Palestinos temen que Gaza sea una 'gran prisión'

Israel pretende seguir controlando todos los accesos, el espacio aéreo y el litoral.

JAN YUNES, franja de Gaza (AFP) – La alegría de los palestinos al ver a cientos de colonos judíos abandonar para siempre Gaza se ha visto eclipsada por el miedo de que Israel siga controlando los accesos a la franja y la convierta en una gran prisión aislada del mundo.

«Se marcharon de las habitaciones y nos dejaron la casa entera para nosotros, pero siguen controlando cada puerta y cada ventana», citó como ejemplo Majeed Agha, gobernador de la región de Rafah, al sur de la franja de Gaza. Estas puertas de entrada y salida son sólo dos: Erez, al norte, fronteriza con Israel y usada por diplomáticos, periodistas y palestinos que trabajan en el Estado hebreo; y Rafah, al sur, limítrofe con Egipto, pero controlada por Israel, por la que salen quienes viajan al exterior una vez obtenido el permiso necesario.

«Estoy feliz porque los colonos se marcharon sabiendo que sus casas serán destruidas como lo fueron las nuestras y tengo la sensación de respirar. Pero sé que Israel no cumplirá el trato hasta el final y seguirá controlando Gaza», advierte Ahmed Sadooni, de 57 años, responsable del comité central de refugiados del campo de Jan Yunes.

Según el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abas, Israel sólo pondrá fin a los 38 años de ocupación de Gaza si cede totalmente a los palestinos la soberanía de esta región paupérrima de 360 km2 poblada por 1,4 millones de personas.

Según responsables de la Agencia de la ONU para los refugiados palestinos (UNRWA), Israel «no tiene ningún derecho a imponer a partir de ahora su presencia en Rafah» porque es una frontera únicamente entre Egipto y los territorios palestinos.

En Erez, la situación es diferente porque es limítrofe con el Estado hebreo, y habrá que llegar a un acuerdo sobre los trabajadores palestinos que pueden cruzar cada día.

Hace tres semanas que esta 'puerta' está totalmente cerrada para los palestinos y desde el inicio de la segunda Intifada, en el 2000, el número de personas que tiene derecho a trabajar en Israel se redujo considerablemente.

Para evitar que Gaza se convierta en una gran prisión, los responsables de Jan Yunes, donde viven 58.000 refugiados, también consideran necesaria una conexión con Cisjordania gracias a una carretera o un corredor seguro entre ambas zonas.

Corroborando esta idea, el enviado especial del Cuarteto para Oriente Medio (EEUU, Unión Europea, Rusia y la ONU), James Wolfensohn, declaró que la «franja de Gaza debe ser una región de la que sea posible entrar, salir y comerciar libremente, siempre respetando la seguridad de Israel».

«No queremos que Cisjordania se convierta en una nueva Gaza y que todos los colonos que salieron de aquí se instalen allá. Si es así, la resistencia continuará», advirtió Ahmed Said, uno de los líderes del Fatah .

Según muchos palestinos, a los centenares de personas que salieron llorando en brazos de los soldados en las colonias de Gaza, Sharon les prometió una nueva tierra en Cisjordania. «Esta retirada de Gaza tiene por fin también afianzar su presencia en Jerusalén y es algo que no po

demos permitir porque un día será nuestra capital», afirmó Fathi Hamad, líder del movimiento radical Hamas en Jabalia (norte).

En palabras de Majeed Agha, frente a esta situación, la comunidad internacional se ve impotente. «Cuando se encuentran frente a frente con Sharon, no son capaces de obligarle a cumplir sus compromisos» denuncia.

Según estipula el plan de retirada de Gaza, Israel conservará y controlará el perímetro externo de la franja de Gaza, mantendrá su autoridad exclusiva sobre el espacio aéreo y controlará la seguridad en el litoral de la franja.

 

Un golpe a la economía

El viernes, responsables israelíes confirmaron estos miedos palestinos y declararon que desean seguir controlando la frontera de Rafah después de desmantelar sus 21 colonias de la zona, con el fin de evitar que la región se convierta en un «arsenal para terroristas». Israel desea sobre todo fiscalizar el ir y venir de mercancías para evitar el tráfico de armas. Indirectamente, este control mermaría las importaciones y exportaciones palestinas y la economía local nunca podrá despegar.

«Nos oponemos totalmente. Es inadmisible que Israel conserve el control de la frontera de Rafah», declaró el negociador palestino Saeb Erakat.

Desde la segunda Intifada, las finanzas palestinas se han hundido completamente y el desempleo en Gaza afecta al 70% de la población, según la ONU.

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