes locales que ofrecen sus mercancías en espacios fijos (locales céntricos, por ejemplo) por los cuales abonan alquileres, impuestos, empleados, etcétera, etcétera. Todo es conversable, por supuesto, pero… “cuando uno no quiere, dos no pueden”, suele decirse, y eso está ocurriendo en este caso. Es necesario entender que los feriantes no están allí porque les encanta sacrificar todos los sábados y domingos de sus vidas para juntar –en el mejor de los casos–1.000 pesos por fin de semana. Se sacrifican porque lo necesitan. Porque lo que ganan no les alcanza para vivir dignamente, vestir y alimentar a sus hijos. Así de simple. Es cierto (como argumenta la ordenanza en cuestión) que “es rol del Estado armonizar los intereses de los ciudadanos”, pero para ello hay que ampliar generosamente la visión social de este tipo de situaciones, conversando con la gente, conociendo su realidad, proponiendo alternativas, flexibilizando posiciones y compatibilizando intereses. La mayoría de los feriantes es gente sencilla y honesta que quiere trabajar y llevar un peso más a su hogar. No tiene sentido “cortarles las manos”, prohibiéndoles, por ejemplo, vender productos artesanales o ropa nueva los domingos, cuando todos los negocios del centro están cerrados. Tampoco que los que venden empanadas, los “pochocleros” o los “pancheros” no puedan acompañar a los feriantes con sus manufacturas. El Municipio tiene un servicio de Bromatología para supervisar y controlar esos aspectos, como se hace en todas las ferias populares del mundo, y así sucederá, seguramente, con la exitosa “Semilla” (exposición y venta de diferentes comestibles en el andén de la estación) o con los artesanos y manufactureros de El Bolsón que visitan nuestra ciudad todos los años. ¿O acaso hay ciudadanos de distintas categorías? Por último: si el intendente quiere tanto orden como pregona a través de sus resoluciones, haría bien en mejorar el espacio físico de la feria iluminándolo mejor; dándole a la gente (como mínimo) dos caballetes y un tablón para que pueda exponer sus cosas y garantizándole un servicio permanente de agua potable y baños químicos para que atiendan dignamente sus necesidades y las de sus hijos. Nada de todo eso han hecho ni van a hacer por la feria de la Maipú. Todo lo contrario. Apuestan a su desaparición. Mario Álvarez Concejal electo – Roca
Mario Álvarez Concejal electo – Roca