Nadie quiere asumir las culpas

Iba a ser una visita en la que el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, mostrara su consternación y diera el visto bueno a las medidas de ayuda tomadas.

Pero la visita a Louisiana y Mississippi puso de relieve en un inusual modo el creciente enfrentamiento entre la Casa Blanca y las autoridades locales en torno a cuál es la manera correcta de organizar la ayuda a los afectados por el huracán «Katrina».

Sobre todo la gobernadora de Louisiana, la demócrata Kathleen Blanco, no dejó de criticar a Bush después de que éste declarara su intención de coordinar la acción de la Guardia Nacional desde Washington, en vez de dejarla en manos de las autoridades locales como venía sucediendo hasta ahora.

Blanco lo consideró una crítica a las medidas de ayuda realizadas hasta el momento. Durante la segunda visita de Bush a la región, este lunes, la situación casi estalla. Colaboradores de la gobernadora declararon que Blanco no había sido invitada y que ni siquiera se le había avisado previamente de la llegada del mandatario. «No teníamos ni idea de que iba a venir el presidente a la región», aseguró el portavoz de Blanco, Robert Mann.

El trasfondo del conflicto es, según la prensa, una contraofensiva de la Casa Blanca en vista de las críticas a las que se ha visto sometida por la lentitud con que han llegado las ayudas por el huracán. Según «The New York Times», los principales asesores de Bush, Karl Rove y Dan Bartlett, iniciaron una campaña con el objetivo de echar la culpa del retraso de las ayudas para las decenas de miles de afectados en las zonas inundadas a los estados federados y las autoridades locales. Pero el director de comunicaciones Bartlett rechazó estas acusaciones.

No hay una estrategia coordinada para echarle la culpa a las autoridades de Louisiana, afirmó.

Es más, existe un «espíritu de cooperación». Una cooperación que demuestran dos antiguos rivales políticos, los ex presidentes Bill Clinton y su predecesor George Bush padre, quienes reúnen juntos donativos para las víctimas del huracán. Esto no le impidió a Clinton sin embargo criticar la administración de Washington.

«Al principio, nuestro gobierno dejó en la estacada a esa gente, no hay duda de ello», dijo el ex mandatario demócrata. Pero ahora no es momento para una investigación sobre una posible negligencia, lo primero es ayudar a la gente, agregó.

Con todo, una primera encuesta realizada por el prestigioso periódico «Washington Post» muestra que los estadounidenses están divididos en lo que a la reacción de Bush tras el paso del huracán se refiere: el 46 por ciento de los encuestados considera adecuada su política mientras que un 47 por ciento la critica duramente.

THOMAS MUELLER

DPA


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