Ojo por ojo

«La municipalidad de Cipolletti realizará controles estrictos en la zona de los puentes, para evitar que los taxistas de otras jurisdicciones -en especial de Neuquén capital-, levanten pasajeros en nuestra ciudad», anunció el intendente Alberto Weretilneck cuando esta semana el conflicto de los taxis sumó otro capítulo en su libro de indefiniciones.

«La medida se adopta -agregó, como si faltara un ingrediente más- en defensa de la fuente de trabajo de nuestros taxistas».

Y así «solucionó» la situación.

Desde que el sábado 21 una mujer taxista, embarazada de ocho meses, fue perseguida por Transporte de Neuquén e interceptada en la zona de las rotondas por personal policial de esa ciudad, Cipolletti adoptó una postura espejo. Ojo por ojo. «Ellos no dejan levantar pasajeros, nosotros tampoco». Con esa consigna se frenó un corte de ruta y se calmaron los ánimos de los tacheros cipoleños.

Lejos de buscar una solución de fondo, de impulsar un diálogo serio con las autoridades de Neuquén, se implementó una posición similar, sin considerar que detrás de todo esto quienes más se ven perjudicados no son los taxistas de una u otra ciudad, sino los miles de usuarios que diariamente cruzan el río.

¿Por qué un pasajero no puede ir a algún un lugar y regresar con su taxista de confianza?, ¿dónde están sus derechos?

Con el mismo criterio de «defender la fuente de trabajo» los supermercadistas cipoleños podrían instalarse en los puentes para impedir que la gente vaya a los hiper de Neuquén, o las inmobiliarias neuquinas para evitar que sus clientes busquen lotes o viviendas en barrios residenciales de Cipolletti.

Sería una locura.

«Acá lo que hay que hacer es implementar un permiso de taxis», propone Jorge Bell, responsable del área de Tránsito y Transporte del municipio de Cipolletti. Su idea es que los taxistas lleven un permiso para cruzar, diciendo que van a buscar a un determinado pasajero. Si en los puentes se verifica que al regresar no llevan al cliente que dicen que están transportando, serían fuertemente multados.

Es una opción -afirma- para evitar «las avivadas». Que también las hay. Muchos taxistas se instalan en jurisdicciones ajenas para levantar a pasajeros que en su zona no logran captar. Y con el atractivo, generalmente, de cobrar tarifas mucho más bajas. En Cipolletti esto no sucede sólo con los neuquinos, sino también con taxis, remises o traffics «truchas» que provienen de Cinco Saltos u otras ciudades de la región.

Como sea, por estos días Cipolletti es «zona protegida». A los controles que Tránsito hacía en el sector céntrico ahora se le sumaron otros más rigurosos en el puesto caminero, para captar a los neuquinos que levantan pasajeros en la ciudad. En sólo una semana se hicieron más de 300 notificaciones y se secuestraron seis vehículos. Los últimos dos se sumaron ayer.

La calma retornó con esta postura y en el municipio ni se volvió a hablar del tema. Quedó relegado por el conflicto que hubo con los recolectores de basura, ¿pero hasta cuándo?.

¿Será hasta que una nueva persecución y huida a alta velocidad ponga en serio riesgo la vida de alguna persona?

Hace exactamente un año el Concejo Deliberante de Cipolletti avaló el llamado «protocolo de la Confluencia» y la conformación del Consejo Institucional Biurbano. Se hablaba de impulsar tareas de integración y desarrollo en conjunto entre el municipio cipoleño y el de la capital neuquina. ¿Quién se acuerda de esto?

Está visto que aquí hace falta algo más que un par de puentes para unir a estas dos ciudades, que con los años se fueron convirtiendo casi en una sola.

Es hora de que las autoridades de una vez por todas se sienten frente a frente, debatan y busquen soluciones compartidas.

 

Elizabeth Hoischen

betty@rionegro.com.ar


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