Opinión
Hace cincuenta años, el país cambiaba su ley de inmigración, sin pensar en su profundo impacto: evitó el envejecimiento de su población, potenció la competitividad económica y hará que en el 2055 ya no exista un grupo racial mayoritario. Pero también generó temor y prejuicios muy arraigados en ciertos sectores sociales.