Lectura recomendada: “En la boca del fuego”

Para Cecilia Boggio, el Lanín es sinónimo de una evocación muy especial. Por eso comparte este reencuentro con el libro del zapalino Eduardo Zinni, en el que el médico relata en primera persona dos expediciones al volcán.

Por Redacción

Cecilia Boggio

Recuperé este libro después de buscarlo mucho, estaba en la biblioteca de mi hija. Lo recuperé con alegría y por eso quiero compartirla con mis lectores, entre los cuales habrá varios que también son amantes del Volcán. ¿Se acuerdan de aquella novela de Susan Sontang que trata sobre el Vesubio?
En febrero de 1976 llegamos de noche para acampar en Puerto Canoa, junto al Lago Huechulafquen, lloviznaba bastante; armamos la carpa y a dormir. Por la mañana al abrir el cierre de la carpa y mirar hacia el norte aparecía majestuoso el Lanin.


Fue un flechazo inmediato, desde entonces y por años pasamos parte de nuestras vacaciones en el lugar, viendo al volcán desde distintos aspectos y paisajes. El “Huechu” y el Lanín formaron parte de la familia.
¿Cuál no sería mi emoción, cuando años más tarde una alumna de la facultad, zapalina de ley, me trajo el libro que hoy les quiero comentar, “En la boca del fuego” (Eudeba 1999), su autor Eduardo Zinni y cuyo subtítulo es Aventuras en el volcán Lanín?.
Este libro es el relato de dos expediciones que hacen un grupo de amigos de la ciudad de Zapala para escalar el volcán.
Está narrado en primera persona, es decir, el autor da su testimonio de esas dos empresas que organizara la Patrulla Guillermo. Ya en la primera hoja nos comenta que el montañismo le da sentido a muchas cosas y en algunos casos, a la propia vida y también expresa su deseo de que los lectores conozcamos en su intimidad el espíritu vivo de Lanín.
Eduardo, un médico prestigioso de esa ciudad desea fervientemente sumarse a la Patrulla y ser parte de la próxima ascensión, se lo pide a su amigo, el líder del grupo de montañistas y después de un tiempo de espera le anuncia que debe entrenar porque en dos meses hacen la subida.
Es interesantísimo conocer cómo se prepara una aventura en la que la vida puede estar en juego y cómo el entusiasmo hace precioso cada instante, en especial, el de este médico de cuarenta y cinco años.


Las ascensiones son dos, la primera es la más detallada, ocupa nueve capítulos en los que no solo se describen los momentos de camaradería, las cortas conversaciones en el ascenso hasta el refugio, sino también los aspectos de la concepción panteísta de los pueblos originarios, junto a las leyendas de origen mapuche que explican el nombre de las flores, de las aves y de los lugares por los que se pasan hasta llegar a la base. Están narradas con brevedad, simpatía y mucho respeto.
Conoceremos también los rituales que desde siempre realizaron quienes se han aventurado a la ascensión. El grupo los respeta y por supuesto los cumple.


La segunda ascensión, que comienza a narrarse en la página 89 presentará otras dificultades, que no contaré aquí para mantener el suspenso que se mantiene página a página y hace de este corto libro un canto a la vida, a la naturaleza, a la amistad y el compañerismo.
Quien esté interesado en subir al volcán encontrará al final del primer capítulo un croquis con las dos posibles rutas de ascenso, los refugios y otras referencias imprescindibles.
Finalmente quiero señalar que cada parte tiene un epígrafe, recuerdo especialmente el de la segunda: “No estamos interesados en la posibilidad de la derrota”, frase adjudicada a la Reina Victoria.
Cierra el libro un completo glosario de los términos técnicos del montañismo y vocablos de la lengua mapuche.
En este momento, la novela documental, como la identifica su autor, está agotada; la buena noticia es que en el 21 aparecerá una nueva edición.
Fue declarada de Interés Cultural por las Direcciones de Cultura de la Provincia Neuquén, de la de Zapala y de la de Junín de los Andes, también de la Comisión de Asuntos Indígenas.

“En la boca del fuego” es de lectura muy interesante, amena, emociona y sobre todo es esperanzadora.
Después de leerla se animarán a subir y luego decir Incheoijeneimi, Lanín (te adoro, te quiero Lanín)


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