Pintura de guerra

Por Redacción

No sólo la oposición avizora la posibilidad de una victoria electoral en octubre próximo, también el gobierno ha comenzado a barruntar en los últimos días que podría experimentar una derrota política a finales de año.

A evitar que esa catástrofe se materialice han estado encaminados los traumáticos pasos dados por Jorge Sobisch esta semana. El líder del MPN volvió de sus vacaciones con una íntima determinación: impedir que una derrota a manos de Kirchner en las elecciones legislativas de este año y un no menos probable revés en la elección de convencionales para la reforma de la Constitución, terminen por drenar su capital político. El gobernador necesita conservar intacto ese caudal hasta último momento, cuando ya se haya esfumado el sueño presidencial, para asegurarse la re-reelección, imponer un sucesor incondicional o, en el peor de los casos, condicionar a quien tenga más posibilidades de ganar la interna del MPN, cuestión de seguir siendo el árbitro de la situación. Los árboles mueren de pie y en la Argentina, está visto, los caudillos no se jubilan.

El manotazo con el que José Brillo fue arrojado del olimpo sobischista resume por sí mismo el dramatismo de la hora. Oficialmente el desplazamiento del hombre fuerte del gobierno ha sido presentado como una renuncia voluntaria, pero no es secreto para nadie que Sobisch lo llamó imprevistamente el miércoles y le pidió que se fuera. «Lo estuve pensando durante las vacaciones; vos me produjiste un desmanejo en el gobierno, no te quiero más de jefe de Gabinete y tampoco tenés lugar en el nuevo equipo», le habría lanzado el gobernador a un Brillo que no salía de su sorpresa, convencido como estaba de que su líder, a pesar de haberle recortado fuertemente el poder con la nueva ley de Ministerios, lo terminaría por confirmar.

Muchos se preguntan por qué tanta dureza, tan cruento y aleccionador espectáculo con uno de los hombres más solventes y fieles que ha tenido el gobernador. Después de todo, hubiera bastado una señal de su jefe para que Brillo se apartara por las buenas de su puesto.

«Este es un mensaje hacia dentro del MPN. El gobernador y su carpa chica buscan reagrupar la tropa de cara a las batallas que se avecinan este año», resumió uno de los políticos con mayor predicamento de la oposición.

Es que tanto en el kirchnerismo como en el entorno del intendente Quiroga no se duda demasiado: Sobisch tiene este año un horizonte electoral cargado de nubarrones. Como la derecha conservadora a la que busca halagar a cada paso, Sobisch estaba persuadido de que Kirchner se estrellaría a corto plazo. Pero contra todos los pronósticos, el presidente salió airoso del default y está más fuerte que nunca. En Neuquén las encuestas le endilgan una imagen positiva que oscila entre el 72 y el 86%.

En semejante contexto, son pocos los que dudan de que Sobisch tiene perdidas de antemano las elecciones legislativas, en las que la oposición se encolumnaría tras la gestión de Kirchner, y aun muchos sospechan que el neuquino enfrenta un panorama delicado en las de convencionales, donde el arrastre de K puede ser importante también.

La designación de Jorge Lara, un virtual jefe de campaña fogueado en el riñón clientelista del gobierno, así

como el ascenso de incondicionales del calibre de Morán o Carlos Sandoval, parecen confirmar que detrás del brutal desplante de esta semana hay un golpe de timón de Sobisch para asegurarse mejores condiciones frente a las elecciones y la sucesión.

Por si hacía falta un dato adicional que lo abone, en el acto de jura del nuevo gabinete el gobernador pronunció un dramático llamado a la unidad, como si quisiera advertir que se puede perder todo. Hasta rescató del olvido a su antiguo enemigo, Felipe Sapag. Acaso fue la percepción a flor de piel de que su poder está amenazado, la que le estranguló la voz una vez más.

En ese acto, el primero de la campaña 2005, deslizó que en el MPN siempre hay una segunda oportunidad, como para que los heridos por este cruento cambio de rumbo conserven al menos alguna esperanza, no sea cosa de que terminen por sumarse a las huestes de Jorge Sapag.

En el cuartel general del ex vicegobernador, el único de los candidatos del MPN que se acerca a Quiroga en las encuestas, no creen en lágrimas de cocodrilo. «Si en un mes Brillo sale con todo el aparato, quedará demostrado que en lugar de víctima sigue siendo un fiel soldado de Sobisch», deslizaron.

Es muy difícil imaginar en qué consiste el «desmanejo» que Brillo le habría ocasionado al gobierno provincial. En definitiva, es un hombre que ha cumplido al pie de la letra las instrucciones del gobernador.

Esto sin perjuicio de que -como es por todos conocido- los ministros «son fusibles» y entre otras cosas el ex jefe de Gabinete fue el principal operador de la reforma constitucional, una iniciativa que Sobisch impulsó sin vuelta atrás y que ahora se ha convertido en una papa caliente que no sabe de qué lado del paladar acomodar.

Tal vez por eso mismo en la Casa Rosada no están convencidos de que Sobisch vaya a convocar a la convención en octubre como está previsto en la ley de la reforma. Piensan, en cambio, que lo más probable es que postergue el llamado para un momento más favorable a sus intereses.

Pero el terremoto de esta semana va en el sentido opuesto a esas presunciones. Da cuenta de que el sobischismo se ha puesto la pintura de guerra. Inclusive, ciertos arrestos inéditos, como la insólita denuncia sobre un supuesto «complot» que el gobierno nacional estaría preparando para desestabilizar al local, parecen dar cuenta de la determinación de ir todo lo lejos que haga falta en la pulseada por ganar las elecciones.

En la oposición interpretan que esta jugada, más allá de la enorme chapucería con que fue pergeñada, es un nuevo intento de embarrar la cancha para contar con un argumento en la campaña presidencial del gobernador, un despliegue obsceno de recursos y marketing que hasta el momento sólo ha recogido indiferencia.

Sin embargo, todo lo que tiene de poco seria la denuncia de Manganaro lo tiene también de inquietante. Primero, porque insinúa una falta de límites incompatible con la convivencia democrática, y también porque sumada a las amenazas a miembros del Poder Judicial y el gremialismo da cuenta de la existencia de una peligrosa escalada. Como ya se sabe, en la Argentina la violencia de las palabras suele preceder a la violencia de los hechos.

Mientras Sobisch jugaba sus cartas, la misión de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) que visitó la provincia para recoger denuncias sobre los ataques a la libertad de expresión, se llevó abundantes elementos que dan cuenta del hostigamiento y la discriminación informativa de que son víctimas este diario y otros medios y periodistas independientes por parte del gobierno.

El organismo continental dará a conocer sus conclusiones en la asamblea que tiene previsto realizar en Panamá dentro de una semana. Pero antes de dejar Neuquén el ex presidente de la SIP, Edward Seaton, adelantó que existe tensión en la relación del gobierno con el diario «Río Negro», y advirtió que en un sistema democrático este tipo de situaciones «no puede derivar en la aplicación de premios y castigos» a los medios por su línea editorial.

 

Héctor Mauriño

vasco@rionegro.com.ar