“¿Quiénes de las partes son realmente las discapacitadas?”

Redacción

Por Redacción

Tengo 24 años. Nací y me crié en Bariloche y por esas cosas de la vida me tocó llegar a este mundo con capacidades diferentes que hoy, con la edad que tengo, puedo decir que a veces son un obstáculo para ciertas cosas pero más que nada son la más importante fuente de fortaleza para mí y para quienes forman parte de mi vida. El síndrome que con el nací (Sturge Weber) prácticamente me sentenciaba a no poder hablar, pararme, caminar ni coordinar actividades motrices y otro cúmulo de, podría decirse, malas noticias. Es cierto que tengo mis limitaciones, eso es innegable, pero la perseverancia, la fuerza y el amor muchas veces desafían cualquier diagnóstico médico. Así, superé cualquier predicción médica y pude ir al jardín, al preescolar, a la primaria y a la secundaria. No sin luchar, no sin pelear junto a mi familia contra este sistema maldito que les pone trabas y en la mayoría de los casos deja afuera a las personas con capacidades diferentes, pude sentar precedentes, conseguir el apoyo de las instituciones educativas a las que asistí, integrarme, aprender y tener muchas satisfacciones. Como muchos chicos de Bariloche que terminan el secundario, decidí elegir mi ciudad y confiar en una de las universidades de nuestra provincia para continuar mis estudios, porque puedo, porque es mi derecho y porque también tengo derecho a crecer como persona en esta sociedad, tener un espacio en el cual desempeñarme. Ingresé a la carrera de Arte Dramático de la Universidad de Río Negro en el 2012. Me exceptuaron de rendir los exámenes de ingreso luego de hablarlo con las autoridades para que se ajustaran a mi condición y me dejaron ingresar como alumna vocacional; esto quiere decir que al final de la carrera te otorgan un título vocacional. El alumno vocacional, según el cuadernillo de apoyo a los estudiantes ingresantes a la Universidad Nacional de Río Negro Sede Andina, “es aquel que, sin estar inscripto a la carrera, solicita la inscripción a determinada materia para cursarla con las mismas condiciones que un alumno regular”. Por diversas razones que tienen relación con mi condición de alumna vocacional debido a mi discapacidad, desde el comienzo de mis cursadas hasta hoy es una situación donde puedo percibir cierto trato de discriminación solapada. Esto resulta claramente contradictorio, ya que desde las autoridades de la facultad se llega a ciertos acuerdos con respecto a las cursadas y sus contenidos y sin embargo siempre me encuentro con realidades totalmente diferentes que atentan contra mi fortaleza psicológica por el manejo totalmente desorganizado por parte de la institución, las autoridades, los docentes y el personal, que no está capacitado para guiarme y ayudarme con los contenidos, y sobre todo, la poca (o podríamos decir casi nula) investigación acerca de mi caso particular (tipo de discapacidad, limitaciones, fortalezas, trasfondo familiar y social , etcétera). Siempre he contado con el apoyo de las instituciones y lo he visto manifestado en hechos: adecuación curricular en primaria y secundaria después de haber logrado con mucha pelea el decreto a nivel provincial, con el acompañamiento de una asistente. Así terminé el secundario con el título que me habilita para asistir a la facultad. Es en virtud de mi experiencia pasada que hoy no logro comprender cuál es la dificultad, rechazo o miedo por parte de algunos docentes que dictan cátedra en la Universidad de Río Negro hacia una alumna con capacidades diferentes. Debido a este impedimento es inevitable preguntarme quiénes de las partes son realmente las discapacitadas para enfrentar la realidad, que no es sólo mi realidad sino la de muchas personas con capacidades diferentes que tienen el deseo de ir a una universidad, de sentirse integradas. Denise Jaqueline Pizarro DNI 35.817.871 Bariloche

“El personal no está capacitado para guiarme y ayudarme con los contenidos”.

Denise Jaqueline Pizarro DNI 35.817.871 Bariloche


Tengo 24 años. Nací y me crié en Bariloche y por esas cosas de la vida me tocó llegar a este mundo con capacidades diferentes que hoy, con la edad que tengo, puedo decir que a veces son un obstáculo para ciertas cosas pero más que nada son la más importante fuente de fortaleza para mí y para quienes forman parte de mi vida. El síndrome que con el nací (Sturge Weber) prácticamente me sentenciaba a no poder hablar, pararme, caminar ni coordinar actividades motrices y otro cúmulo de, podría decirse, malas noticias. Es cierto que tengo mis limitaciones, eso es innegable, pero la perseverancia, la fuerza y el amor muchas veces desafían cualquier diagnóstico médico. Así, superé cualquier predicción médica y pude ir al jardín, al preescolar, a la primaria y a la secundaria. No sin luchar, no sin pelear junto a mi familia contra este sistema maldito que les pone trabas y en la mayoría de los casos deja afuera a las personas con capacidades diferentes, pude sentar precedentes, conseguir el apoyo de las instituciones educativas a las que asistí, integrarme, aprender y tener muchas satisfacciones. Como muchos chicos de Bariloche que terminan el secundario, decidí elegir mi ciudad y confiar en una de las universidades de nuestra provincia para continuar mis estudios, porque puedo, porque es mi derecho y porque también tengo derecho a crecer como persona en esta sociedad, tener un espacio en el cual desempeñarme. Ingresé a la carrera de Arte Dramático de la Universidad de Río Negro en el 2012. Me exceptuaron de rendir los exámenes de ingreso luego de hablarlo con las autoridades para que se ajustaran a mi condición y me dejaron ingresar como alumna vocacional; esto quiere decir que al final de la carrera te otorgan un título vocacional. El alumno vocacional, según el cuadernillo de apoyo a los estudiantes ingresantes a la Universidad Nacional de Río Negro Sede Andina, “es aquel que, sin estar inscripto a la carrera, solicita la inscripción a determinada materia para cursarla con las mismas condiciones que un alumno regular”. Por diversas razones que tienen relación con mi condición de alumna vocacional debido a mi discapacidad, desde el comienzo de mis cursadas hasta hoy es una situación donde puedo percibir cierto trato de discriminación solapada. Esto resulta claramente contradictorio, ya que desde las autoridades de la facultad se llega a ciertos acuerdos con respecto a las cursadas y sus contenidos y sin embargo siempre me encuentro con realidades totalmente diferentes que atentan contra mi fortaleza psicológica por el manejo totalmente desorganizado por parte de la institución, las autoridades, los docentes y el personal, que no está capacitado para guiarme y ayudarme con los contenidos, y sobre todo, la poca (o podríamos decir casi nula) investigación acerca de mi caso particular (tipo de discapacidad, limitaciones, fortalezas, trasfondo familiar y social , etcétera). Siempre he contado con el apoyo de las instituciones y lo he visto manifestado en hechos: adecuación curricular en primaria y secundaria después de haber logrado con mucha pelea el decreto a nivel provincial, con el acompañamiento de una asistente. Así terminé el secundario con el título que me habilita para asistir a la facultad. Es en virtud de mi experiencia pasada que hoy no logro comprender cuál es la dificultad, rechazo o miedo por parte de algunos docentes que dictan cátedra en la Universidad de Río Negro hacia una alumna con capacidades diferentes. Debido a este impedimento es inevitable preguntarme quiénes de las partes son realmente las discapacitadas para enfrentar la realidad, que no es sólo mi realidad sino la de muchas personas con capacidades diferentes que tienen el deseo de ir a una universidad, de sentirse integradas. Denise Jaqueline Pizarro DNI 35.817.871 Bariloche

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