Rescatando las huellas de la historia

Hoy a las 19.30 Esther Maida presentará en la biblioteca «Ernesto Sábato», de la Facultad de Derecho de la UNC, su libro «Inmigrantes en el Alto Valle del Río Negro».

Tras «ingentes huellas», como esos primeros troperos, una mujer avanza. Signada por un encuentro profundo con esos migrantes que abandonaron todo tras la esperanza, una investigadora avanza Depositaria de una memoria rescatada desde la voz de los propios participantes, una historiadora avanza. Por la recuperación de una conciencia personal, familiar y colectiva, una intelectual profiere.

Y nacen cinco textos en distintos tiempos, concebidos por Esther Maida en forma independiente en diversas instancias de la vida académica. No nacen como un libro.

Aparecen hoy juntos, bajo el título «Inmigrantes en el Alto Valle del Río Negro». Lo publica PubliFadecs, Departamento de Publicaciones de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UNC. Resultado de un trabajo artesanal que a veces cuenta con las fallas de lo no industrial

El primero en el tiempo, es de 1967: «Vicente Blasco Ibáñez, formación de la Colonia Cervantes» y por él recibió un Primer Premio en 1969. El último es de 1990 «Colonización privada. Pequeña explotación familiar y conflicto agrario». Entre ambos, otros tres desarrollan la misma preocupación temática: la agónica lucha del inmigrante de fines del XIX y principios del XX, contra el medio, contra otros hombres, en su deseo por establecerse.

Puestos a des-andar el texto, hallamos a la autora, durante el proceso previo a la escritura, hablando con la gente. «De jovencita ya empezaba a estar con la gente, los viejitos hablaban conmigo. Mi abuelo Néboli, mi padre me contaban historias»- refiere Maida. Encuentros casuales en las esquinas con la gente sencilla y con «la gente importante del pueblo», o visitas en las casas de quienes habían sido peones o de los propietarios de las tierras, «tomando un matecito», son espacios propiciatorios para que la memoria se agite. Y así ese»inmenso bullir de rastros verbales» articulados en el relato oral, que testigos-informantes entregan, pasarán a ser luego materia textual. En tanto cientista social Maida rescata una de las miradas que componen la topografía social de la provincia de Río Negro y acuerda significación a la representación que las palabras de esos actores sociales hacen de la realidad desde lo que cotidianamente vivieron.

«Los domingos se acercaban los valencianos al pequeño negocio de Bouvier…A veces se formaba un grupo numeroso pero gastaban muy poco, una damajuana de vino, un paquete de tabaco, un librito de papel para cigarros cuando podían», recuerda.

Pero no se queda sólo con ello. Busca la palabra impresa. Revisa en la oscuridad de Archivos provinciales, en el Archivo General de la Nación, en Museos históricos, en Archivos de diarios– Río Negro, La Nación, Clarín, La Nueva Provincia, Democracia-. Exhuma escritos de archivos particulares. Inspecciona Bibliotecas Públicas. Y halla. Con tantas huellas arma el rompecabezas del pasado. Las partes encajan. Concierto y armonía en la construcción del discurso histórico. Equilibrio logrado por una historiadora que localiza, describe y analiza estructuras, pero no deja escapar la vida, la frágil, la estremecida «historia», desde el decir de Foucault

Incorpora el detalle, rescata lo anecdótico. Por ello, nos encontramos, de pronto, en medio de una acalorada discusión de vecinos roquenses que pelean por el prócer que será entronizado en la plaza pública.

Comenta los abatares de la política nacional, los cambios de presidentes y de rumbos, las idas desde la intervención estatal y el dictado leyes para el desarrollo, al favoritismo de empresas privadas. Comenta decretos que anulan decretos. Por ello, nos topamos en 1920 con «los gringos de Regina», la familia colónica en pleno, numerosa por reglamento, movilizada en defensa de su tierra.

Corrobora fuentes, descubre fechas erróneas en documentos oficiales. Incorpora distintos tipos textuales: decretos, leyes, carta de vecino, boleto de compra-venta, crónicas, boletines oficiales… Cita a otros historiadores.

Transmite un profundo respeto por aquellos que le entregaron sus historias. Aparecen nombrados, italianos, españoles, sirio-libaneses, rusos, franceses, alemanes. Recuperan sus nombres y sus filiaciones laborales, nacionales o ideológicas a pie de página o en el texto. Con ese dar voz la autora singulariza su Historia, la construye en cooperación con el otro. Y entonces para el lector el nombre de una calle se convierte en un maestro socialista de origen catalán. El de un paraje, en un pionero transportista de la zona.

Descubrirse sonriendo al leer, sentir indignación, admiración, verse asaltado por una curiosidad casi ingobernable y dominar las ganas de salir corriendo hacia la plaza de Roca, de llegar a Cervantes para espiar los restos de la casa de Blasco Ibáñez, sea tal vez el efecto que logra esta historiadora que ha caminado la Historia. «Fui a mirar con mi padre el río desde los durmientes, ¡por ahí cruzaba Kaufmann con el sobre de la plata bajo el brazo! El puente no existía», recuerda Maida.

¿Logra correrse la autora de la «endogamia académica», de la que hablara Geertz al referirse a la investigación que tiene como único destinatario la comunidad científica? Si bien los destinatarios iniciales fueron los miembros de tal comunidad, hoy esta publicación hace posible que los hijos y los nietos de los protagonistas de la inmigración en el Alto Valle de Río Negro se encuentren con un pasado que el apuro de los tiempos globalizados se encarga de borrar con celeridad. Encuentro posible pues el relato invita a ser leído desde un lenguaje accesible, sin el smoking con que ciertas publicaciones visten sus resultados.

Lucrecia Reta (*)

Docente investigadora UNC.

Lo que cuentan los abuelos

ROCA (AR).- Quien dice que la Patagonia carece de historia supone que esta región nunca tuvo pulso. Es cierto que las grandes ideas oficiales no nacieron acá y también que el proceso de construcción de sus cuidades ha germinado al sol de una «génesis violenta». Violencia que dejó secuelas entre las culturas originarias y las migrantes.

Alguna vez un sociólogo dijo «hay algunas cuidades que han nacido para morir», refiriéndose a lugares de la Patagonia. Tal vez, el Alto Valle no cobije tantos procesos históricos pero hay algo: mística. «Las ciudades que se han levantado en quinientos años pueden ser demolidas en cinco semanas. El pueblo que no existiera más que como cuidadano, o inquilino, parásito de la ciudad, no podrá subsistir, ni valdrá la pena. En cambio el que no necesita de la ciudad para albergarse mientras construye una civilización, ése es grande de verdad», reflexiona Martínez Estrada en «La Cabeza de Goliat».

Esther Maida, profesora de Historia e investigadora de la Universidad Nacional del Comahue armó un documento regional que detalla el surgimiento de los pueblos valletanos de Río Negro. La vida política de principio de siglo, la apertura de los canales de riego, y una gran etcétera. Es decir, un documento histórico-periodístico que aporta a oficializar lo que en boca de los abuelos se escucha en forma entrecortada.


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