Nuevo escándalo para EE. UU.: espió a tres presidentes franceses
Según WikiLeaks interceptó llamados de Chirac, Sarkozy y Hollande
AP
El presidente francés llamó a una reunión de su Consejo de Defensa para analizar las filtraciones aparecidas en la prensa.
PARÍS (AFP) – Estados Unidos espió a los tres últimos presidentes franceses y a sus asesores más cercanos entre 2006 y 2012, según documentos de WikiLeaks, divulgados ayer por dos diarios franceses. Según los diarios Mediapart y Liberation, el presidente François Hollande ha convocado al Consejo de Defensa para hoy a la mañana para analizar estas informaciones. Las escuchas a Jacques Chirac, Nicolas Sarkozy y François Hollande por la agencia de inteligencia estadounidense NSA constituyen en sí mismas la principal información que transmiten los dos diarios, ya que el contenido de los documentos no hace ninguna revelación de peso. El fundador de WikiLeaks, Julian Assange, aseguró, no obstante, que habrá nuevas revelaciones. Según colaboradores de Sarkozy, el expresidente considera “estos métodos” de espionaje “inaceptables en general, y en particular entre aliados”. En cambio, el entorno de Chirac no se ha manifestado. Del lado estadounidense, el portavoz del departamento de Estado John Kirby se ha limitado a afirmar: “No hacemos comentarios sobre la veracidad o el contenido” de los documentos. Se trata de cinco informes, clasificados “Top-Secret”, de la agencia de la NSA, basados en “intercepciones de comunicaciones”. Estaban destinados a la “inteligencia” estadounidense y a responsables de la NSA, según el diario “Liberation”. Proceden de una oficina identificada como el “servicio de síntesis”. El documento más reciente es del 22 de mayo de 2012, unos días después de la entrada en funciones de François Hollande y menciona reuniones secretas destinadas a hablar de una eventual salida de Grecia de la zona euro. “Hollande está muy preocupado por Grecia”, escribe la NSA. Sobre Nicolas Sarkozy, la NSA asegura que, después de la crisis financiera de 2008, “cree que Washington tiene en cuenta algunos de sus consejos”. También asegura que la forma en que Jacques Chirac daba órdenes a Philippe Douste-Blazy –a quien le había encargado que apoyara al noruego Terje Roed-Larsen como secretario general adjunto de la ONU– muestra que consideraba que su canciller tenía una “propensión (…) a hacer declaraciones inexactas e inoportunas”.