Educación, para (re)considerar




María Teresa Cinto *


De la estructura piramidal de promoción -injusta-se pasó a la cónica -auto engañosa-, pero nunca como ahora la escuela ha cumplido peor su mandato fundacional.


Promoción? ¿Promoción asistida? ¿Promoción automática? ¿Vínculo de la promoción con la evaluación? ¿Evaluación “en curso”? ¿Evaluación expresada en números o verbalmente? ¿Evaluación para el aprendizaje? ¿Evaluación para las decisiones pedagógicas? ¿Evaluación para rediseñar la didáctica de los campos disciplinares? Son preguntas que deben responder las instituciones educativas. Las respuestas no son inocentes. La sociedad y las modas en educación lo saben.

¿Se pueden aprender contenidos secuenciados si no se respeta la secuencia? (p.e. ángulos alternos internos entre paralelas sin algunos axiomas básicos; el uso del condicional en inglés sin haber aprendido lo básico de la conjugación verbal). ¿Cómo decidir con qué seguir si se desconoce qué sabe el alumno? Puede saber sin poder ponerlo en palabras, puede hacer sin contar con las palabras para enunciarlo o puede hacer, explicar y justificar. Saber en qué anda implica el uso de distintas estrategias de evaluación: resolver con acompañamiento docente o de pares, hacer -y bien- sin poder justificarlo, dar cuenta frente al grupo de pares. Suena a trabajar en la zona de desarrollo próximo: el docente o un compañero aventajado a la par, a resolución de problemas y a exposición de temas, respectivamente.

¿Se aprende si no se está dispuesto a aprender? ¿Se aprende si no hay continuidad en la asistencia? ¿Se aprende si se está atravesado por otras problemáticas? ¿Qué se debe atender primero? ¿Puede un docente formado para el desempeño en un campo disciplinar atender un grupo escolar con problemáticas que no son del aprendizaje? ¿Cómo impactan en el grupo de pares las conductas disruptivas (por las razones que fueren)? ¿Afecta el “clima” en el aula los aprendizajes de cada individuo? ¿Se aprende por el solo hecho de estar en la escuela? ¿No deberían ensayarse otras formas para resolver las problemáticas sociales que sumárselas a la escuela?

Los abuelos de hoy tuvieron más exigencias escolares: quince inasistencias sin reincorporación -salvo tragedia-, trimestrales/cuatrimestrales, y libros como recurso para el aprendizaje. Sus hijos quizá las mismas horas de clases, pero menos exigencias: veinticinco inasistencias, sin cuatrimestrales y dos previas, fotocopias como recurso. Sus nietos no tienen exigencias de asistencia, no tienen cuatrimestrales ni límites de espacios curriculares adeudados para promover, porque se sientan en el curso siguiente con infinitas “evaluaciones en curso”; como recurso, sus propios celulares o fotocopias. Las estadísticas cierran mejor. De la estructura piramidal de promoción -injusta-se pasó a la cónica -auto engañosa-, pero nunca como ahora la escuela ha cumplido peor su mandato fundacional.

¿Más horas de clases? ¿Con esta escala salarial? ¿Con profesores taxi? Ya no entre escuelas sino para el mismo establecimiento. Los profesores tienen -si pueden- doble jornada, no por ambición desmedida, sino para sostenerse fuera de la indigencia. Muchos ya no podrían sostener doble función, porque violarían la jornada de ocho horas, igual que los directores si a sus escuelas se les suma una hora más por turno. Simple, la oposición sindical es de sentido común. ¿No sería de sentido común proponer más horas en consonancia con salarios dignos?

Más horas para todos los grupos escolares significa también disponer de mejores espacios físicos, más recursos materiales, capacitaciones docentes por campos disciplinares y no genéricas. En suma, inversión, que eso es la educación, no un gasto.

Otro tema son los roles parentales y el compromiso con la educación de los hijos. Generalizando, a partir de investigaciones diversas, donde hay adultos que apoyan, acompañan, sostienen y no se dejan persuadir fácilmente, los desempeños escolares son mejores. Hoy, esos adultos deberían acompañar para que sus hijos logren lo que los diseños curriculares suponen para cada curso escolar -no en una engañosa promoción- y, finalmente, la acreditación en los tiempos requeridos -no indefinidamente postergada-

* Educadora


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