Leyendas urbanas en la era de la Matrix

Hace unos 20 años William Gibson imaginó en su novela "Neuromancer" un mundo en el que la realidad podía tener varias dimensiones. Finalmente nuestra capacidad asombro fue superada y Gibson demostró estar muy cerca de la verdad. Las barreras de lo real y lo virtual han sido rotas en parte por el atentado a las Torres Gemelas y al Pentágono, y también por lo que significó su tratamiento mediático. En este Cultural analizamos el papel de Internet en este nuevo escenario. En una entrevista exclusiva, el destacado sociólogo James Petras da su visión de lo que verdaderamente sucedió el 11 de setiembre y cuáles son las consecuencias de estos hechos. También conversamos con Chris Cramer, presidente de los canales internacionales de CNN, quien desde Atlanta reflexionó acerca del comportamiento informativo de la mayor cadena de noticias del planeta durante estos hechos.

Los hechos también nos arrastraron a una maniquea senda mediática. Donde los «malos» y los «buenos» adquirieron la certera existencia del día y de la noche. Donde Oriente y Occidente construyeron un muro esta vez virtual y tan liminar como el que durante 40 años dividió el mundo de la Guerra Fría. Los medios nos devuelven un dejo de historia antigua, en la que imperios y religiónes en pugna como pretextos vigorizaban ancestrales luchas en el amanecer del siglo XXI.

En medio de esta polaridad circulante, otras voces susurran otros sentidos posibles del presente. Una de ellas, la de James Petras (63), especie de moscardón para el establishment norteamericano.

Petras, norteamericano, hijo de inmigrantes griegos, es sociólogo y dicta clases de Etica Política en la Universidad del Estado de New York. En diálogo con «Río Negro» hace su lectura de los atentados y habla de la manipulación de la información en su país, luego de los atentados, aunque se muestra optimista porque las voces críticas están creciendo y porque la Web permite conseguir información más objetiva y crítica de los hechos.

-¿Es difícil disentir en este momento en Estados Unidos?

– Sí, es difícil, pero ahora están aumentando las voces disidentes. Tuvimos una gran manifestación en Washington el sábado pasado con miles de manifestantes contra la guerra. Fue impresionante el número de gente que vino de todas partes de EE.UU. Yo creo que se empezará a ver una corriente de opinión que exige que el gobierno muestre pruebas antes de atacar Afganistán. Por ahora son minorías, pero crecerán. Los medios de comunicación de masas y la clase política siguen siendo monolíticas, pero hay una corriente que empieza a decir no a miles de muertos inocentes, como sectores vinculados con las universidades o las iglesias.

-¿La prensa refleja lo que quiere el gobierno?

-Exactamente. La prensa ha perdido toda la independencia que tenía y siguen dando los pronunciamientos del gobierno como si fueran la única verdad y no tratan de analizar críticamente lo que están diciendo. Eso no significa que los pequeños periódicos que tienen un alcance de hasta 100.000 ejemplares no tengan voces críticas, pero no llegan a las grandes mayorías porque la televisión y la radio son completamente cerradas.

– Qué paradójico es no saber realmente qué está pasando en Afganistán o mucho de lo que ocurrió en los atentados en EE.UU. cuando tenemos toda la tecnología para saberlo. ¿Junto con la tecnología vino el control?

– Es verdad, pero ahora tenemos fuentes alternativas de información. El e-mail nos permite recibir noticias alternativas, buscar, seleccionar, contrastar. Y, segundo, tenemos mayor acceso por la Web, por ejemplo, a editoriales de otros diarios en el exterior. Creo que debemos hacer un esfuerzo para salirnos de los medios tradicionales y conseguir noticias más objetivas y críticas, para lo cual hay que entrar en estos nuevos medios de comunicación y no depender de los medios de comunicación de masas.

-Usted ha dicho que los atentados no marcan un «antes y un después», sino que representan la continuidad de una guerra ¿podría explicarnos esto?

– Sí, tenemos que ser objetivos en este sentido. Hay una guerra de EE.UU. constante contra Irak, cada día lanzan bombas contra territorio iraquí; están respaldando el gobierno de Israel, que está haciendo masacres con los palestinos, y participan de contiendas en países como Somalia, en los Balcanes; intentando constantemente eliminar a todo aquel que se oponga a la expansión norteamericana. Es por eso que digo que hay una guerra que continúa, pero con la diferencia que ahora la guerra entró en el territorio de los EE.UU. Es trágico que nuestro pueblo tenga que sufrir por la política exterior llevada a cabo por nuestros gobiernos.

El factor más decisivo en este momento es que el gobierno no ha mostrado pruebas que vinculen a los atentados con los talibanes o con Ben Laden, pese a que den a conocer por los medios lo contrario. Hay información que hemos conseguido a través de periodistas serios, que muestran que los sospechados de los actos terroristas no son musulmanes.

-¿Cómo se explica eso?

– Las biografías de las personas que efectivamente participaron indican, entre otras cosas, que son bebedores de alcohol, que participan en fiestas, que tienen citas con mujeres, que son educados en el mundo occidental y no en campamentos en Afganistán. Y, además, que estos sujetos eran entrenados por los EE.UU. en campamentos militares norteamericanos. Este hecho es un factor decisivo que niega toda la teoría de conspiración internacional. Entonces, tenemos personas seculares, profesionales, entrenados por los EE.UU. y no fundamentalistas, pobres, adoctrinados en campamentos en Afganistán.

– Hay algo que no queda claro y es que si esta gente que hizo los atentados era un grupo de amigos que se juntó para derribar las Torres y lo consiguió; y que, entonces, si no formaban parte de una organización internacional ¿estamos afirmando una terrible debilidad del sistema de seguridad americano?

-Es más fácil para la inteligencia penetrar en las redes conocidas de grupos conocidos que actuar contra un grupo nuevo en función de relaciones interpersonales y con autonomía de acción. Los sistemas de inteligencia americanos, en mi opinión, concentran sus atenciones electrónicas e informantes en Ben Laden. El otro bombardeo de las Gemelas en 1993 fue con un infiltrado en el grupo. El error, a mi entender , no es que no tenían información; sí la tenían, pero la tenían en función de un concepto según el cual todo lo que es terrorista debe estar ubicado en estos centros conocidos. La inteligencia americana nunca pensó que los terroristas eran gente entrenada por ellos en su propio país.

– La sociedad americana parece necesitar inmediatamente un culpable ¿Por qué cree que lo encontró en Ben Laden? ¿Qué representa él para la sociedad americana?

– Es verdad, pero creo que el gobierno, primero, y en consecuencia, la sociedad, encontraron en Ben Laden un pretexto con nombre para lanzar una cruzada, típica de los políticos imperiales que siempre buscan crear la unidad nacional a través de cruzadas. La tragedia, primero con Irak y después con Afganistán es una farsa. Los EE.UU. construyen un discurso para legitimar los poderes que están movilizando para conseguir su hegemonía, discurso en el que establecieron los «buenos y los malos», donde los buenos son los que están con EE.UU. y los «malos» los que se niegan a tejer alianzas con este país. Lo que está en juego, en todo esto, es la reconsolidación del poder de EE.UU. en Medio Oriente que en los últimos años se ha deteriorado considerablemente.

– ¿Qué simbolizan los atentados? ¿Cuál fue el mensaje de la destrucción de estos íconos de la sociedad americana ?

– Creo que fue un acto de un grupo reducido de profesionales que actúan por su cuenta, desvinculados de los fundamentalistas, y de Ben Laden. Mi hipótesis es que son gente que se conocían entre sí, que eran personas motivadas por sentimientos políticos y no religiosos. La elección de los blancos es un cálculo político. En este caso, Washington no debería utilizar un incidente provocado por un grupo aislado aun no identificado para sus planes de restaurar el poder externo o para revertir la agenda interna que ponía sobre la mesa los problemas de recesión, de desocupación, etc.

– Thomas Friedman escribió hace días en el New York Times que la imagen de EE.UU. en el mundo musulmán está muy degradada pero que esto se ha agravado porque los líderes de pueblos musulmanes desvían sus críticas internas hacia EE.UU. ¿qué opina de esto ?

– Es obvio que cuando sucede un ataque como el efectuado por EE.UU. en Irak, que costó la vida a un millón de adultos y de 500. 000 niños, este acto va a generar bronca; cuando EE.UU. está dando a Israel 2500 millones de dólares para nuevas armas y respaldo político para masacrar a gente en territorios ocupados, es otra razón para que los pueblos árabes sientan hostilidad hacia los EE.UU. Cuando destruyen la única empresa farmacéutica en Sudán, que causa enormes problemas para su pueblo y para sus animales eso también genera indignación. Entonces, tenemos una enorme gama de actividades y no simplemente problemas psicológicos o religiosos. Hay factores económicos y humanos que generan bronca hacia el gobierno norteamericano.

– En tal caso se cuestiona que la respuesta a esta bronca sea bajo la modalidad de atentados. El terrorismo es una realidad y toda sociedad tiene que poder defenderse de esta amenaza que, no hay que negarlo, en muchos casos ha sido adjudicada por sus propios autores, prevenientes del fundamentalismo de países de Medio Oriente ¿Cómo se lucha contra el terrorismo sin caer en una suerte de genocidio como el que, según usted, se planea sobre Afganistán?

– Yo creo que se están creando condiciones de desastre en Afganistán antes de tirar las bombas. La amenaza de guerra ha forzado a millones a salir del país, en medio de la peor sequía que registre ese país en su historia. Es una terrible tragedia querer reivindicar 6.000 muertes con millones de muertos en Afganistán. Esto es un acto contra la humanidad que no se puede justificar. Ni los 6000 muertos en EE.UU., ni el hambre forzado de afganos pueden justificarse.

El contraterrorismo es un problema político, no militar. Reconocer, por ejemplo, el derecho de palestinos a tener un Estado viable que, en consecuencia, significaría una decisión política, la de descontinuar con un apoyo a Israel. Segundo, debería terminarse con el bombardeo sobre Irak, buscarse un acuerdo de paz y reconocer que los problemas de Irak son problemas internos y que EE. UU. no tiene que intervenir en ellos. Y tercero, creo que EE. UU. debe reconocer a Irán como gobierno de facto y seguir el ejemplo de Europa para normalizar las relaciones con ese país. Estos tres puntos básicos bajarían la temperatura, la intensidad de los conflictos, y en gran parte, lograrían aislar la actividad de grupos terroristas y las bases sociales que los apoyan.


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