En política, el diablo está en los detalles

Neuquén ofrece un laboratorio político: un gobernador que rompió con el MPN, un intendente con estructura propia y una senadora libertaria que convirtió una experiencia electoral en un partido

Michael Fullan, en «El matiz: por qué unos líderes triunfan y otros fracasan», distingue entre liderazgos superficiales, que buscan soluciones estándar, y liderazgos atentos al matiz, capaces de leer el contexto y las conexiones debajo de la superficie.

Rolando Figueroa llegó al poder con un trofeo extraordinario: derrotó al MPN después de seis décadas de hegemonía mediante una coalición amplia. Gobernar esa diversidad fue el desafío. Mariano Gaido representa otra clase de liderazgo. En 2023 fue reelegido intendente de Neuquén como candidato del MPN, con 45,77%. Ese mismo día Figueroa ganó la Gobernación. Gaido mostró una fuerza propia en la capital.

Después vino la convivencia. Primero Neuquén y La Neuquinidad formalizaron un acuerdo para 2025 y hoy proyectan esa sociedad hacia 2027. Sus diferencias de origen pueden ser también una fuente de complementariedad.

Figueroa tiene la conducción provincial y el triunfo sobre la vieja hegemonía. Gaido conserva una estructura municipal consolidada y una identidad política propia. El desafío consiste en que ninguno necesite apagar al otro para conservar el control.

Nadia Márquez representa una tercera trayectoria. Llegó a la política desde la Democracia Cristiana, fue concejal y resultó electa diputada provincial en 2023, pero no asumió porque ganó una banca nacional con Arriba Neuquén, el sello que acompañó a Figueroa. En 2025 llegó al Senado por La Libertad Avanza.

Su evolución muestra un liderazgo que muta. En 2025 LLA ganó la elección de senadores con 35,72%, frente al 29,42% de La Neuquinidad. El resultado mostró que el voto libertario podía discutir con la tradición provincial. Márquez mantiene diálogo con Figueroa y dijo en abril de 2026 que la relación era buena, aunque no siempre coincidían.

Más áspera aparece su relación con Gaido: Figueroa y Gaido son socios hacia 2027, mientras LLA busca una alternativa propia. La crítica al intendente permite diferenciarse sin convertir cada diferencia con el gobernador en ruptura.

Los tres tienen luces y sombras: Figueroa debe admitir dirigentes con brillo propio; Gaido, medir el contexto; Márquez, convertir votos en estructura.

Ahí vuelve Fullan.

El liderazgo atento al matiz consiste en mirar la imagen completa y los detalles, integrar fuerzas opuestas y comprender que cada contexto exige una respuesta diferente. En Neuquén, supone aceptar que los tres no solo compiten: también se necesitan y se condicionan.

Tal vez por eso no se contradicen todo lo que podrían. No necesariamente por prudencia: conocen el costo de romper conexiones. El temor más profundo puede ser otro: que el socio, el aliado o el adversario deje de ser superficial y se convierta en un liderazgo capaz de disputar el centro.

Neuquén llegará a 2027 con esa tensión: Figueroa deberá administrar cuánto espacio concede a quienes pueden crecer; Gaido, cuánto puede expandir su fuerza; y Márquez, si puede convertir el voto libertario en identidad provincial.

Porque, en política, el diablo también está en los detalles.

No necesariamente en las grandes definiciones ni en las fotos compartidas, sino en quién habla, quién calla, qué crítica se tolera, qué dirigente recibe espacio y cuál queda deliberadamente en segundo plano. Esos pequeños movimientos pueden revelar más que un acuerdo formal. En una provincia donde las relaciones personales, las trayectorias partidarias y los votos tienen un peso considerable, un gesto menor puede modificar una alianza mayor.

Y a veces los detalles no son una parte del todo: son el todo. La manera en que Figueroa convive con Gaido, la prudencia de Márquez frente al gobernador o la intensidad con la que cuestiona al intendente forman parte de una misma trama. No son episodios aislados. Son señales de cómo cada liderazgo mide al otro, calcula sus fortalezas y evita, por ahora, una confrontación que podría beneficiar a un tercero. En esa lectura fina, precisamente, está el matiz que plantea Fullan.


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