«No hay mercenarios que escriban tango»

Melancólico y divertido, así es y se define Horacio Ferrer. Un poeta exquisito del tango que vuelve a la operita "María de Buenos Aires".

El poeta Horacio Ferrer, creador y presidente de la Academia Nacional del Tango, a poco de estrenar su operita «María de Buenos Aires» en el teatro Nacional Cervantes, habló del difícil momento que atraviesa el tango, que «por su espíritu bohemio y desentendido, ha ido perdiendo espacios hoy ocupados por la industria del rock».

En una entrevista realizada el bar del hotel Alvear, donde vive feliz desde hace 32 años, el artista, próximo a cumplir 75 años, habló con Télam sobre su labor en la Academia (fundada en 1990), de la importancia que tuvo su familia en su formación, de su esencia «melancólica y divertida», de su amor, Lulú, y de la profundidad que supura la música ciudadana, entre otras cosas.

«Es muy difícil mostrar obras nuevas, que las hay muy buenas y muy originales. El rock no desdeña al tango, pero acapara con la publicidad, los lanzamientos… hay mucho dinero en juego y el tango siempre ha sido un arte modesto económicamente, no artísticamente porque es gloria nacional y mundial», expresó Ferrer.

«La bohemia es el concepto de la libertad del tanguero: es el no venderse por dinero -continuó-. No hay mercenarios que escriban letras en el tango porque eso no sirve, se nota la falta de inspiración», sostuvo el artista nacido en Montevideo en 1933, creador de «Balada para un loco», «Chiquilín de Bachín», «La bicicleta blanca» o «Balada para mi muerte».

«Aunque sea un bofe, la obra puede ser inspirada: hay muchos tangos muy feos y óperas, pero la inspiración se siente en la gracia con que está hecha», remarcó el poeta, dueño de una imagen tan personal como impecable.

Pese a que siempre había hablado muy mal de los hoteles y de los aeropuertos, porque le parecían grises e indiferentes, confesó que nunca había sido más feliz que en el hotel porteño donde vive.

Después de muchas «épocas de bohemia cruel» en las que se acostaba todos los días a las 7, algo que le atribuye un espíritu de «pájaro nocturno», en 1976 fue acogido en un ambiente del Alvear, que ahora -aclaró- es su casa.

«Yo andaba como bola sin manija -evocó- y una amiga me dijo 'que date en un departamento que venden acá'. Como el dueño de la inmobiliaria era hincha mío, me dio facilidades y compré primero una habitación de unos 20 metros cuadrados y ahora tengo una de 7 por 5.35 donde vivo con Lulú», contó.

Para pensarse a sí mismo, Ferrer prefirió tomar una estrofa de un poema de Muti Vilela, un poeta de Las Flores, que dice: «Feliz de ser afortunado sin fortuna,/ de amar a Lulú, al tango y a la luna».

«Ése soy yo», subrayó el artista para el cual el hecho de amar y ser amado es fundamental. «Tantas veces he sufrido como un perro por amor, por mujeres que no me amaron y he gozado por amor, en todas sus facetas, en lo físico y en lo espiritual».

Ferrer, quien desde hace 15 años acude al gimnasio todos los días porque está convencido de que «el estado físico va acompañado por un estado mental», sigue escribiendo, y además del inminente estreno de «María de Buenos Aires», que lleva música de Astor Piazzolla, ya compuso otras dos óperas con música de Raúl Garelo.

«Me siento Dalí, todo depende de las ganas, de la vida; tuve una formación muy buena desde el punto de vista universitario que me sirvió para toda la vida (estudió ingeniería y arquitectura). Me formé en un hogar muy humilde, pero muy ilustrado, mi madre era cantante lírica y mi padre un profesor de historia y geografía, donde había un saber natural», dijo.

La melancolía y el humor conviven y se retroalimentan en la vida cotidiana de Ferrer: «Lamentablemente la vida nos enseña que para gozar bien los momentos placenteros hay que haber sufrido para poder tener una valoración de ese momento placentero».

El poeta, que escribió unos 200 tangos y canciones y creó una serie de obras escénicas en colaboración con diferentes músicos, sostuvo que la esencia de la temática de su lírica reside la mezcla de la fantasía y la realidad.

«Es una mezcla de tiempos, no me gusta ser un escritor circunscripto a la actualidad», definió.

«Uno tiene un poco más de independencia y de libertad como para poder trasladar su mente al futuro y disfrutar de la ciencia ficción o de la historia, que es también tan enigmática e improbable», acotó.

«Hay que valorar la suerte y no negarla»; «hay que tomar las decisiones, aún equivocadas, que el pensamiento siempre preceda a la acción pero que no la sustituya, hay que defenderse de la vida cotidiana y vivirla, hay que tener prudencia con el ritmo de los sueños», son algunos de los preceptos que deslizó el artista que se reconoce como un eterno soñador que ha tenido más de lo que soñó. (Télam).


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