Pasajero solitario de todos los vuelos

En un avión, bajo la lluvia o recorriendo países exóticos. Siempre en soledad pero acompañado de un buen libro y música, es común encontrarse al exitoso guionista Robin Wood. Creador de éxitos como Nippur de Lagash, Pepe Sánchez o Dago, dejó su marca en las historietas que conmovieron, y aún lo hacen, a generaciones enteras.

Atardecer en Asunción del Paraguay. Una leve llovizna cae sobre el asfalto y va mojando de a poco todos los rincones, como anunciando la tormenta que marcará definitivamente el fin del verano. El teléfono de un departamento céntrico suena y suena. De repente, la puerta se abre. Mojado de pies a cabeza entra un hombre de unos 58 años que aún conserva el pelo castaño y un cuerpo semi atlético. La pacífica sonrisa se adivina en su rostro antes de que la luz inunde el lugar. Se sienta en su sillón, toma su cuaderno de apuntes y empuña la lapicera. Nada parece faltarle a la jornada. El hombre se siente feliz.

Este podría ser el comienzo de una historieta donde el protagonista es un escritor descendiente de irlandeses amante de la lluvia y de la soledad. Pero no es uno más en la historia. Es Robin Wood.

«Un individuo muy plácido, en cierto modo sin ataduras. Vivo solo, viajo solo, trabajo solo excepto mis dibujantes a los cuales casi nunca veo. En Europa me llamaban el «pasajero de la lluvia» porque una de mis debilidades es esa. Yo tengo que vivir en lugares donde llueva mucho».

-¿Qué le atrae de la lluvia?

-Me encanta, es poética, es dulce, calma. Es hermoso salir a caminar bajo la lluvia en París, Roma, Asunción o Buenos Aires.

-¿Qué lo emociona?

-Música, poesía, la lluvia.

-¿Qué tipo de música?

-No tengo un tipo de música. Me gusta la clásica. También el tango, pero el viejo, el que era más bien tipo milonga, de los compadritos de Almagro. Hay canciones que me gustan y cantantes europeos que me fascinan. Depende de mi humor.

-¿Cambia mucho de humor?

-Me refiero a cuando estás solo de noche, afuera llueve, te servís un vaso de vino y ¿qué vamos a escuchar hoy? música danesa, escandinava, rusa, polaca, tango, folclore argentino. Me refiero a lo que tengo ganas de escuchar, como no sufro de depresiones, mi humor es muy estable.

 

Viajando

¿Quién es Robin Wood? Nacido en 1944, en 1966 sale al mundo su primer historieta en D´artagnan. Pero es en 1967 cuando Historia para Lagash marca el nacimiento de su personaje más famoso, Nippur de Lagash. Desde ese momento Wood fue pilar de las revistas «El Tony», «Intervalo», «Fantasía» y «D'Artagnan» de Editorial Columba, con las historias de Jackaroe, Savarese, Mark, Big Norman, Or-Grund, Dax, Wolf, Morgan, El Cosaco, Aquí la Legión, Kozakovich & Connors, Mojado, Los amigos, Helena, Mi Novia y Yo, Pepe Sánchez, entre otros. A partir de allí, no dejó de recibir reconocimientos ni de escribir, llegando a crear su propia editorial en Europa.

-¿Dónde está viviendo en este momento?

-Buena pregunta. Ojalá pudiera contestarla. En este momento estoy en Asunción, Paraguay; los últimos 30 años he estado viviendo en todas partes, en lugares tan disparatados como Hong Kong, Rusia, y la mayor parte del tiempo en Europa. También he vivido en Buenos Aires. Ahora estoy aquí por un tiempo, después vuelvo a Europa y después veremos.

-¿Por qué cambia tanto de lugares?

-Primero porque me gusta. La ventaja de llevar tu trabajo contigo es que cuando tus vecinos te rompen las bolas, hacés tus valijas y te vas.

-¿Lo molestan mucho los vecinos?

-Generalmente no soy un tipo muy sociable.

Pero además siempre se me ocurre algo, tengo planeado ir a Cuba, Islandia. Simplemente un día me levanto con el humor y me voy.

-¿Por qué viaja solo?

-Porque detesto viajar con gente. Por ahí tenés un vuelo que te puede llevar 15 horas, te sentás con alguien y tenés que hablar. Es mucho más divertido sentarte tranquilo, solo, sin hablar con nadie. Yo soy muy bueno, cuando alguien se sienta al lado y quiere hablar, para descorazonarlo. Me voy con mis libros, mis cuadernos. Es mucho más cómodo.

 

Soledad

-Usted dice que trabaja y viaja solo. ¿En algún momento le pesa la soledad?

-No, al contrario. No estoy solo por ser un neurótico, estar con gente me gusta pero para vivir prefiero estar solo.

-¿Es difícil ser su amigo?

-No, soy un excelente amigo. Tengo amigos con los que me gusta encontrarme pero vivo solo.

-¿La familia cómo reacciona?

-He estado casado, me separé hace 3 años y medio, tengo 4 hijos en Dinamarca. Una vez le preguntaron a uno de mis hijos por mí y él que tenía unos ocho años dijo «mi papá es un señor que a veces está en casa». He sido un buen padre pero también bastante ausente.

-Esas ausencias ¿se la reclaman ellos o se las reclama usted?

-No, ni ellos ni yo. Ellos están acostumbrados. Cuando me casé tuve que volver del Nepal para casarme. Volví, me casé y después de un tiempo me fui a la India. O sea que yo era «un señor que a veces está en casa».

-¿Qué le dejó cada uno de esos países en los que ha vivido?

-Cada uno te da algo diferente. La ciudad que más quiero es Copenague, es la más hermosa, tranquila y bonita pero también he visto otros lugares maravillosos. Crucé el Sahara en camello, bajé el Himalaya en bote de goma, hay miles de anécdotas de ese tipo. O sea que cada lugar es diferentes, puede haber preferencias pero cada país te da algo.

 

Guionista itinerante

«Amanda», «Mi novia y yo», «Nippur de Lagash» o «Dennis Martin». «Intervalo», «El Tony», «Fantasía» o «D´Artagnan». Son palabras clave en la vida de Robin Wood, también conocido como Robert O'Neill, Mateo Fussari, Roberto Monti, Noel Mc Leod, Joe Trigger, Carlos Ruiz o Cristina Rudlinger. Sin embargo, él nunca imaginó que su vida pasaría por una historieta ya que «no elegí ser guionista, fue un accidente», comenta.

-¿Por qué?

-Yo soy una persona que no tuvo mayor educación. Soy de una familia irlandesa, por eso mi nombre. Nací en una colonia australiana en Paraguay, después viví en Buenos Aires y, entre pitos y flautas, no tuve mayor escuela pero tuve una enorme educación que saqué de libros y demás. Así, a los 17 años gané un premio literario y a los 20 otro.

Después decidí ser dibujante, honestamente no tenía ningún talento pero yo insistía, sin resultados. Allí estaba Lucho Olivera, con quien nos hicimos grandes amigos y nos interesaba la historia de la civilización de Sumer, lo que hoy es Iraq. Un día él estaba de muy mal humor porque los guiones que le daban para historietas no eran buenos y me sugirió que les escribiera unos guiones, me contó como se hacían y así salieron los primero Nippur.

De repente empecé a ganar muy buen dinero. Yo trabajaba en una fábrica y después de un año de disfrutar de la bonanza, me compré una mochila, una máquina de escribir portátil, me tomé un barco, fui a Nápoles y empecé a dar la vuelta al mundo mandando mis guiones por correo.

-¿Qué edad tenía?

-26 ó 27.

-¿Y desde ese momento no dejó de viajar?

-Desde ese momento no paré más.

¿Recuerda usted?

-¿Cuál es su relación actual con las revistas como «Intervalo» o «El Tony»?

-Ninguna, la editorial no existe. Ahora hay una gran fiebre de republicación de mis viejos trabajos. En realidad aquí en Sudamérica no se conocen los trabajos míos desde hace 15 años, los nuevos, que ahora se están republicando.

-¿Qué significa para usted que estos trabajos de hace años hoy sigan atrayendo, incluso a las nuevas generaciones?

-Yo tengo mi propia productora y me fascina ver cómo siguen encariñados con ese trabajo. Lo que más me sorprende son los miles de mails de jóvenes. Después están los viejos seguidores. Eso me halaga y me da una gran satisfacción.

-¿Con cual de aquellos trabajos se identifica más?

-Eso es imposible decir porque tengo más de 80 personajes y llevo escritos más de 6.000 guiones de historietas. No te identificás con un personaje. Cuando creo uno lo quiero, me enamoro de él. Algunos resultan bien, otros menos y otros no resultan.

-¿Cuál cree que impactó más?

-Probablemente el clásico Nippur que todavía es reclamado. Pero los otros también me han dado y me siguen dando muchísimas satisfacciones.

-¿En qué cambió de aquella época a hoy?

-Es una evolución. Aprendés a escribir. Al principio yo escribía la historia, el dibujante dibujaba, trabajábamos prácticamente separados. Ahora en cambio hago que las dos cosas vayan bien ensambladas, encajan. Entonces no contás lo que está dibujado, lo reforzás.

-¿Cómo es cuando se sienta a escribir?

-No tengo ningún ritmo o costumbre, simplemente me siento y escribo. Eso puede ser a las 5 de la mañana, a la medianoche o al mediodía, no tengo horarios. Esto me convierte en una persona impredecible.

-¿Un lugar especial para escribir?

-Puedo escribir en un café, un avión, en un mercado, en mi oficina.

-¿La inspiración de dónde viene?

-No tengo inspiración. Cuando me siento a escribir no sé lo que voy a escribir. Es como pescar, escribo la primera línea, que sería la lombriz, y el resto sale solo.

La imagen del escritor esperando que venga la musa, no es así. No tengo musa.

La noche ya inundó la ciudad. Una frisa fresca comienza a soplar, haciendo que las nubes den paso a las estrellas. En el departamento el teléfono suena y suena. Los placares están vacíos y sólo queda un vaso con restos de vino en la mesada. Ya no llueve. Robin Wood se ha ido.

María Elena Larroulet


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