Primeras figuritas para el álbum

Redacción

Por Redacción

LA SEMANA ECONÓMICA

Tardaron en aparecer pero, cuando faltan menos dos semanas para el primer balotaje presidencial de la historia argentina, comenzaron a hacerse públicos los primeros –e incompletos– lineamientos de la política económica que aplicarían Mauricio Macri o Daniel Scioli a partir del momento en que uno de ellos reciba el bastón y la banda de manos de Cristina Kirchner. Por ahora hay muchos más huecos que figuritas pegadas en el imaginario álbum que deberá completar, a más tardar el 10 de diciembre, el candidato que se imponga en la segunda vuelta. Sin embargo, algunas de las últimas declaraciones de Macri y Scioli como de sus principales referentes económicos, ya permiten vislumbrar al menos qué haría –y no haría– quien resulte presidente electo. A ellas deben sumarse los trascendidos que surgen de las charlas off the record de integrantes de sus equipos técnicos, donde suele hablarse de las figuritas más difíciles, muchas de las cuales aún no están disponibles. Más allá de la temeraria “campaña sucia” lanzada por el oficialismo, en términos políticos Macri continúa presentándose como el impulsor del cambio y Scioli de la continuidad del modelo económico K. No obstante, conviene evitar comparaciones en base a estos parámetros. Con uno u otro habrá cambios en algunos aspectos y continuidad en otros, obligados por la pesada herencia macroeconómica que dejará el gobierno de CFK. En todo caso, las diferencias estarán en la magnitud de los cambios (mayores con Macri, menores con Scioli) y, fundamentalmente, en el ritmo de aplicación. Ambos sostienen la necesidad de impulsar la inversión privada y bajar la inflación (en dos años el primero, en cuatro el segundo) para que la economía vuelva a crecer y generar empleos. Pero para lograrlo no ignoran el costo político que implica corregir los desequilibrios a heredar. Por eso la palabra “ajuste” fue borrada y reemplazada por una colección de eufemismos por parte de ambos candidatos. De ahí que, en su último informe mensual, el economista Miguel Ángel Broda haya definido las diferencias entre los planes como “ortodoxia con viabilidad política” (Macri) y “heterodoxia sin mala praxis” (Scioli). Como punto de partida, ambos ya saben que encontrarán el Banco Central casi sin reservas líquidas (con pasivos en divisas que ya superan a los activos) y un drenaje acelerado por las ventas récord de dólar-ahorro para deprimir al paralelo y dar la sensación de que la situación no sería tan grave. Aquí la diferencia es que Macri ya lo sinceró (“vamos a recibir un BCRA pelado”, dijo) y Scioli optó por la variante positiva (“ingresarán 30.000 millones de dólares en el primer trimestre de 2016”), sin explicar de dónde vendrán. Aún así, ambos coinciden en que deberán negociar una salida al conflicto con los holdouts para recuperar el acceso al crédito externo y amortiguar los ajustes en la política cambiaria, fiscal y monetaria. Cambiemos propone además la reforma de la carta orgánica del BCRA y del Indec, con el probable apoyo de UNA en el Congreso. En cambio, Scioli ratificó semanas atrás a Alejandro Vanoli al frente del BCRA (aunque en su equipo lo relativizan) y sólo ahora su ministra Silvina Batakis apoyó la idea de transformar el Indec en una agencia para recuperar la credibilidad de las estadísticas oficiales. Principales diferencias No son las únicas diferencias. El candidato de Cambiemos apunta a un shock cambiario y desregulador de la economía, pero con gradualismo fiscal. En tanto, el del FpV prevé un plan más gradual, con el agregado de medidas dirigistas y créditos de fomento, caso por caso, por parte del Estado. Aunque Macri reiteró que su primera decisión política será levantar el cepo y volver a un tipo de cambio único, Alfonso Prat Gay (extitular del BCRA que podría volver a esa función) acaba de admitir lo que implica ese anuncio: subirá el dólar oficial y bajarán los demás, dijo. La apuesta es que reaparezcan la oferta de dólares y la producción agrícola retenida mientras se gestionan créditos externos. Antes había considerado “muy alto” un dólar paralelo de 16 pesos y –con la ayuda de las ventas de dólar ahorro– el mercado parece creerle: cerró la semana última en 15,15 pesos. También ya está previsto eliminar de un plumazo los permisos previos para la exportación agroindustrial (ROE) y todas las retenciones (salvo soja, con una baja de cinco puntos anuales). Sin embargo, no está claro cómo se evitará el impacto sobre los precios internos (especialmente de alimentos) si, como se espera, el tipo de cambio oficial se ubica 30/40% por encima del actual. La misma incógnita vale para el salario real. Scioli viene repitiendo que no habrá devaluación (“brusca”, aclaran en su equipo), ya que prevé mejorar el tipo de cambio por vía fiscal, mediante una eliminación acordada de retenciones (incluso las bajaría de 35 a 20% para soja) y con mayores reembolsos y agilización de reintegros de IVA. Estas medidas no alcanzarían a recuperar el atraso cambiario (en especial, frente a Brasil), aunque contemplan un dólar oficial “administrado” con posteriores ajustes mensuales por encima de la inflación. Además mantendrá el cepo cambiario, con prioridad para importaciones y en detrimento del dólar-turista, gravado con impuestos. Para recomponer las reservas, su equipo también apuesta a la liquidación de “agrodólares” retenidos, así como a un “blanqueo” amplio (ideado por su asesor Miguel Bein) a través de un bono en dólares cotizable en el mercado y exento de impuestos. Tampoco descarta una suba de la tasa de interés (al 5% anual) para los depósitos locales en moneda extranjera. En este esquema, el riesgo es que la devaluación inicial “quede corta”, no incentive la oferta de dólares, ni se reduzca la brecha cambiaria. Para atenuar el impacto inflacionario prevén mantener los “precios cuidados” y los controles en los rubros más sensibles. En ambos casos la clave del éxito o fracaso de la política cambiaria será lo que ocurra con el tipo de cambio real. Y ello dependerá de la credibilidad del “plan integral” que prometen los dos candidatos. Para reducir el déficit fiscal y no fogonear la emisión monetaria de arrastre, el equipo de Macri prevé ir desmantelando los subsidios a la energía y el transporte (especialmente en Capital y Gran Buenos Aires), pero no cobrar la electricidad a los hogares con consumos más bajos (100 kWh). A cambio, bajará la presión del impuesto a las Ganancias sobre asalariados y autónomos. Scioli acaba de agregar a sus anuncios de campaña que mantendrá los subsidios, además de subir el mínimo no imponible de Ganancias y otorgar el 82% móvil a los jubilados (se supone que a quienes cobren el haber mínimo). El problema es que al bajar fuerte los ingresos impositivos y mantener alto el gasto, no podría cumplir con su objetivo de alinearlos. Si el déficit fiscal se mantiene inicialmente en 7% del PBI, se verá obligado financiarlo con más emisión, endeudamiento interno y externo. De ahí que, aún sin conocer el resultado del balotaje, algunos economistas ya proyecten un 2016 no tan idílico como el los discursos de campaña. En otras palabras, con altas tasas reales de interés, bajo crecimiento, una inflación algo más alta e incógnitas sobre cómo y cuándo se negociarán las paritarias. Aún así, todavía falta para dilucidar si la Argentina volverá a la ruta de la inversión y el crecimiento económico, o se conformará con circular por la embarrada banquina de la estanflación.

NÉSTOR O. SCIBONA


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