¿Por qué crecemos los evangélicos?





RUBÉN PROIETTI *


Desde Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina (Aciera), vemos con beneplácito el nuevo estudio del Conicet sobre “Creencias y actitudes religiosas en Argentina”. En un país en donde el diálogo interreligioso es un ejemplo y un modelo de exportación al mundo, es necesario conocer acerca del crecimiento de las comunidades religiosas y su pensamiento en relación a los temas que hoy están en agenda.

De alguna manera la encuesta viene a llenar un vacío del que todavía el Estado no se ocupó, y animamos al Gobierno entrante a incorporar en el próximo censo nacional del año venidero “¿En qué creen los argentinos?“, ya que nuestro país cuenta según la encuesta del Conicet con una importante masa crítica de fe.

El aumento del segmento evangélico del 9 al 15,3% en los últimos once años muestra claramente que el crecimiento numérico de la comunidad evangélica se debe a la presencia de las iglesias en los barrios, en los comedores, en la atención a la tercera edad y a personas con discapacidad; a su vez, una iglesia que recupera al adicto, reconcilia a la familia en crisis, proporciona toneladas de alimentos y ropa, visita las cárceles, brinda una mano extendida a quienes están en la pobreza e indigencia, además de su accionar frente a emergencias climáticas y humanitarias, estando cerca de la mujer en condición de vulnerabilidad, en la contención y educación de las nuevas generaciones. Pero por sobre todo con un mensaje de esperanza, centrado en la fe en Jesús, el único capaz de transformar las vidas por el poder con que Dios le resucitó de los muertos.

Los resultados arrojados por la encuesta nacional del Conicet nos demuestran que estamos listos para que se constituya en un derecho de las comunidades de fe el ejercicio de la libertad e igualdad religiosa, el cual reza nuestra Constitución nacional. Estamos a la espera de una ley de libertad religiosa que permita un mejor servicio de parte de las iglesias, sus pastores y fieles, en materia social, educativa, de salud y espiritualidad.

Las opiniones de los encuestados muestran una clara tendencia a la separación de la Iglesia y el Estado, la no asignación económica para el sostenimiento del culto, la no enseñanza confesional en las escuelas públicas, como principios de igualdad religiosa. Los evangélicos lo predicamos y nos valemos de nuestros recursos para el servicio a los demás, respetando la libertad que cada ser humano tiene de creer o no creer, de asistir o comprometerse con la misión de la comunidad de fe a la cual cada creyente pertenece. Tal como lo manifiesta la encuesta, cada vez más jóvenes se acercan a nuestros templos. Buscan un modelo al cual seguir. Allí se les presenta la persona de Jesús, quien les inspira a ser protagonistas de la acción social, a defender los valores de la vida y la familia y, por sobre todo, ser portadores de un mensaje de fe y esperanza. La práctica de la oración, la lectura de la Biblia y el escuchar música cristiana como un estilo de vida son el fruto de quienes han experimentado un cambio interior y exterior a través de una relación personal con Dios. Dicha fe genera paz con uno mismo, con los demás y con un Dios cercano que se interesa por nuestro diario vivir. Esa paz produce gente de buena voluntad, comprometida con el cuidado de la vida, el trabajo, las buenas obras, sin distinción del nivel educativo o estándar de vida.

Las manifestaciones públicas en favor de las dos vidas por parte del pueblo evangélico que se reflejan en esta encuesta son el producto de la unidad, el respeto por nuestra Constitución y la vida misma desde la concepción, valores que se multiplican en los creyentes evangélicos a pasos agigantados. La fe de los creyentes, como dijo Jesús, mueve montañas, y los resultados de la encuesta nos permiten interpretar la necesidad de que una Nación se vuelva a Dios para ponerse de pie y derrotar los flagelos que sumergieron al país en una profunda crisis. Pero nada está perdido, porque más creyentes redundan en más solidaridad, más dedicación, más esfuerzo, mayor disposición al diálogo y al consenso, para construir todos juntos la nación que Dios bendice.

*Presidente de la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas


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