Provincia sin garantías

Por Alicia Miller

Por Redacción

Si los rionegrinos son muy crédulos, es un tema a resolver.

Lo cierto es que, en estos días, están siendo sometidos desde el gobierno a una verdadera andanada de afirmaciones de dudosa comprobación y de aún menos probable concreción.

El gobernador y otros dirigentes del partido de gobierno acaban de decirles a los rionegrinos que confían en que Fernando de la Rúa, si llega a la presidencia de la Nación, le otorgará a la provincia un punto más de coparticipación. No es nuevo: en el mismo sentido se expresó más de una vez Verani durante la campaña electoral.

Claro que con un punto más de distribución diaria de ingresos nacionales, la provincia podría -no digamos solucionar- sí atenuar al menos sus problemas. Es decir: no podría resolver su deuda, que según las previsiones llegará a marzo engrosada a unos 1.200 millones de dólares, lo que significa nada menos que dos presupuestos anuales. Pero sí podría mejorar su liquidez mensual para seguir gastando -como hasta ahora- más de lo que recibe y hasta darse el lujo de hacer alguna obra pública con fondos propios, como en los viejos tiempos. Eso significa que podría -prácticamente- licuar su ineficiencia por la vía más fácil: un aumento casi milagroso de los ingresos.

Lo que nadie ha dicho es que, para lograrlo, alguna de las restantes provincias debería estar dispuesta a resignar un punto de su propia coparticipación, o -en su defecto- varias de ellas a regalarle algunas décimas a Río Negro, sólo porque el eventual futuro presidente se los pidiera para hacerle un presente a su amigo, el gobernador Verani.

Lo llamativo del caso es que ni siquiera la oposición política rionegrina -reducida casi exclusivamente al golpeado peronismo y a un Frente Grande demasiado ocupado en resolver cuestiones locales- parece haber captado la liviandad de la aseveración, y ha dejado pasar la oportunidad de contestarla y de aportar a los rionegrinos la información necesaria para que puedan interpretar la frase.

Otra solución «mágica» presentada desde el gobierno en los últimos días es el crédito del Banco Ciudad, solicitado por teléfono por Verani desde Marbella al celular de Fernando de la Rúa, con el cual la provincia podría terminar de pagar los salarios de agosto antes de que comience octubre. A pesar del optimista anuncio inicial, y como no podía ser de otra forma, ahora se sabe que el intendente porteño dijo «ajá…» y dejó todo en manos de las áreas técnicas del banco que, si cumplen con su función, deberán cuidar que el préstamo a Río Negro esté suficientemente respaldado por garantías. ¿Alguien pensó en que podía ser diferente? ¿Que el ser radical podía abrir las puertas de un préstamo de favor, del tipo 'paga Dios', como los que entregó durante años el ex Banco Provincia de Río Negro? La demora y las exigencias del Banco Ciudad muestran que ni los directores están dispuestos a suscribir una operación así, ni De la Rúa quiere dar señales de que, si llega al gobierno, hará un manejo discrecional del dinero público. Algo es cierto: desde la primera llamada de Verani desde España, el gobernador a cargo, Bautista Mendioroz, telefoneó al referente radical Rafael Pascual y a quien pudo. Es decir: al crédito no le faltó impulso político. Sólo le faltan, por ahora, garantías.

Tal vez por eso, el ministro de Economía provincial, José Luis Rodríguez, salió del Banco Ciudad confiando más en que Economía destrabe el dinero pendiente desde la construcción del gasoducto cordillerano. Y no porque el ingreso de esos 15 millones sea inminente, sino porque, al menos, para eso no habrá necesidad de vencer el pudor que da exhibir las cuentas fiscales rionegrinas, como sí lo exige un crédito bancario.

Pero, como ha revelado este medio y admitido el subsecretario de Hacienda, Carlos Bravo, no bastará ni con una cosa ni con la otra, ya que la provincia necesita, para llegar a fin de año, una inyección de 50 millones de pesos.

El vicegobernador, en tanto, dijo que espera el ingreso de la cuota de 25 millones del Banco Mundial, para pagar la deuda a municipios y proveedores. Claro que esto también puede causar confusiones, ya que el dinero del Banco Mundial no es para eso sino para pagar las reformas en el Estado que lo lleven a gastar menos en el futuro, y no precisamente para mantener el actual nivel de gasto. Es más, Verani volverá hoy al país y, sin asumir siquiera la gobernación, partirá hacia Washington para pedirle al Mundial que amplíe los fondos asignados a Río Negro, aunque sabe que tiene pocos logros para mostrar.

En suma: el efecto de los «pases mágicos» es etéreo y la realidad señala que octubre comenzará sin que gran parte de los docentes haya cobrado su sueldo de agosto y con los municipios en cesación de pagos, lo que puede traducirse en inquietud social, paros y problemas. En este punto del año, parecen cumplirse inexorablemente los temores que llevaron a Verani a adelantar los comicios provinciales a junio. Lo malo es que aún deberá gobernar otros cuatro años, y ni sus funcionarios parecen saber cómo transcurrirán.