La ola de usurpaciones estalló con otra revuelta en Confluencia

Como saldo de los disturbios hubo heridos y detenidos.

NEUQUEN (AN).- La policía reprimió ayer un nuevo intento de usurpación de viviendas del IPVU en el barrio Confluencia, donde se produjeron violentos enfrentamientos entre vecinos y uniformados que dejaron el saldo de por lo menos una decena de heridos (entre ellos un policía que habría recibido un balazo de plomo) y 15 detenidos.

El caso de Confluencia marcó el punto culminante de otra jornada de altísima tensión provocada por la crisis habitacional que hace estragos en distintos puntos de esta ciudad.

El estallido -tan violento como el que se produjo cuando murió el diariero Rubén Arias- fue calificado como «un verdadero disparate» por el gobernador Jorge Sobisch quien definió a los manifestantes como «un grupo de inadaptados».

Al cierre de esta edición renació la calma y se habían sofocado por lo menos dos principios de incendio pero la salida del conflicto está al final de un camino negro. Los manifestantes pretenden viviendas que ya tienen adjudicatarios dentro.

Paradójicamente, los enfrentamientos en Confluencia se produjeron el mismo día en que el gobierno consiguió descomprimir la situación en el barrio San Lorenzo, donde al cabo de 19 días los usurpadores dejaron las casas, que en un acto relámpago fueron entregadas a sus legítimos adjudicatarios.

Al mediodía, ante la inminencia de nuevos conflictos, el ministro de Gobierno Jorge Gorosito había anticipado que la Policía iba a usar la fuerza para «defender los derechos» de los adjudicatarios de viviendas del IPVU. Apenas cuatro horas más tarde, se produjeron los primeros violentos choques entre uniformados y manifestantes. Gases lacrimógenos y balas de goma contra las pedradas de un grupo de alrededor de 30 personas que quería meterse en algunas de las 50 casas que el martes fueron adjudicadas a otras personas.

En la refriega, cuatro mujeres que quisieron detener el avance del camión hidrante de la Policía parándose enfrente, fueron arrastradas y golpeadas por el barro y cargadas a una camioneta. La misma suerte corrieron por lo menos tres jóvenes que fueron sacados a golpes de una casa en la que se habían resguardado.

Muy temprano, el fantasma de las usurpaciones hizo una sorpresiva aparición en Centenario donde un centenar de familias amenazó con ingresar a dos planes habitacionales de la provincia, las 66 y las 48 viviendas, dos obras del IPVU que todavía no están terminadas. La situación se conjuró reforzando la cantidad de policías de custodia.

La crisis de las usurpaciones llegó también a Gregorio Alvarez donde surgió una disputa por un predio conocido como ¨la plaza de los pobres¨ que ocuparon ocho familias para edificar sus casas. Los vecinos se encontraron el miércoles pasado con la sorpresa de las familias que llegaron al sector y cercaron el perímetro para construir sus viviendas.

En Confluencia, el primer choque entre policías y manifestantes se produjo a las 16 cuando los uniformados desalojaron el piquete que desde el miércoles mantenían los vecinos que reclaman las 50 casas que el IPVU entregó el martes. En una feroz avanzada apuntalada con balas de goma y gases, la Policía ganó posiciones y puso en fuga a los manifestantes. El escenario de la violencia se trasladó luego al centro del barrio, en los alrededores de la comisaría 19. Allí un hombre exhibió y apuntó con un revolver al jefe de esa unidad, Héctor Morales, quien intentaba dialogar con un grupo de vecinos. Hubo pánico entre los presentes y enseguida se escucharon estampidos de balas de goma.

Minutos después se produjo el incidente con las cuatro mujeres que fueron arrastradas por el barro, golpeadas y luego cargadas en una camioneta policial. El momento más virulento del choque se vivió alrededor de las 19 cuando el grupo especial de policías antimotines (Despo) avanzó por la calle Paimún disparando gases y proyectiles de goma. En ese momento, se escucharon los silbidos de balas de plomo que salieron de algunas casas. A las 21,30, los efectivos sacaron a tres manifestantes de una casa de la calle Monte Hermoso. Los policías se abrieron paso con gases y hubo un principio de incendio. Enseguida, un policía trastabilló y quedó en cuclillas en el suelo, y debió ser asistido por dos compañeros. Aparentemente había recibido un impacto de bala.

Sobisch justificó el uso racional de la fuerza

NEUQUEN (AN).- El gobernador Jorge Sobisch justificó «el uso racional de la fuerza» con los manifestantes que intentaban usurpar viviendas en el barrio Confluencia «para resguardar» la propiedad privada, con la Constitución y con la ley. «Actuamos con prudencia, sentido común y sin perder la gobernabilidad», expresó.

El mandatario provincial dialogó anoche con «Río Negro» en la Residencia de La Costa mientras se desarrollaban los violentos acontecimientos de Confluencia. Se mostró calmo y distendido y aseguró que «la gobernabilidad» de la provincia «está asegurada»

Consultado sobre si el gobierno está haciendo lo que hace falta para conjurar las usurpaciones que se suceden febrilmente en la ciudad, Sobisch explicó que «no hay ningún reglamento sobre lo que debe hacer un gobierno en situaciones sociales difíciles» como la actual.

Sin embargo, aclaró que el gobierno actuará en cada caso según las circunstancias, y así como utilizó la persuasión en el caso de la ocupación de San Lorenzo, apelará al uso de la fuerza en casos en que se ponga en riesgo la propiedad privada, como ocurrió ayer en Confluencia.

«Lo ocurrido en el barrio del Ruca Che tiene otras características y tuvo otro tratamiento con el resultado de que hoy se acaban de ir todos los usurpadores. Pero en Confluencia no tuvimos solamente usurpadores de casas vacías sino de casas con gente viviendo en ellas, algo que tenemos la obligación de defender con las fuerzas del orden, para eso estamos al frente del gobierno».

Admitió que la situación creada por la seguidilla de usurpaciones es «delicada», pero aclaró que «la vamos resolviendo de acuerdo a las características que presentara cada uno de los casos».

Sobisch disparó sin mencionarlos contra los gremios estatales y sectores de la izquierda al denunciar que «hay gente que aprovecha estas circunstancias para desacreditar al gobierno» y aunque no los identificó dijo que se trata de sectores «que van perdiendo sucesivas batallas y van generando otras».

Inmediatamente puso como ejemplo de esa actitud los episodios violentos registrados durante el último paro general del miércoles 21, al señalar que mientras a nivel nacional se planteo una huelga pacífica los dirigentes gremiales locales prometieron un accionar la violencia y lo concretaron.

Los adjudicatarios viven con el temor de perder el techo

NEUQUEN (AN).- Los adjudicatarios del plan de viviendas oficiales del barrio Confluencia conviven con el miedo permanente a la usurpación. Mientras el sector está cercado por vecinos que reclaman porque quedaron al margen de las lista de beneficiarios, los adjudicatarios no abandonan ni un minuto la custodia de sus casas. El clima de inseguridad obligó a la empresa Pedreschi a suspender los trabajos en los 50 nucleos habitacionales que no tienen los servicios esenciales y complican aún más la situación de los adjudicatarios.

Ayer la situación llegó al límite. Una maestra que acudió a su trabajo cuando regresó se encontró con su casa usurpada por una joven madre soltera del sector. La negociación no tuvo éxito y tuvo que abandonar su vivienda y retirar los pocos muebles que había logrado trasladar. La mujer está separada y tiene dos hijos. «Me avisaron en la escuela que me habían usurpado la casa», dijo quebrada por la indignación.

Las viviendas se convirtieron en un botín de guerra que con el paso de los días profundiza las diferencias entre los vecinos de Confluencia. El clima de violencia e inseguridad que se respira obliga a las beneficiarios a tomar todos los recaudos para proteger sus viviendas. El menor descuido implica perder la casa que durante años vienen gestionando en el IPVU.

En la madrugada de ayer, Juana Villanueva había usurpado junto a su hija, su yerno y dos nietos una de las 50 casas. «Nos metimos porque dijeron que no tenía dueño -aseguró-. No queremos quitarle la casa a nadie, pero mi hija no tiene donde vivir».

La propietaria de la casa, Eve Balderrama, dio una versión distinta. Dijo que unas 20 personas ingresaron por la madrugada y amenazaron a los pintores que dormían en la vivienda. «El final de obra estaba previsto para dentro de dos meses», reveló el ingeniero a cargo de la obra Hugo Calió, y explicó que tuvo que traer gente de otras obras para finalizar la instalación de los servicios.


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