Preguntas al «modelo»

Por estos días preelectorales andan los candidatos del oficialismo batiendo el parche que promete pesares de todo tipo para los argentinos si el actual «modelo» no resulta triunfante el 28 de junio. Y el gobierno ha puesto a rodar una nueva línea de préstamos para vivienda (tasa fija y muchos años) a través del Banco Hipotecario SA, con «dineros frescos» tomados de la Anses, es decir de los aportes jubilatorios de millones de argentinos.

Hace tiempo que se conocía la intención del PEN de instalarse nuevamente en el manejo del BH, privatizado durante el menemismo e impiadosamente desfinanciado de ahí en adelante, a punto tal de haber quedado incorporado a las «Memorias del saqueo» que propone Pino Solanas en uno de sus últimos trabajos.

Durante esa década infame, el Hipotecario «deshilachó» los préstamos hipotecarios otorgados años antes y para hacerlo se valió de «herramientas», como alterar una ley de orden público -la 23.928 de Convertibilidad del Austral- mediante resoluciones internas emanadas de su Directorio, perpetrando así un verdadero atropello jurídico.

Contó para ello con la complicidad del «modelo» de aquel entonces, que además proveyó generosamente, desde el Congreso, un par de leyes indispensables para concretar la privatización parcial de la entidad y así «cerrar» el negociado.

Han transcurrido varios años desde que los tomadores de aquellos créditos comenzaran a alzar su voz en contra de lo que entendían como un manejo abusivo del Banco y ya son numerosos los fallos judiciales que acompañan los fundamentos de los «perjudicatarios», estimando -entre otras cosas- que los montos adeudados llegaron a abultarse injustificadamente? ¡hasta en un 45%!

Como resultado de la presión ejercida por la gente, el 21 de noviembre de 2007 el Congreso de la Nación sancionó la ley (también de orden público) Nº 26.313, disponiendo el recálculo de aquellos mutuos preconvertibilidad (abril 1991), para lo cual habrían de tenerse en cuenta «únicamente las condiciones establecidas por la operatoria de origen?».

Sin embargo, pocos días después (6/12/07, cuatro antes del ingreso de su esposa a la Rosada), el ex presidente Kirchner, silenciosamente y usando la figura del veto presidencial, resolvió que un recálculo de deuda en tales términos «dejaba de lado situaciones que se habían consolidado bajo la vigencia de diversas disposiciones y que ello afectaba la seguridad jurídica y el derecho de propiedad» (del Banco, por supuesto).

Es decir: el mismo ex presidente que por estos días pide a los banqueros que «ajusten» sus pretensiones a las necesidades de la gente bajando las tasas de interés (no obstante haber mantenido vigente la ley de Entidades Financieras y la Emergencia Económica) convalidó, a través del decreto 1.853/07, muchos de los despropósitos perpetrados por el Hipotecario en contra de esos argentinos.

Al final la ley salió como el Banco quería y en diciembre del 2008 se dictó el decreto reglamentario Nº 2.107, que de manera insólita deja en manos del propio Banco la confección de las cuentas definitivas en cada caso. Es decir: la misma institución que -como lo han señalado jueces de todo el país- se encargó de traicionar la letra de los mutuos hipotecarios, indexándolos indebidamente, capitalizando ilegítimamente los intereses, estirando injustificadamente los plazos contractuales, va a ser la encargada de la liquidación final.

Entonces, algunas preguntas se imponen:

Si «aquel modelo» de los ´90 privatizó el Banco Hipotecario Nacional transformándolo en una entidad financiera más, permitiéndole manejos espurios con su cartera de clientes a través de un modus operandi comprobado que -además- terminó por desfinanciar las arcas de la institución (por eso hoy tienen que recurrir a la Anses para impulsar nuevas líneas de créditos) y «el actual modelo» ha convalidado legislativamente aquellos atropellos, ¿por qué la gente tiene que concederles tanta credibilidad a los cantos de sirena que hoy se propalan desde el gobierno camino a las elecciones?

Si mañana hacen falta fondos para restaurar la estructura solidaria sobre la que supuestamente están asentados los haberes jubilatorios, ¿por qué los nuevos adjudicatarios deberían estar seguros de que no se permitirá nuevamente (a través de una ley, decreto o simple resolución interna del Directorio del Banco) alterar las tasas de interés que hoy se prometen fijas e invariables, tal como ya se hizo?

Si los jubilados tienen que pagar en «mercados paralelos» tasas usurarias de hasta el 40% para obtener préstamos de mil o dos mil pesos destinados a apuntalar una economía personal de supervivencia, y al mismo tiempo ven cómo sus aportes se utilizan para otros fines vedados para sus magros ingresos, ¿por qué tienen que creer que el mañana les asegura un retorno integral, justo y equitativo de sus contribuciones al sistema?

Es cierto que el país ha mejorado en muchos aspectos. Siempre es posible, en términos comparativos, decir tal cosa en la Argentina, ya que nuestra historia nos depara altibajos que habilitan -invariablemente- períodos de algún bienestar posteriormente maltratado por desgobiernos que cada tanto (me animo a decir cíclicamente) se encargan de tumbar los castillos de naipes que con lógicos temores hemos sabido construir.

La mayoría de los actores subidos al escenario de la política argentina actual no es merecedora de aplausos muy generosos. Al contrario. Por lo pronto, están casi todos los que supuestamente se iban a ir una vez terminada la crisis del 2001. Es decir: «el modelo» sigue siendo el mismo. Por eso las preguntas.

 

MARIO ÁLVAREZ (*)

Especial para «Río Negro»

(*) Abogado

MARIO ÁLVAREZ


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