La hora señalada

Por Rolando Bonacchi

Por Redacción

El Estado de Río Negro se encuentra en situación de insolvencia. Desde hace años es así, pero la crisis ahora parece no admitir más elusiones y no cabe sino enfrentarla.

El gobierno, elegido con un fuerte respaldo electoral, tiene esta sola ventaja significativa para decidirse a emprender el camino.

La historia, desde la gestión iniciada en 1987, está signada por un agravamiento progresivo de la situación fiscal, lo que ha producido un endeudamiento exorbitante, acompañado en los doce años transcurridos por un déficit permanente, que aunque variable siempre existió. A la postre se ha cerrado el laberinto y sólo queda salir de él por arriba, es decir con un fuerte ajuste. La retórica no reemplaza a la realidad, ni la altera. Sólo sirve como argumento de dilación, o de persuasión transitoria de los crédulos.

El Estado insolvente pierde la aptitud económica como organización para dar cuenta de servicios fundamentales y concluye por ser una desoladora estructura anárquica. Se altera la ética mínima del funcionamiento institucional, ya que los agentes que retienen su trabajo, luego tardíamente cobran.

La víctima resulta ser la sociedad, en su constelación más amplia, en particular los destinatarios de la educación pública, niños y jóvenes, condenados en la moderna sociedad del conocimiento a no disponerlo en la medida adecuada.

Se genera una desigualdad irritante con los educandos de establecimientos privados, pese a las ideologías que se proclaman. La descripción de la situación es una tarea innecesaria, está a la vista.

Las soluciones no son posibles en ninguna hipótesis si no se opera con rigor en el gasto, aun cuando se obtenga financiamiento a mayor plazo y menor tasa, lo que obviamente será una medida posterior a la decisión de ajustar.

El gobierno de Río Negro está compelido a enfrentar, con seriedad y a costa de su popularidad transitoria y de las convicciones adversas en un amplio grupo de dirigentes que lo nutren , esta crisis endémica. Puede hacerlo o no.

Si lo hace habrá asumido el mandato electoral para un futuro difícil, pero con dosis de esperanzas crecientes en volver a tener un Estado provincial.

Si opta por eludir la realidad y proseguir en este zigzagueo financiero, el destino es manifiesto y nos alcanzará, se llama intervención.


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