LA SEMANA EN BARILOCHE: Fricciones

 

Uno de los atrasos más evidentes que padece Bariloche y que no cambió gran cosa con los años de repunte económico es el que remite al ancho campo de la obra pública.

La deuda es evidente no sólo en los emprendimientos que podrían tornar a la ciudad más funcional y hospitalaria para el turismo, sino también en los orientados a garantizar derechos básicos de la población residente.

Faltan escuelas y muchas de las que están en uso habría que hacerlas de nuevo. No hay gimnasios ni piletas públicas. El hospital recién está viendo crecer ahora la ampliación proyectada hace diez años y los propios médicos admiten que ya quedó chica antes de su estreno. Ni hablar de las viviendas públicas.

En ese contexto es inevitable que la campaña electoral y sus actores principales tengan mucho para decir sobre la cuestión.

En estos días el gobernador y candidato a repetir, Miguel Saiz, mantuvo un ácido contrapunto con el intendente Alberto Icare, un ex compañero de ruta que también busca revalidar credenciales, pero esta vez desde el opositor FpV.

El primero pasó por Bariloche repartiendo promesas y varios miles de pesos en subsidios, mientras que el jefe municipal le reprochó la postergación crónica que sufre la ciudad.

No tardaron en cruzarse declaraciones y cartas públicas en un pleito de vuelo bajo, que poco y nada aportó para esclarecer al votante. Pero del entredicho se desprenden -por dichas u omitidas- algunas pesadas verdades, como el abandono que sufre la avenida Bustillo por parte de la provincia o la inoperancia municipal para resolver la grave situación que afecta a la Barda del Ñireco. También quedó a la vista lo difícil que es mantenerse al día en el entramado político de fidelidades y despechos.

En las semanas por venir habrá varias inauguraciones (están a la espera la Circunvalación, el polideportivo de El Cóndor, los avances en el hospital) y enunciación de nuevos proyectos.

Pero cuando decante el fervor, bastará con revisar los presupuestos (tanto de la provincia como del municipio) para comprobar que las obras siguen siendo pocas y que en general no surgen jamás de la planificación sino del reclamo y de la urgencia.

Para los códigos de la política local la obra pública está al margen de cualquier contrapunto ideológico y cuando llega el turno de las urnas se transforma para todos en fetiche y obsesión.

Los candidatos, cualquiera de ellos, parecen tener un temor atávico a presentarse a una elección sin cintas para cortar. Casi como salir a la calle desnudos. Pedirles que exhiban un plan de mediano plazo y una previsión presupuestaria acorde suena a pretensión fuera de lugar.

En el municipio es parte del folklore asegurar que los grandes proyectos son irrealizables sin ayuda de la provincia y la Nación. Pero aún así Icare lleva más de tres años sin resolver la crisis de la Barda del Ñireco, pese a que el presidente Kirchner le prometió construir las viviendas.

El enojo del partido del intendente sonó algo sobreactuado cuando en un mensaje de su «comité ejecutivo» se quejó por la negativa de Saiz a brindar el servicio policial para las elecciones locales. «Hemos llegado al límite de la paciencia, en mayo pondremos fin a estos atropellos y recuperaremos las instituciones para la gente», bramaron desde SUR.

Pero aun a pesar de las maldades que hoy le atribuye, Icare estuvo con Saiz hasta no hace mucho. ¿Tanto cambió el gobernador? ¿Tan distinto es Miguel Pichetto, su nuevo socio?

Más bien cabe deducir que los meandros y peripecias de su conducta tienen poco que ver con los principios y lucen a tono con las singularidades del ecosistema político predominante.

Después de todo, en tiempos en que se acercaba al gobierno nacional pero no terminaba de romper con Saiz, el mismo Icare aseguró que estaría con quien «le asegurara más beneficios a Bariloche».

Hasta ahora no está muy claro que su elección, aun bajo esos parámetros, haya sido la más conveniente. Saiz buscó aparecer condecendiente con el mandatario local, pero antes había subrayado que Bariloche en tres años pasó de recibir 12 millones de coparticipación a recibir 29 millones y sugirió que «debería usarlos para mejorar la vida de los barilochenses».

A esta altura es poco probable que los candidatos se salgan de esa línea y rompan los códigos con los que han hecho carrera. Mientras tanto, la penosa realidad de los derechos postergados sigue fluyendo bajo ese ring. Y los perdedores de siempre no ven de qué manera la elección mejorará sus chances de acceder al universo de los incluidos.

 

DANIEL MARZAL

dmarzal@rionegro.com.ar


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