Quijotadas

Por Redacción

por:

NESTOR TKACZEK

ntkaczek@hotmail.com

Ahora que el almanaque se adelgaza y desciende sus dos últimos peldaños, y la fiebre celebratoria por los cuatrocientos años (que ha provocado hemorragia de artículos, libros, nuevas ediciones, congresos, homenajes, etc.) ha vuelto a niveles normales; quizás convendría, digo, compartir algunas notas sueltas sobre «El Quijote» de Cervantes.

• Acercarse, desde lo físico a la novela es ya un síntoma de coraje, impone respeto, es que mil páginas, como mínimo, para cualquier lector moderno es sinónimo de huida. Ni qué hablar cuando ingresamos a su texto, las dificultades que tenemos para comprender el lenguaje del siglo XVI y el contexto de la época hace que renunciemos a la aventura.

Por eso el Quijote no es una obra «fácil», no tiene por qué serlo, supone un entrenamiento de lector, de lo contrario será un intento frustrado a la fortaleza de sus secretos. Muchas veces he oído expresiones como «no se entiende nada», «es reaburrido», «un plomazo», expresiones con las que descalificamos lo que no entendemos y cuando uno les pregunta a esas personas cuántas horas dedica por semana a la lectura de ficción, la mayoría duda si algunas o ninguna.

• El Quijote es una novela para lectores maratonistas, lectores que tienen un largo y apasionado gusto por la literatura; para los advenedizos el pasaje es muy estrecho.

• «El Quijote» puede pensarse también como un libro sobre la lectura y es el propio Quijote el lector ideal, el lector que todos los escritores quieren, aquel que cree a tal punto la ficción que resuelve vivirla con toda su persona. El lector por antonomasia, el que pone el cuerpo y desconcierta a los demás tanto que deciden llamarlo «loco».

• Desconcierto produjo su autor en el mundillo intelectual de su tiempo, Cervantes, nacido en 1547, al publicar «El Quijote» tenía ya 57 años, era un hombre viejísimo para la época (el promedio de vida no superaba los cuarenta), y en la consideración de sus pares ya había dado todo lo que se podía esperar de él: algunas piezas menores y la novela pastoril «La Galatea». Cuando aparece «El Quijote» y tiene tal éxito de público, los demás se sorprenden y se preguntan cómo este vejestorio, ya casi olvidado para la literatura saca una obra genial; los odios, envidias e intrigas no se hacen esperar.

• Sobre el origen del nombre «Quijote», nombre con que se bautiza el protagonista Alonso Quijano, Quijada o Quesada hay varias conjeturas, Para algunos críticos la terminación «-ote» se destina muchas veces a términos ridículos o risueños por lo que la combinación «Don Quijote» podía resultar graciosa debido a que el término «Don» sólo era aplicado a los caballeros. Para otros el nombre proviene de una pieza de la armadura caballeresca que cubría el muslo.

• La cárcel es un territorio conocido por Cervantes y siempre se habla de sus numerosas estadías -en Argel, en Sevilla, por ejemplo- como los sitios donde pudo haber imaginado «El Quijote»; pocas veces de la cárcel como el lugar del delito.


Exit mobile version