Recorrer el mismo camino sería ideal

Con un equipo sin grandes figuras, Argentina estuvo a un paso de la final.

Ganar la Copa Davis es la gran deuda del tenis argentino y para saldarla el camino a recorrer es el mismo que transitaron los capitaneados por Daniel Orsanic, pese a la dolorosa derrota frente a Bélgica cuando acariciaban una nueva final. Después de una década en la que la generación más rica y talentosa de la historia del tenis argentino desaprovechó varias oportunidades para ganar la Ensaladera de Plata, un equipo sin una figura de renombre mostró, contra todos los pronósticos, cuál es el camino para lograr el objetivo que se postergó tantas veces. Despojados de los egos y sin privilegiar intereses personales, Leonardo Mayer, Federico Delbonis, Diego Schwartzman y Carlos Berlocq estuvieron a un paso de llegar a una instancia a la que ni el más optimista podía imaginar. Con este equipo se debe, más que nunca, mirar el vaso medio lleno, más allá de que enfrente estuviera Bélgica, un rival soñado para la siempre muy difícil instancia de semifinales. Es verdad que el debut ante Brasil y luego la visita de Serbia sin Novak Djokovic alimentaron la ilusión, pero también que los jugadores argentinos dieron todo y estuvieron a la altura. “Hicimos lo que pudimos. Somos esto, no hay más”, comentó Orsanic después de la derrota. Es eso, no había más. No estaba Juan M. Del Potro, ni Juan Mónaco, ambos lesionados. Argentina visitó a un equipo que tiene en David Goffin un jugador que está muy por encima del resto de los que participó en la eliminatoria. Así y todo acarició la victoria. Es verdad que Delbonis pudo haberle ganado a Steve Darcis, pero el belga jugó en gran nivel. Para saldar la deuda más cara al sentimiento de los amantes del tenis argentino será clave esperar por la recuperación de Del Potro y, sobre todo, que el tandilense se convierta en uno más dentro de un equipo cuya característica distintiva fue tener un liderazgo horizontal, con todos los jugadores a un mismo nivel. Hace un año, los mismos tenistas, salvo Schwartzman, sufrieron ante Israel para sostener al equipo argentino en el Grupo Mundial. Pasó un año, que ahora parece una eternidad, sobre todo por las marcas que dejaron los grandes triunfos ante Brasil y Serbia. Mañana el equipo argentino conocerá a su rival para la primera ronda de la edición 2016, que se jugará en marzo. Empezará un nuevo camino y los jugadores argentinos están convencidos de que deben dar los mismos pasos firmes que consolidaron al equipo este año. Ese fue el juramento que hicieron los jugadores y el cuerpo técnico, mientras que los belgas festejaban el pasaje a la final después de 111 años.

AP

Tenis


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