“Poder y autoridad en política”



En política, los que triunfan suelen obtener un poder circunstancial otorgado por los ciudadanos para la ejecución de determinado proyecto ofrecido en la campaña electoral. Ese poder puede consolidarse o diluirse según el logro y el modo de ejecución del mismo. La duración acotada está, además, sujeta a la calidad de los preceptos democráticos del candidato que al efecto debe asumir con responsabilidad, respetando los límites impuestos por las leyes a las que se somete mediante formal promesa o juramento. En nuestro país esto es poco frecuente, porque los electos consideran que la mayoría les otorgó el manejo discrecional del poder. Tanto es así que quieren enquistarse en la función y no sólo eso, sino que además ejercen el mando como verdaderos dueños de la cosa pública, disponiendo el uso desmedido del erario y la organización administrativa, que la adecuan para sus mezquinos fines. Los ejemplos de mala ejecución abundan a nivel municipal, provincial y nacional y escasean las administraciones que utilizan buen procedimiento de gestión. Hay que observar gobiernos del exterior para referenciar modelos progresistas y democráticos. Son ejemplos envidiables de sus virtudes republicanas. Estos países vecinos cuentan con gobernantes que ejercen su función respetando el mandato con verdadera honestidad y autoridad, denotando que son dirigentes probos y verdaderamente democráticos Autoridad es la virtud que los gobiernos deben demostrar, in crescendo, a medida que ejercen la tarea que asumieron en representación de las mayorías. Este atributo político se logra mediante la gestión transparente y efectiva a favor de todos los ciudadanos que integran la comunidad. Puede ser modesta o brillante, pero es la condición necesaria para alentar esperanzas de país progresista con sombra propia en el concierto de naciones. Recursos tenemos sobradamente, incluyendo el intelectual, sólo que nos falta hallar el procedimiento idóneo de acabar con las malas prácticas de nuestra dirigencia. Cuando ello ocurra, será que el ciudadano medio argentino habrá superado su crisis adolescente y podrá exigir, al gobierno elegido, gestión eficiente ejercida con autoridad y transparencia. ¡Ésta es la cuestión! La demagogia, el populismo, el clientelismo son los hábitos que es imprescindible que desaparezcan de nuestro territorio institucional, porque son el mal que nos aqueja desde hace muchos años. Cuando ocurra vamos a empezar a transitar una nación orgullosa de sí misma y con lacras reducidas al mínimo, como ocurre en países normales. Hoy están amenazantes, produciendo una peligrosa situación de caos social Omar A. González, DNI 5.749.340 Neuquén

Omar A. González, DNI 5.749.340 Neuquén


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