Revalorizar la política

Por Héctor Mauriño

Sobisch atravesó la primera semana de su segundo gobierno con la determinación de un vendaval. El gobernador no esperó un solo día para lanzar su batería de ajustes en todos los frentes: revisión de 6.000 nombramientos; reducción de horas extras y viáticos y venta de vehículos e inmuebles fueron algunos de los drásticos recortes alumbrados en las primeras 24 horas.

Con estilo opuesto al de su antecesor, Sobisch salió a buscar el centro de la escena y no se quedó un instante quieto: peregrinó por los hospitales, visitó a los diputados, se reunió con los productores, conversó con los desocupados, reunió a sus colaboradores, fatigó a la prensa haciéndola correr detrás de su agenda en apariencia interminable.

«La realidad está afuera y la voy a ir a buscar». Así resumió su desvelo por no perder la iniciativa en estos sus primeros días de gestión signados por los aires efímeros del fin de año, de siglo, de milenio.

El miércoles, la actividad del gobernador marcó un punto de inflexión. Sobisch visitó de improviso la Legislatura y se reunió con los bloques de la oposición para reclamarles comprensión frente a las medidas adoptadas para superar la grave coyuntura actual.

Rescató la independencia legislativa, pero recordó a los diputados que el fantasma de Corrientes sobrevuela la crisis neuquina. «La diferencia es que aquí todavía estamos a tiempo», advirtió el gobernador.

Ante los diputados de la Alianza, la principal fuerza de la oposición, Sobisch describió la crítica situación de las finanzas provinciales y prometió que hará del diálogo «una herramienta de trabajo».

Con su actitud, sobre todo con este último gesto, Sobisch comenzó a dar muestras de que sabe que no está solo y que no se puede distanciar de la oposición, porque ésta tiene ahora un mayor peso específico en relación con el MPN que podría complicarle su gestión.

Esta revalorización de las claves políticas de la función de gobierno, más allá de la mera ejecutividad, aparece como un elemento nuevo en el perfil de Sobisch, impregnado hasta aquí del estilo un tanto discrecional que engendró el partido provincial a cabo de 30 años de historia.

Más allá de los cumplidos de fórmula, no es posible saber todavía cómo valorará la oposición este gesto. Tal vez piense que, más que persuadirla, Sobisch está buscando justificarse de cara al futuro, por si las cosas no salen de su agrado y se ve obligado a cortar por lo sano. Pero, en todo caso, lo que no podrá dejar de observar la oposición es la existencia de un cambio.

Es que, aun los que avalan sin rodeos el ajuste de Sobisch, como los empresarios de ACIPAN, le reclamaron públicamente el diálogo «con las distintas fuerzas» para lograr la reformulación del Estado.

Es justamente en este último aspecto, el de la transformación del modelo, en el que sobrevienen las mayores críticas al proyecto oficial. Por ejemplo, para Gotlip, titular de ACIPAN, el ajuste de Sobisch tiene «audacia» pero carece de una estrategia.

En todo el arco político -incluido el MPN- hay coincidencia en que el modelo de desarrollo de la provincia está agotado, pero es respecto de qué hacer para salir de ese estado de cosas donde surgen las diferencias. Precisamente, también desde la Alianza y aun desde el PJ no son pocas las voces que le achacan a Sobisch que su plan se agota en el ajuste.

Claro que aún falta saber si el propio ajuste merecerá el apoyo que dramáticamente reclama el gobernador. En general, hay coincidencias respecto del recorte del gasto, pero no ocurre lo mismo con la reducción de horarios o los despidos masivos de personal. La oposición teme que detrás de este último empeño esté agazapado una vez más el canibalismo interno. En todo caso, nadie está totalmente convencido de avalar una medida que terminaría por poner más desocupados en la calle.

Desde luego, la oposición más franca es la que plantean los gremios estatales. El idilio entre los sindicalistas y los gobiernos dura cada vez menos. La anterior gestión de Sobisch debió esperar dos meses para enfrentar la primera huelga; Sapag, que echó no menos de mil empleados y recortó los salarios, tuvo su primer paro al mes de asumir, pero este gobierno lo tendrá mañana, a una semana de haber llegado.

Previsiblemente la oposición gremial no podrá sostener un plan de lucha eficaz antes de marzo. La porción más áspera del ajuste planteado por el gobierno afecta al sector docente, justamente el más combativo, pero lo encuentra en medio de un receso del que saldrá recién al finalizar el verano.

Precisamente, esta semana asomó el ajuste educativo, que incluye una drástica eliminación de suplencias y la aplicación a rajatabla de la Ley Federal de Educación. Un aspecto que es resistido por el sector, al punto de haber desencadenado en 1997 la segunda pueblada de Cutral Co, que desembocó en la muerte de Teresa Rodríguez.

Es curioso, pero el fuerte ajuste de Sobisch ha tapado como un manto piadoso el drástico recorte del intendente aliancista Horacio Quiroga. Que se sepa, hasta hora nadie ha salido a desgarrarse las vestiduras por el recorte de las horas extras, la revisión de los ingresos de personal de los últimos cuatro años y la posibilidad, inquietante para muchos, de revisar el adicional por zona desfavorable si el gremio insiste en la incorporación de los aportes en negro.

En medio de estos dilemas, la catástrofe correntina puede ser vista por el gobierno como un argumento en favor del ajuste. Al fin y al cabo, se trataría de evitar males mayores. No obstante, también puede ser vista como una enorme luz roja. La sociedad está muy cansada de las maniobras de los políticos y de la corrupción institucionalizada. Neuquén ha tenido muchas oportunidades y si hoy está como está no es por los buenos gobiernos.


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