Romney, ¿el candidato antiinmigrante?



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Andrés Oppenheimer (*)

El aspirante presidencial republicano Newt Gingrich, bajo presión de su partido, retiró una publicidad en español en la que acusaba a su rival, el gobernador Mitt Romney, de ser “antiinmigrante”. ¿Pero era injusta esa acusación? La pregunta seguirá vigente y continuará acosando a los republicanos durante el resto de la campaña si Romney gana la nominación republicana. La campaña de Obama estará encantada de volver a mostrar esa publicidad. Gingrich retiró el aviso, que decía que Romney es “el más antiinmigrante de los candidatos”, después de que el senador cubanoamericano de Florida Marco Rubio se quejara de que era “inexacto” e “incendiario”. Gingrich dijo que lo retiraba por respeto al senador, pero no se retractó de su contenido, mientras subía el tono de la campana para la primaria republicana del martes en Florida. Horas después, en el debate de CNN del 26 de enero, Romney replicó que esa publicidad era “simplemente inexcusable” y se definió como un candidato “pro inmigración legal”. Entonces, ¿quién tiene razón? El hecho es que tanto Romney como Gingrich han usado una retórica durísima contra los inmigrantes en las primarias de Iowa y Carolina del Sur y la han suavizado un poco en Florida, donde el 13% de los votantes son hispanos. Pero las organizaciones pro inmigrantes dicen que es Romney quien ha tomado las posturas más extremas sobre el tema inmigratorio. Veamos: • Sobre las deportaciones, Romney dijo el 10 de diciembre pasado en Iowa que los estimados 11 millones de indocumentados deberían tener un “período de transición” para “arreglar sus asuntos y volver a su país”. Más tarde describió ese proceso como una estrategia “de autodeportación”. Gingrich respondió que él permitiría que las personas que han vivido en el país durante 25 años y que tienen fuertes vínculos con la comunidad se postularan para conseguir la residencia en Estados Unidos, aunque no para la ciudadanía. Eso es más realista y más “humano”, dijo. • Sobre las duras leyes antiinmigración de Arizona, Alabama y Carolina del Sur, que autorizan a la Policía local a pedir documentos inmigratorios en las calles, tanto Romney como Gingrich se han pronunciado a favor. Pero el 11 de enero Romney recibió el respaldo del secretario de Estado de Kansas Kris Kobach, el arquitecto legal de la leyes antiinmigración de Arizona, y llamó a Kobach “un verdadero líder” en la lucha contra la inmigración ilegal. • Sobre los estudiantes universitarios indocumentados, Romney y Gingrich se han opuesto al Dream Act –un proyecto de ley que daría estatus legal a los soldados y estudiantes universitarios que fueron llevados de niños a ese país sin ninguna culpa propia– y ambos afirmaron que la vetarían. En los últimos días, los dos han dicho que harían una excepción con aquellos que prestan servicio en el Ejército. Casi todos los defensores de la inmigración dicen que, aunque no simpatizan con ninguno de los dos, Romney les cae peor. “La estrategia de autodeportación de Romney es un plan perverso destinado a hostigar a los indocumentados hasta lograr que se vayan del país”, dice Frank Sharry, director del grupo pro inmigrante La Voz de América. “Eso conduce al abuso institucionalizado contra los indocumentados y a una mayor discriminación contra todos los latinos”. Mi opinión: Romney, y en menor grado Gingrich, están ahuyentando el voto latino. Sus discursos parecen dirigidos a ganar el apoyo de la derecha xenófoba, al inflar el tema antiinmigratorio a pesar de que la inmigración ilegal ha disminuido drásticamente desde la recesión del 2008. Y el argumento de Romney de que él no es “antiinmigración” sino “pro inmigración legal” es tramposo. No hay ninguna manera realista de lograr la autodeportación de 11 millones de personas sin violar derechos civiles y humanos de todos los inmigrantes. Y no hay manera de frenar la inmigración ilegal a menos que se haga una reforma inmigratoria que aumente el número de visas para incluir a aquellos que son contratados por empleadores estadounidenses para cubrir los trabajos que los ciudadanos se niegan a aceptar. Actualmente la mayoría de los mexicanos deben esperar más de 18 años para conseguir una visa y un graduado universitario indio debe esperar 70 años –sí, leyeron bien– para conseguir su residencia. Sé que cada vez que escribo esto los conservadores me inundan con e-mails de todos rincones de Estados Unidos, afirmando que soy un izquierdista que defiende una “frontera abierta”. No deberían prestarme atención a mí sino al ex gobernador republicano de Florida Jeb Bush, que no puede ser acusado de comunista. En una entrevista con CNN el 25 de enero, Bush lamentó el “tono” hostil hacia los latinos de la retórica republicana sobre la inmigración. Tiene razón. Yo sólo hubiera agregado que, especialmente en el caso de Romney, lo que resulta ofensivo no es solamente el tono de su discurso sino también su contenido. A menos que lo cambie, no podrá quitarse la etiqueta de “antiinmigrante”. (*) Analista internacional


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