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La celebración del Tango

El 11 de diciembre de cada año los argentinos rememoramos el día de nuestra música ciudadana, que es  mucho más que una música, una canción o un baile.

El 11 de diciembre de cada año los argentinos rememoramos el día de nuestra música ciudadana, en razón de haber prosperado una iniciativa del autor y compositor Ben Molar, el que junto con un nutrido grupo de entidades de entre las que sobresalían la Sociedad Argentina de Autores y Compositores (SADAIC), la Sociedad Argentina de Escritores (SADE), la Academia Nacional del Lunfardo y la Asociación Argentina de Actores, hicieron un pedido formal a las autoridades nacionales para que, en coincidencia con la fecha del nacimiento de Carlos Gardel (en 1890) y de Julio De Caro (en 1899), el Tango tuviera su día de recordación, y, junto con él, todo el universo que su cultura engloba.

Esta última consideración amerita una necesaria aclaración, porque el Tango es mucho más que una canción o un baile, aunque tampoco es solamente esa simbiosis entre letra-poesía y música contenida en cada tema, que lo hace tan especial, sino que abarca algo mucho más profundo y totalizador, cual una cultura transgresora y prohibida que naciera en las orillas, en los suburbios, en el barro, en el arrabal, con sus personajes, sus lugares, sus objetos, su danza, sus instrumentos, su lenguaje, su filosofía y mucho más, lo que lo transforma en un espacio fascinante e inescrutable, sin términos medios, incomprensible si no se forma parte del mismo, con los especiales códigos que lo integran, que lo guían y le otorgan su propia identidad.

Borges nos dice así del Tango: “Despreocupado y zafado siempre mirabas de frente. Tango que fuiste la dicha de ser hombre y ser valiente. Tango que fuiste feliz como yo también lo he sido, según me cuenta el recuerdo, el recuerdo fue el olvido.”

El Tango, lectores, es mucho más que una música, una canción o un baile.

Espero que ello sea el marco referencial de nuestro recuerdo en esa fecha conmemorativa, aunque con la casi imposible circunstancia de que con ese recuerdo no “se nos piante un lagrimón”, y a que el mismo nos lleve a hacer carne en nosotros las palabras cargadas de añoranza del poeta Homero Manzi al decir en “Sur”: “nostalgias de las cosas que han pasado, arenas que la vida se llevó, pesadumbre del barrio que ha cambiado, amargura del sueño que murió”.

Que el Tango, en su día, reviva en nosotros.

*Presidente de la filial Neuquén de la Sociedad Argentina de Escritores (Sade)


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