Medio siglo después

Por Redacción

La historia de la mitad de los egresados que nos reunimos aquí en Roca el 2 de marzo, comienza en 1958 en la ciudad cordobesa de Bell Ville, a la vera la Ruta Nacional Nº 9, que dividía en dos el predio. Al final del segundo año del ciclo total de cuatro, desde Bell Ville nos fusionaron con quienes ya cursaban en la escuela hermana de Casilda. Esa fusión fue simplemente ampliar “la familia” que ya se había forjado en ambas escuelas, pues el crisol era el mismo y la base era y fue siempre la solidaridad, el compañerismo y la lealtad, sentimiento que perduró hasta hoy, casi 52 años después de ese diciembre de 1961 en que nos desparramamos por la geografía argentina. El plan de estudios era de cuatro años, con enseñanza teórica en el aula durante la mañana y prácticas a campo por la tarde, en que hacíamos de todo lo que se puede y debe realizar en el campo. Los que ingresábamos recibíamos el apodo de “cáfilas” y a partir de allí pasábamos a ser paulatinamente “capos”, para finalizar el cuarto año con prácticas de capataces de los cursos inferiores y por ende con autoridad sobre el resto. Esos años indelebles en todos nosotros los celebramos con una gran cena de camaradería en una bodega de esta ciudad y, como testimonio de nuestra presencia, plantamos una magnolia en el cementerio parque Las Fuentes, de Roca, árbol emblema de nuestra ENA y cuyas flores fueron obsequio para las chicas de Casilda, dejando un mármol en memoria de los compañeros que ya no están y en eterno agradecimiento a quienes nos forjaron como hombres.


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