Piden absolver a la acusada de matar a su esposo

El fiscal dijo que no hay pruebas contra Arellano. El crimen de Nahuelquín, cerca de la impunidad.

Por Redacción

JUDICIALES

BARILOCHE (AB).- Verónica Arellano soportó ayer casi sin inmutarse los filosos y extensos alegatos de los abogados querellantes Mario Altura y Mariela Taboada, que le atribuyeron a partir de indicios la autoría de un plan criminal que finalizó con el homicidio de su esposo, Jorge Nahuelquín. La imputada apenas hizo algunos gestos de desaprobación. Tampoco reaccionó cuando los querellantes pidieron que fuera condenada a prisión perpetua. Sólo cuando el fiscal Eduardo Fernández afirmó que retiraba la acusación por falta de pruebas y pedía al Tribunal que se la absolviera la mujer soltó algunas lágrimas. Antes de que finalizara la audiencia, explotó.

El pedido del fiscal deja a la mujer a un paso de la absolución.

“¡Quiero ratificar que soy inocente y quiero decirle a la familia (de Nahuelquín) que no se lo voy a perdonar nunca el abandono que hicieron de mis hijos!”, afirmó Arellano mirando a los familiares de la víctima, que estaban desconcertados por la postura del fiscal.

“¡Y vos que los dejaste sin padre!”, replicó furiosa la madre de la víctima. “¡Mataron a un hijo, no a un perro!”, advirtió la mujer, que es querellante en la causa. Los hermanos y familiares de Nahuelquín se sumaron y cargaron contra Arellano.

“¡Me mataron a un hermano!”, gritaba, indignado, Alejandro “Taca” Nahuelquín. Y les decía a los jueces que a la imputada “no le corre una lágrima”. “Ella lo mató”, afirmaban otros familiares a menos de tres metros de Arellano.

La hija de la acusada salió en defensa de su madre. La chica, que tiene 17 años, se cruzó a los gritos con su abuela, sus tíos y parientes.

La sala era un caos. Los pocos policías observaban sin intervenir. El presidente del Tribunal, Marcelo Barrutia, ordenó desalojar la sala y anunció que la sentencia se conocerá en los próximos días.

Los jueces Alejandro Ramos Mejía y Gregor Joos, que completan la Cámara Criminal Primera, se marcharon.

Los familiares de la víctima abandonaron la sala. Algunas chicas lloraban, otros expresaban furiosos su descontento.

Nahuelquín fue asesinado la madrugada del 21 de abril de 2011, en la casa 116 del barrio 150 Viviendas. Allí convivía con su esposa y sus dos hijos.

La acusación contra Arellano indicaba que aprovechó que Nahuelquín estaba ebrio y supuestamente le ató las manos para que no pudiera defenderse y lo estranguló. Luego trasladó el cuerpo y lo depositó frente al domicilio. Y para despistar a los investigadores le hizo un corte en el cuello, siempre según la acusación original, cuando Nahuelquín ya había muerto.

“Queda claro que es toda prueba indiciaria y no hay prueba directa que involucre a Arellano”, afirmó el fiscal, quien aclaró que por su función no participó de la etapa de instrucción de la causa.

Advirtió que los indicios que permitieron a la querella fundar una acusación y pedir prisión perpetua contra la mujer por el delito de homicidio agravado por el vínculo y la alevosía, “son todas conjeturas”.

Cuestionó además cada uno de los indicios señalados por la querella y afirmó que son ambiguos.

“Es cierto que hay un estado de sospecha sobre Arellano”, sostuvo Fernández. “Pero mi límite es la objetividad y no puedo forzar razones”, aclaró.

Los defensores oficiales Marcelo Álvarez Melinguer y Juan Pablo Laurence adhirieron al pedido de absolución del fiscal.