Perfecta e imperfecta belleza

En Berlín se realizan dos exposiciones dedicadas a la belleza y a los defectos.

Por encima de la idea de la adoración por la belleza clásica existe un «culto» por los defectos humanos, una contraposición que la mayor sala de exposiciones de Berlín, la Martin-Gropius-Bau, presenta actualmente en dos exhibiciones. «El clasicismo griego» es una muestra que reúne 700 obras, en tanto que «El hombre (im-) perfecto» es una colección interactiva de imperfecciones humanas. «Fue una simple coincidencia el encuentro físico y temporal de ambas», declaró el coordinador de «El hombre (im-) perfecto», Reinhard Alings.

Si bien las piezas griegas están incompletas y pertenecen a siglos atrás, aún invocan los conceptos de estética y belleza, cuestionados unos escalones más arriba con la larga lista de imperfecciones del hombre. «No se trata del concepto «no perfecto», sino del «imperfecto», una palabra que congrega a toda la humanidad, sin discriminaciones. Decir «no perfecto» implica que en otro lado hay perfección y no es así», explica Alings, quien el año pasado exhibió una muestra similar -con menos imperfecciones- en Dresde (este de Alemania). «El hombre (im-) perfecto» pretende situar al mismo nivel el mundo de las personas con discapacidades físicas y mentales y el de las «normales», al resaltar que ambos tienen la posibilidad de comunicarse y de crear.

En un monitor se ve la cara de un parapléjico hablando de sus logros, en otro el de una persona con síndrome de Down compartiendo su sonrisa, mientras que en un tercero aparece la imagen de uno mismo, lograda con una cámara oculta, a la que muchos escapan y otros tratan de encontrar sus propios defectos.

Son diez salas en total, ordenadas con un cierto sentido cronológico de la historia de las imperfecciones humanas y una temática que reúne las principales habilidades afectadas, el habla, el oído, la vista, la comprensión, la motricidad y el tacto. Incluso se aborda el Nacionalsocialismo, la etapa más sangrienta de la historia de Alemania, en la que, entre otras muchas atrocidades, se practicó la eutanasia a ciegos y sordos.

Entre las curiosidades, destacan menúes de McDonald»s en braille, la mundialmente famosa muñeca de Estados Unidos, Barbie, en silla de ruedas, y hasta una edición del primero de los libros de Harry Potter en Braille. «Me parece una exposición que abarca un lado humano que no conocemos, y además es rápida de recorrer», expresa la estudiante Victoria Roper. La cuidadora de Angela, una señora de edad en silla de ruedas y con mal de Alzheimer, se muestra feliz por las sonrisas de la dama sentada: «Hacía tiempo que no la veía así». «Normales» y discapacitados -estos últimos conforman casi una cuarta parte de la asistencia en general- conocen y reconocen, en unas cinco horas, dos mundos que andan paralelos.

«Percibimos la imperfección cuando no tenemos éxito, pero lo cierto que ésta nos hace ser inventivos y así llenamos los espacios vacíos de nuestras debilidades», concluye Reinhard Alings. (EFE)


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