Ombliguismo radical



Desconcertados por los pobrísimos resultados que consiguió su candidato presidencial en las primarias –apenas superó el 12% del total de los votos emitidos y quedó empatado con el peronista Eduardo Duhalde–, los líderes radicales parecen haber llegado a la conclusión de que cometieron un error estratégico garrafal al dejarse seducir por el carisma heredado de Ricardo Alfonsín. Es como si, una vez más, se hubieran dado cuenta de que el suyo es un mundillo aparte, que lo que pueden encontrar irresistible los afiliados de la UCR no lo será para los demás ciudadanos y que por lo tanto les convendría adoptar actitudes menos sectarias. Así, pues, con el propósito de salvar algo del naufragio, distintos jefes territoriales ya se han alejado del hijo del fallecido ex presidente Raúl Alfonsín que, lo mismo que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner si bien de manera mucho menos decisiva, se había visto beneficiado políticamente por una muerte que conmovió a la opinión pública. Mientras que algunos radicales han optado por concentrarse en las elecciones provinciales o municipales por entender que no tendría mucho sentido seguir fantaseando con un triunfo harto improbable en las presidenciales, otros se inclinan por acercarse al socialista santafesino Hermes Binner que, por su parte, aspira a liderar una coalición centroizquierdista similar al Frente Amplio uruguayo que, espera, crecerá lo suficiente como para permitirle alcanzar la presidencia en el 2015. Como suele suceder luego de sufrir su partido una nueva debacle electoral, muchos radicales dicen creer que la paliza que acaban de experimentar se debió a que resultaron incapaces de comunicarse con los votantes. Es ésta la tesis del senador Gerardo Morales, según el que “no hemos podido transmitir un mensaje claro sobre el proyecto nacional” que lideran Alfonsín y su compañero de fórmula, Javier González Fraga, y por lo tanto “hemos fallado en la estrategia y la comunicación”. Otra explicación, acaso más realista que la ensayada por el jujeño Morales, sería que a esta altura la mayoría no confía ni en los “proyectos nacionales” confeccionados por el radicalismo ni en las dotes gubernamentales de miembros de un partido que nunca se ha destacado por la eficiencia administrativa. Asimismo, la propensión notoria de los radicales a privilegiar sus propias internas dando la espalda al resto del país les juega en contra a la hora de “comunicarse” con la ciudadanía. Puede que la “primaria” privada que celebró fuera impecablemente democrática y limpia, pero a juicio de quienes no se sienten comprometidos con la UCR la marginación de Julio Cobos primero y de Ernesto Sanz después se pareció demasiado a otro arreglo de cúpulas del tipo que se ha hecho rutinario en todas las agrupaciones del país. Al igual que el peronismo, la UCR se ha acostumbrado a prestar “patas” a otros movimientos, entre ellos el kirchnerista, pero a diferencia de su rival histórico no está en condiciones de hacer mucho más. Aunque en esta ocasión los radicales tienen su propio candidato presidencial, en el 2007 se encolumnaron mayoritariamente detrás del peronista Roberto Lavagna y, en el caso de una minoría, detrás de la presuntamente peronista Cristina, de ahí la llegada de Cobos a la vicepresidencia. Si bien Alfonsín no se ha propuesto abandonar la carrera presidencial, las dudas tardías de sus correligionarios en cuanto a su candidatura no podrán sino afectarlo, sobre todo si muchos deciden seguir el camino elegido por Margarita Stolbizer para aliarse con Binner. Las perspectivas frente a la UCR no son buenas. La verdad es que aún no se ha recuperado del fracaso protagonizado por el gobierno de Raúl Alfonsín que muchos atribuyeron no a una política económica insensata sino a un siniestro “golpe de mercado”, o sea, a una conspiración. La UCR disfrutó de otra oportunidad cuando Fernando de la Rúa ocupaba la presidencia pero, fieles a sus “doctrinas”, sectores amplios del radicalismo ayudaron a hundirlo. Desde entonces, el electorado no ha manifestado mucho interés en probar suerte nuevamente con un gobierno basado en un partido de vocación tan claramente autodestructiva, razón por la que el desempeño decepcionante de Ricardo Alfonsín en las primarias sólo sorprendió a los radicales mismos.


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