Poco tiempo para cambiar un país muy movilizado

Análisis

Mauricio Weibel DPA

La líder socialista Michelle Bachelet triunfó en los comicios presidenciales chilenos con el resultado electoral más alto jamás obtenido por un candidato impulsando un programa de reformas constitucionales y sociales tan esperadas como difíciles de aplicar, en un país apático electoralmente y descreído de su clase dirigente, pero muy movilizado en las calles. Aunque contará con mayoría absoluta en el Congreso desde el cambio de mando en marzo, Bachelet sabe que enfrentará demandas desde el inicio de su mandato. Las organizaciones estudiantiles, impulsoras de la ola de miles de protestas que estallaron en 2011, ya anunciaron acciones para 2014 en demanda por educación gratuita y de calidad, por ejemplo. Los estudiantes, liderados por anarquistas y trotskistas, descreen de las promesas de Bachelet y consideran que deben movilizarse para lograr sus demandas. La reforma educativa, que tiene un costo de unos 8.000 millones de dólares en el programa de Bachelet, es una prioridad para la Nueva Mayoría, alianza que aglutina de comunistas a demócrata cristianos. La reforma, que demanda un alza de los impuestos a las empresas, tardará al menos seis años en implementarse, acabando con el sistema actual que obliga a las familias a pagar miles de dólares por educación superior, incluso en las universidades públicas, según Bachelet. Pero la reforma educativa es sólo una arista de los cambios en juego, en un país donde la mitad de los hogares viven con menos de 900 dólares mensuales, pese a que el ingreso anual per cápita es de 21.000 dólares, según el Banco Mundial. Cambiar la Constitución heredada de la dictadura militar, establecer un sistema estatal de administración de pensiones, reconstruir los lazos con los movimientos sociales y fortalecer la diplomacia en América Latina son otros objetivos prioritarios. Todo ello manteniendo los equilibrios al interior de un bloque donde conviven quienes creen en el libre mercado y quienes lo consideran, en cambio, causa de los males sociales del país. En el comando de Bachelet conviven ejecutivos de confianza de empresarios multimillonarios como el exministro René Cortázar con exlíderes estudiantiles como Camila Vallejo. Bachelet, quien ya marcó distancias con la estrategia del hoy presidente Sebastián Piñera en la región, también reconoció que deberá fortalecer los vínculos con América Latina. En especial los resquebrajados lazos con Bolivia y Perú, países que mantienen juicios limítrofes con Chile. La exmandataria deberá pasar ahora de los festejos al gobierno, como la primera mujer en dirigir dos veces el país.


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