Ni límites ni fronteras

Con sólo imaginar el mapa de la Argentina, podemos dibujar también el mapa de la música y sus influencias en lo que hoy podríamos definir nuestro folclore, tema en el que es fácil meterse pero difícil dar una explicación concluyente y convincente. Hablar de mapas es hablar de límites y no es precisamente lo que caracteriza a la música, simplemente porque en esta materia los límites no son necesariamente las mismas fronteras.

Para los más detallistas, admito que el concepto de folclore es mucho más amplio que la música, pero sólo me quiero referir a este costado.

Al mismo tiempo, en lo que a música se refiere, no podríamos precisar cuál es la que caracteriza a nuestro país. No hay zamba, chacarera, chamamé o carnavalito que identifique a este país tan extenso, de modo que mal una región podría atribuirse la representatividad de la Argentina en esta cuestión. Es tan amplio este concepto que cuando Los Nocheros fueron a Chile los presentaron como los mayores exponentes del folclore argentino y precisamente ese día cantaron una larga lista de temas románticos de autores latinos que poco tienen que ver con el folclore.

Cuando José Larralde estuvo en la región, dijo que para su modo de ver, la música folclórica argentina no existe como tal. Visto así, parece un concepto terminante, pero aclaró que en realidad su afirmación quiere expresar que nuestro folclore o lo que nosotros denominamos así, es en realidad una conjunción de corrientes musicales venidas de diversos orígenes, tantos como las corrientes migratorias que poblaron este país. Es innegable que hay influencias y muchas de la música europea, de otros ritmos americanos y que en realidad si uno hila finito, verá que las influencias son tantas que terminan conformando una identidad propia. Es decir, la música original totalmente desvirtuada y sumada a otras influencias, se termina convirtiendo en nuestra propia música. No quiero decir con esto que nuestra música folclórica sea un simple rejunte de influencias, sino que contribuyeron a conformar esto que para mí sí es identidad.

De todos modos, el debate es y será interminable en esta cuestión porque el abanico de opiniones es enorme.

Al hablar de influencias, si uno va a Chile, los chilenos dicen que la cueca chilena es diferente a la que se escucha en Cuyo. Los mendocinos y sanjuaninos sostienen lo mismo y aseguran que si uno conoce del tema, se dará cuenta que son muy diferentes.

Para quienes no somos ni chilenos ni cuyanos, una y otra cueca son similares, con mayor entrega entre los chilenos que sí hacen la gran diferencia en el baile de este ritmo. Lo bailan como los dioses. Ahora, cómo negar influencias de un lado y del otro de la frontera. En este caso, el «dueño» del ritmo es innegablemente Chile, que hizo de esta música una de sus mayores excelencias.

Así como en este caso, las influencias van más allá de lo que son los límites de cada país y en la Argentina, el folclore recibió influencias de todos lados. Dicen algunos analistas que de donde menos se recibió influencia es de la música brasileña. En cambio, con Bolivia, el límite musical prácticamente no existe, con Paraguay tiene algunas pequeñas diferencias y con Chile hay mucho en común.

La música no tiene fronteras, de hecho, un gran abanico de influencias hizo este folclore que en la Argentina tiene identidad propia.

Jorge Vergara

jvergara@rionegro.com.ar


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