Reflexiones vigentes: a 30 años del “Juicio al mal absoluto”

Por Redacción

Martín Lozada (*)

Meses atrás, en ocasión del 30º aniversario del ya célebre Juicio a las Juntas, se produjo la reedición de un libro imprescindible. Se trata de la obra del filósofo y jurista Carlos Nino, titulada “Juicio al mal absoluto: ¿hasta dónde debe llegar la justicia retroactiva en casos de violaciones masivas de los derechos humanos?” Cabe recordar que Nino fue uno de los importantes intelectuales que activamente colaboró en el enjuiciamiento a los máximos responsables de las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la última dictadura cívico-militar en la Argentina. Tan es así que su aporte en el diseño del Juicio a las Juntas impulsado por el gobierno de Raúl Alfonsín es considerado como esencial. Tal como lo destacan Gargarella y Bergallo en la presentación de esta nueva edición, el libro fue escrito a comienzos de los noventa con la intención de reflexionar sobre lo que debía hacerse, tras una experiencia de “mal absoluto” o “mal radical”, y lo que podía hacerse, o era políticamente posible, en un contexto de fragilidad democrática como el que caracterizaba al país de aquella época. ¿Cómo enfrentar el mal? ¿Cómo responder a violaciones masivas de derechos humanos? ¿Cómo hacerlo cuando son cometidas desde el Estado o por quienes cuentan con el consentimiento y la tolerancia de sus gobiernos? Esas fueron las preguntas que se propuso responder el ya fallecido filósofo y jurista, profesor de la Universidad de Buenos Aires y doctor en Leyes por la Universidad de Oxford. Nino sostuvo entonces que alguna forma de justicia retroactiva por violaciones masivas de derechos humanos brinda un sustento más sólido a los valores democráticos. Y ello por cuanto aquéllas suponen el mal absoluto o lo que Kant denominó “mal radical”. Es decir, ofensas contra la dignidad humana que en función de resultar tan extendidas, persistentes y organizadas resultan de muy difícil procesamiento colectivo. Según afirmó, en tales contextos el uso del derecho penal contrarresta la tendencia a la ilegalidad, refuta la impresión de que algunos grupos están por encima de la ley y consolida el valor del Estado de Derecho. De acuerdo a ello, los juicios por violaciones masivas de derechos humanos pueden ser justificados de forma preventiva en la medida en que la persecución tienda a combatir esos patrones culturales y las tendencias que proveen suelo fértil para el mal radical. Consideró que ellos despiertan “la conciencia jurídica dormida” puesto que, en primer término, muestran con todo dramatismo la extensión y la naturaleza de las atrocidades. Esta función es extremadamente importante porque la presentación pública de la verdad es mucho más dramática cuando se realiza a través de un juicio, con el acusado contribuyendo en el desarrollo de la historia. En segundo lugar, destacó que cuando los juicios tienen lugar ante tribunales imparciales, con una amplia oportunidad para que el acusado sea escuchado y con profunda consideración de sus defensas, los beneficios del Estado de Derecho se demuestran públicamente. De modo tal que en el marco de un juicio el valor del Estado de Derecho es aún más contrastante cuando se contrapone a la conducta ilegal de los imputados. En tercer lugar, Nino señaló que los juicios permiten a las víctimas recobrar el respeto por sí mismas como sujetos de derechos jurídicos. En lo fundamental, debido a que su sufrimiento es escuchado durante los juicios con respecto y empatía, y por cuanto la historia verdadera recibe un reconocimiento oficial. A esa lista de beneficios de la justicia retroactiva le agregó uno adicional. Se trata de aquel relativo a la deliberación pública de los hechos, la cual contrarresta las tendencias autoritarias que llevan a un debilitamiento del sistema democrático y a la comisión de violaciones masivas de derechos humanos. Sin embargo, lúcidamente señaló que el principal custodio de la conciencia moral de una sociedad no es el gobierno por medio de su política punitiva. El principal custodio de esa conciencia es, en cambio, la inclinación a reflexionar y discutir públicamente acerca de las condiciones por las que el mal toma forma y se manifiesta en una dimensión colectiva y criminal. (*) Catedrático de Unesco. Profesor regular de la Universidad Nacional de Río Negro

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